jueves, abril 04, 2024

Hecho consumado e Idealismo Analítico (Continuación)

 II. El Idealismo Analítico de Bernardo Kastrup

Un resumen de los planteamientos de Bernardo Kastrup expuestos en su obra "Pensando la ciencia".

El idealismo analítico postula un campo transpersonal de la actividad mental más allá de nuestras psiques personales.

Hay un mundo mental ahí fuera, igual que nosotros somos intrínsecamente mentales. Ver las cosas de esta manera sortea por completo el problema difícil de la consciencia, puesto que ya no necesitas salvar la infranqueable brecha entre la mente y la no mente, entre la cualidad y la cantidad, ahora todo es mental, cualitativo, y la percepción no consiste más que en modular un conjunto (personal) de cualidades para ajustarlo a otro (transpersonal).

Al no ser capaces de reconocer la naturaleza (los materialistas) de su propia consciencia a través de la introspección autorreflexiva, mezclan la materia con las cualidades de la experiencia. Piensan que el mundo material es el contenido de la percepción. (No es así, pero lo material es necesario, imprescindible para evocar lo que siente el cerebro).

* Notas propias al respecto: Esta es la conexión que elimina el problema difícil de la consciencia. La materia es necesaria e imprescindible para que se manifiesten las cualidades en el cerebro. La evolución en lo material, pues, "atrae" o hace manifestarse al mundo cualitativo - en el cerebro, por supuesto. El mundo cualitativo puede llegar al Omega -Dios-, gracias a la evolución en lo material -la evolución de la vida.

 Continúan las afirmaciones de Kastrup:

Para un idealista, sólo hay mente, siendo la materia nada más que el aspecto de ciertos procesos mentales desde un punto de vista determinado.

El fundamento de la existencia es la consciencia fenoménica.

En mi opinión, ese "algo ahí fuera" es la naturaleza experencial, esto es, consiste en actividad mental transpersonal. Dicha actividad mental sólo se nos presenta como el universo inanimado.

Lo que hay ahí fuera, sea lo que sea, no tiene, más allá de la actividad mental individual un estado definitivo antes de ser observado.

El entorno en sí mismo no comprende objetos con posición, forma, etc. precisos, sino que consiste en posibilidades o tendencias superpuestas.

Por disociación, la consciencia animal formaría múltiples alters desunidos como tú y como yo; esto es, la vida es la apariencia de un proceso disociativo a un nivel universal cuando se observa desde el otro lado de su límite disociativo.

Las propiedades físicas resultan de una interacción entre nuestros propios procesos mentales y los procesos mentales transpersonales dentro de los cuales vivimos. Esta interacción es lo que los físicos llaman observación o medición, lo que amplifica cognitivamente una de las posibilidades superpuestas de ahí afuera y conduce a la impresión de que habitamos un mundo físico determinado. Así pues, el mundo físico no es más que una imagen en la mente individual del observador, cada uno de nosotros percibe su propio mundo físico, definido por el contexto de sus propias observaciones.

Mantengo que sólo hay una consciencia animal.

Desde el interior (1ª persona) cada ser vivo, junto con el universo inanimado como un todo, es una entidad consciente.

Desde el exterior (2ª o 3ª persona) nuestras respectivas vidas interiores se presentan con la forma de aquello a lo que llamamos "materia" o "cualidad física".

La "materia" -toda materia- es simplemente el nombre que atribuimos a la apariencia de la vida interior consciente desde el otro lado de su límite disociativo. Éste es el motivo que hya correlaciones tan estrechas entre la experiencia interior y las pautas mensurables de la actividad cerebral.

Los procesos mentales transpersonales, que sustentan y sirven de fundamento al universo inanimado, no implican necesariamente metacognición. La metacognición es nuestra capacidad humana para evaluar explícitamente nuestra propia actividad mental, lo cual requiere algo más que la pura consciencia fenoménica. Una experiencia es metacognitiva si, además de tener la experiencia, el sujeto sabe que la tiene. La metacognición permite la deliberación, el razonamiento y la planificación. Los procesos mentales puramente instintivos, por otra parte, son aquellos que, pese a ser conscientes, carecen de metacognición. Dado que las leyes de la naturaleza se antojan estables y predecibles, la actividad mental transpersonal que subyace en el universo inanimado es instintiva, no metacognitiva.

En opinión del autor, la consciencia universal no tiene necesariamente un plan; puede estar haciendo lo que está haciendo sólo porque tiene la disposición inmanente a ello.

La "materia" es la etiqueta útil que ponemos a los contenidos de una modalidad particular de la experiencia: la percepción.

Pienso que los contenidos de la percepción -me refiero a las disposiciones particulares de las cualidades perceptibles, como el color, el sabor, el olor, etcétera- no son más que representaciones o fenómenos del mundo tal cual es en sí mismo. Lo que he estado llamando "apariencias extrínsecas" son equivalentes, al menos en gran parte, a las "representaciones" de Schopenhauer y de los "fenómenos" de Kant.

De acuerdo con el idealismo analítico, el andamiaje del espacio-tiempo y las percepciones básicas que lo pueblan son mecanismos cognitivos que hemos desarrollado como especie, no existencias independientes, por eso están integrados en el organismo.

A diferencia de las percepciones básicas (píxeles), esta narrativa interior se transmite por la cultura y la educación. Es precisamente una de esas historias vinculadas a la cultura la que conduce hoy a la mayoría de las personas a mirar al mundo exterior y ver objetos discretos hechos de materia fuera de la mente.

Las cantidades son útiles para describir diferencias relativas entre cualidades ya conocidas de manera experencial, pero falla por completo al ocuparse de las cualidades mismas.

Sostengo que el mundo exterior está construido por estados experienciales transpersonales que se presentan a nosotros en forma de lo que llamamos "materia". La materia, por tanto, no es sino la apariencia extrínseca -la imagen- de la experiencia interna. En los seres vivos, la "materia" que constituye su cuerpo es la apariencia extrínseca de sus estados experienciales individuales (siendo esta la razón por lo que las partes mensurables de la actividad cerebral se correlacionan con la experiencia interna). En el caso del universo inanimado, la "materia" es la apariencia extrínseca de los estados experienciales transpersonales.



Para Zeilinger "no tiene sentido suponer que lo que medimos [esto es, observamos] en un sistema posee realidad [independiente].

A continuación Kastrup expone diferentes opiniones al respecto.

"La física cuántica se despide de la realidad" (Cartwrigt, 2007).

"Algunas predicciones de la MC son incompatibles con la no contextualidad (independencia respecto a la observación), incluso para una amplia e importante clase de teorías no locales" (Leggett, 2003).

Resultados experimentales de los que se informó en el 2007 (Gröblacher) y el 2010 (Romero) han confirmado estas predicciones. Reconciliar estos resultados con el actual paradigma requeriría una redefinición profundamente contraintuitiva de lo que llamamos objetividad (¿realidad?). (¿Hay que ignorar estas anomalías?).

Tomados en conjunto estos experimentos, indican que el mundo cotidiano que percibimos no existe hasta que es observado, lo que a su vez sugiere que la mente desempeña un papel fundamental en la naturaleza.

Y recientes experimentos parecen haber demostrado el aspecto central y definitorio de la MCR (Mecánica Cuántica Relacional) de Carlo Rovelli (1996), que el mundo físico, en efecto, depende del observador de manera análoga al movimiento (Proietti et al, 2019; Emerging Technology from de arXiv, 2019).

El mundo consiste en una superposición unitaria de potencialidades (en la medida en que las personas pueden saber, antes de ser representado a través de la percepción consciente). Esta superposición -indivisible, puesto que el entrelazamiento cuántico impide que los elementos de la superposición sean describibles separadamente unos de otros- es incompatible con la existencia de objetos individuales separados y de eventos con propiedades determinadas.

* (Nota propia: ¿Explicaría esto la unicidad del ser vivo, de la segunda manifestación del universo? - Ver la parte III de este artículo).

La decoherencia no obvia ni excluye la posibilidad de que la consciencia sea la agencia que hay detrás del colapso de la función de onda.

Aunque no hay duda de que cada organismo -de acuerdo con la MCR- pueda habitar su propio mundo de percepciones, "los organismos están rodeados por un entorno común de pensamientos, lo que evita el solipsismo, al menos en esencia". (Afirmación de Richard Corn Henry de que "el universo es por entero mental". Revista Nature 2005).

El problema es que la teoría cuántica contradice nuestra comprensión intuitiva de lo que significa real. De acuerdo con la teoría, si dos partículas reales A y B son preparadas de una manera especial (se supone entrelazadas, en mi opinión), lo que Alicia ve cuando observa la partícula A depende de cómo Bob observa al mismo tiempo la partícula B, aunque ambas partículas -así como Alicia y Bob- están separadas por una distancia arbitraria (para mí, esto es normal, considerando que A y B  tienen una realidad compartida debido a su entrelazamiento). Según el razonamiento expuesto por Kastrup, esta "acción fantasmal a distancia" (Einstein) contradice o bien la causación local, o bien la misma noción de que las partículas A y B son "reales", en el sentido de existir con independencia de la observación.

Pero resulta que ciertas propiedades estadísticas de las observaciones (Leggett, 2003) -confirmadas experimentalmente (Cartwrigt, 2007)- indican lo último: que las partículas no existen con independencia de la observación. Y puesto que la observación consiste en última instancia en lo que se aprehende en la pantalla mental de la percepción, la consecuencia puede ser que "el universo es por entero mental".

La raíz de todas estas incertidumbres filosóficas es la suposición no examinada de que sólo existen las cantidades físicas.

Según Andrei Linde "nuestro conocimiento del mundo no comienza con la materia, sino con las percepciones".

En ausencia de un absoluto, de un sustrato independiente del observador, el mundo físico de la MCR sólo puede ser los contenidos de la percepción. Pero para Bernardo Kastrup, junto con los contenidos de la percepción también hay, desde luego, categorías mentales no perceptivas, como los pensamientos.

La mecánica cuántica no predice pensamientos, sino sólo el despliegue de la percepción. En opinión de Kastrup, todas las cantidades físicas que se despliegan en la pantalla de la percepción pueden surgir como relaciones entre pensamientos. Esta línea apunta a la mente como el sustrato primario de la naturaleza, cuyos estados discernibles constituyen la información.

Entonces, el pensamiento -cuyas características ambigüedades tal vez sean lo que los estados de superposición cuántica representan en última instancia- subyace en toda la naturaleza, no sólo en los organismos vivos.

El mundo físico de un organismo observador puede surgir de una interacción -una pauta de interferencia- entre los pensamientos de este organismo y los pensamientos transpersonales que subyacen en el universo inanimado que lo rodea.

Una de las implicaciones teóricas más extrañas de la mecánica cuántica es que observadores diferentes pueden dar cuenta de manera diferente -aunque con idéntica validez- de la misma secuencia de eventos.

Para Kastrup las cantidades físicas se limitan a describir nuestras percepciones y, por tanto, depende de cada uno de nosotros como observadores.

En los últimos años, el grupo de Donald Hoffman en la Universidad de California, en Irvine, ha mostrado que nuestro aparato perceptor no ha evolucionado para representar al mundo verídico, como es en sí. (Pero sí para la supervivencia). Si viviéramos el mundo tal y como realmente es, estaríamos abocados a una rápida extinción (Hoffman, 2009; Hoffman y Singh, 2012).

El universo es una construcción mental desplegada en la pantalla de la percepción. Es a este universo mental al que nos está conduciendo la Física, no a los aspavientos ni a los juegos de palabra del realismo de la información.

Solo hay una salida razonable: considerar nuestras percepciones como un panel de indicadores que proporcionan la información más importante, aunque sea de manera indirecta, sobre el universo mental de ahí fuera.

El futuro de la física -y de toda la Ciencia- es la mente; no solo la individual, la del lector o la mía, sino la mente como la esencia transpersonal que confiere a la materia su realidad interna. Ahí radican las soluciones a los enigmas de la mecánica cuántica, al problema mente-cuerpo y a las, por lo demás, extrañas conexiones entre las matemáticas y la física. ("Universo matemático" de Max Tegmark).