domingo, octubre 22, 2023

Psiquis, mente y consciencia

 Yo diría que la interface entre la primera manifestación de la naturaleza y la segunda constituiría la psiquis/consciencia. Pero esto serían trazos mayores que requieren una mayor aproximación.

La psiquis, la mente es la interface entre lo que "asciende" desde la materialidad (primera manifestación) -unicidad-,  y lo que "desciende" de la segunda manifestación -sensibilidad-.



Sería una amalgama de ambas, unicidad/sensibilidad, lo que constituye la psiquis/mente: tiene esta doble naturaleza. Por ello la sensación (segunda manifestación), a través de ella (psiquis/consciencia) influye sobre la materia por medio de la unicidad, unicidad que se refiere a dar unidad a los sistemas materiales (primera manifestación). Seguramente, mecanismo relacionado con las propiedades del mundo cuántico como el entrelazamiento, la superposición o el condensado Bose-Einstein. Un artículo reciente al respecto de la revista Esquire, escrito por Susan Lahey, puede leerse aquí.

De igual forma, la materia a través de esa adquirida sensibilidad influye sobre la segunda manifestación: sensaciones, emociones y hasta pensamientos. Los pensamientos (que siempre hemos concebido dentro de la segunda manifestación) son influidos y  hasta construidos, entonces, por la primera manifestación (materialidad). Así que estas serían las vías sobre las que la consciencia puede conectar con todo el universo, tal como supone el artículo se Susan Lahey antes citado, y cómo el soma (Kuerpo) es influido por el pensamiento y al revés... De ahí procede la mente y hasta la consciencia.

Pero dentro de los pensamientos hay una Jerarquía, como expuse cumplidamente en mi antigua obra Superego.

Sin ir más lejos por ahora, decir que existen diferentes niveles en las conexiones cuánticas referidas a la unicidad, de acuerdo con el ámbito en el que nos movamos: la mente en el cerebro (pensamientos); la intersubjetividad en el universo.

¡Un nuevo mundo, nuevas capacidades se abren ante nuestros ojos!

miércoles, octubre 18, 2023

La punta de lanza en la creación del ser

 "No hay emergencia, pero sí prioridad".

La proa de la construcción del "barco" (el ser) lo representa la primera manifestación (la estructura material- Kuerpo), consecuencia de la evolución que sería la "fuerza" original. Mas el "baño" (la forma) proviene de la segunda manifestación: "como un traje hecho a su medida, aportando la importantísima propiedad de la individualidad/unicidad". Todas esas propiedades que en conjunto denominamos "mundo de cualidades" beben de esa fuente. Se asemejaría, salvando las indudables diferencias, a la construcción de un objeto por el hombre: la última fase es la pintura que le da su aspecto último... claro que aquí la "pintura" es lo mas  esencial.

Y la fuerza que "tira" desde el interior de esa estructura material es la de "pertenencia", un sentimiento interno de su unicidad, de ser único: un "impulso" interno como ser/criatura.

Así que la creación de un ser tiene por origen varias causas. La principal, las propiedades globales inscritas en el propio universo de las que emanan todo lo demás. Moldea esa primera manifestación, el Kuerpo, la evolución; y remata la obra la segunda manifestación. La primera es pura objetividad, común para todos los seres y dominio de la Ciencia; la segunda es la que da su verdadera esencia al ser, el conjunto de sensaciones que percibe y le conduce a la consciencia y en el hombre a la conciencia... Es hora de citar que también contribuye a la creación la propia psiquis, mente del observador, quien da fe de existencia y con ello construye la propia realidad base del entorno donde "trabaja" la evolución: círculos que comprenden acciones y retroacciones "rodeando" a una sensación interna, lo que propuse o definí en una de mis obras como "el cierre del círculo".



Desde todo este sistema de cosas ya sugerí que el mundo en realidad es una creación de las consciencias/conciencias.

Todo cuanto acabo de expresar es el resumen de todo lo propuesto en mis últimos artículos aparecidos en los dos blogs: "El imperio de la verdad" y este mismo Blog, "Foro Esencia".

Que estamos ante una cosmovisión, una metafísica... no me parece mal la idea, aunque en estos tiempos parece una anacronía. No es cuestión de endulzar la píldora: las cosas son como son, llamémoslo como queramos.

¡El mundo es tan maravilloso como imaginamos, aunque tiempos turbulentos enmarañen nuestro entendimiento!

viernes, octubre 13, 2023

La esencial soledad del ser humano

 El Nuevo Testamento (Biblia) pone en boca de Jesús las siguientes palabras: "Ama a Dios sobre todas las cosas, y a tu prójimo como a ti mismo". "Ambos mandamientos son el mismo".

A mi entender, ello equivale a una "identidad" o "equivalencia" entre Dios y el prójimo, lo que supone elevar el nivel del prójimo, nuestros semejantes, la sociedad, al del mismo Dios, lo que a mi juicio es excesivo... Además, en mi opinión, paradójicamente y en cierta forma, el hombre, la sociedad actuando como tal, que para mí sería no más que pura masa o número, y hasta la misma oración en sociedad ("Religio") en el caso religioso, adoptarían el mismo papel que el proletariado del marxismo: ¡Curioso, "comunismo", "marxismo", desde lo más básico equivaldrían a la comunidad cristiana que sigue los preceptos del Nuevo Testamento...! Yo diría, salvando los matices, que estamos ante una visión del cristianismo parecida a la defendida por el filósofo Nietzsche.



Sin embargo, el sino del hombre es su tremenda individualidad en su esencia más fundamental, pues "nace solo... y acaba feneciendo solo". Y es que el sentimiento más profundo del hombre ante la infinitud de Dios es su sí-mismo, su presencia inapelable ante el críptico, misterioso y formidable Ser divino: ¡él solo, sin sociedad que le valga con el único equipaje de su ser interno!

Mucho hemos valorado, filosóficamente hablando, la comunidad, la sociedad, hasta el punto de que algunos han asegurado que el hombre lo es en cuanto a la sociedad en la que vive, minusvalorando su propio valor interno, su sí-mismo... Yo creo que es un gran error. Diría mejor que desde una funcionalidad básica, el hombre es el resultado de una evolución, finalmente biológica, que creó la especie y cada uno de los individuos que la componen pero, además, y para estos propósitos, yo definiría también una especie de "evolución transversal"; quiero decir que el tiempo fue moldeando las agrupaciones que al individuo hombre le dotaron de mayor protección ante la naturaleza, en un principio hostil, hasta formar las sociedades actuales, pero eso no cambia lo fundamental que es el significado de cada individuo como tal ante el juicio de Dios. La evolución biológica le creó hombre, y así nació; desarrolló su vivencia apoyado en los diversos adelantos que procuró tal "evolución transversal", de la que hablo ( escritura, técnica, grupos sociales, etcétera), pero sigue siendo genuinamente un ser que acaba (acompañado o no) tan solo como nació, y este es su único bagaje ante la presencia divina; "un único diálogo entre tú y el Creador".

¡No una religión gobernada por sacerdotes o gurús; no una agrupación; no un primera persona del plural, sino simplemente la primera persona del singular que eres tú, tu sí-mimo!

Así cabe preguntarse: ¿Cómo una dictadura comunista como lo es China, ha sabido enfundarse los beneficios del capitalismo?... Capitalismo nacido de la evolución de las sociedades cristianas (protestantes, católicas, etcétera). Precisamente por la importancia que ambos regímenes (comunismo, cristianismo) le han dado al número, a la masa, a la sociedad, ante la paradoja de que el hombre es esencialmente individualista, al menos ante la presencia de Dios.

Se me ocurre que una derivación de todo lo anterior podría resolver en cierto modo el sempiterno problema del mal. Si nos damos cuenta, el mal (también el bien) solo queda claramente definido dentro de la sociedad, de las comunidades (así lo reflejan los códigos de justicia humanos). La individualidad esencial del hombre parece "diluir" tal concepto: ¡Ante Dios tal concepto se antoja superfluo!... La "evolución transversal" creó las sociedades, por consiguiente, su imperfección (definida como tal) no es atribuible a Dios. En resumen, no existe el trascendental problema del mal "aireado por tantas confesiones religiosas".

Este artículo pertenece al trabajo del autor (Alejandro Álvarez Silva) titulado "El Desprendimiento: Testamento para el buen morir". Dicha obra puede copiarse gratis desde el siguiente enlace: Desprendimiento.

viernes, octubre 06, 2023

El Know-how de la segunda manifestación del universo

 Este artículo es continuación de los artículos: "¿Entendemos el universo?: ¡La clave!" (Foro Esencia); "Las claves del universo" (El Imperio de la verdad); y el trabajo "El Desprendimiento: Testamento para el buen morir" (Editorial Bubok). Yo diría que una "concreción" sobre distintos aspectos de los mismos.

¿A qué viene la traslación del concepto mercantilista "Know-how" a estos ámbitos?... Simplemente para no confundir el tratamiento clásico de la primera manifestación (lo material) que se refiere, lógicamente, a la Ciencia, a este otro mundo caracterizado por su "inaccesibilidad" tomada como lo significativamente poco abordable por la ciencia pura (ver mi obra "Accesible e inaccesible"); su subjetivismo requiere una inmersión en el sí- mismo... Entonces, para no hablar de ciencia (evitar equívocos) me he inclinado por el "Know-how", desde el punto de vista del "conocimiento práctico", la "habilidad" de realizar un estudio serio sobre la segunda manifestación.

Resulta que si ponemos dos barreras (no del todo infranqueables), metafóricamente, en ambos extremos de la segunda manifestación -que serían: el "velado manto de la brujería" (vmb), por un lado, para no introducirnos más allá de la metafísica; y, por otro, el materialismo puro de la físico-química clásica-, aparece un nítido e intercalado mundo que puede ser estudiado mediante un cierto "Know-how" de conocimiento práctico y técnicas habilitadoras.



Para mí, y con este enfoque, se incluirían dentro de la segunda manifestación, muchas especialidades médicas, como la Psicología, la Psiquiatría, la clínica del dolor, etcétera. Y hasta podría explicarse (lo explicitaré en un nuevo artículo) la "sincronicidad" de Jung y Pauli -simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal-.

En cierto modo todas estas ideas nos hacen retomar el pensamiento de Aristóteles sobre la materia y la forma (serían la primera y segunda manifestación, respectivamente). O, salvando las distancias, la res cogitans y la res extensa de René Descartes.

Una antigua forma práctica de abordar la conexión entre ambas manifestaciones, la representa, a mi forma de ver, la Ley de Weber-Fechner que estable una relación cuantitativa entre la magnitud de un estímulo físico (primera manifestación) y el cómo es percibido (segunda manifestación), lo que permitió en su día considerar a la Psicología y más particularmente a la Psicofísica como probables ciencias incipientes (para mi, más que ciencia, el Know-how de esta segunda manifestación).

En esencia, dicha ley establece que "si un estímulo crece en progresión geométrica, la percepción evoluciona en progresión aritmética", por ejemplo, un estímulo 10 con una percepción 110, si se incrementa a 20, la percepción crece hasta 120. En otras palabras: Nuestra capacidad de apreciación ante un cambio se basa en el "valor relativo de la variación respecto al valor de partida". El porcentaje aproximado es totalmente subjetivo dependiendo de la sensibilidad de cada individuo.

Generalmente la ley se aplica a estímulos sensoriales que podríamos denominar primitivos como la luz, el ruido, el olor, etcétera, o compuestos (que se derivan al combinarse en un sexto sentido alguno de los anteriores) como el peso, la velocidad, la presión, el calor, el dolor, etcétera.

Matemáticamente la ley se escribe así: dp=k dS/S (p estímulo; S sensación), cuya integración produce p=k ln S+C.

Siempre pareció extraño ese cierto paralelismo entre estímulo y sensación, lo que para algunos (materialistas) se zanjó tildando de puramente materialista a la sensación (mero neurotransmisor, una sustancia química). Pero si aplicáramos este mismo razonamiento a todo, el materialismo subyacente elimina, simplemente "extirpa" toda explicación satisfactoria de la "conciencia"... Del abuso de estas prácticas se ha llegado a la situación actual sobre el tema: ¡el problema "difícil" de la conciencia, en estimación del filósofo David Chalmers, y su "inescrutabilidad"! (Ver mi obra "Consciencia y sensación" de la editorial Bubok)

¡Se abre una ventana, aprovechémosla!