martes, diciembre 18, 2007

EL GEN Y LA REALIDAD (II)

EL GEN Y LA RELIDAD (II)
De inmediato podrá hacérsenos una objeción. La "expansión" de la esencia del gen en el tiempo y el espacio, siendo este último como es un simple código, todo lo elaborado que queramos, y cuya base es la identidad del ser en cada una de las duplicidades citadas, recuerda fuertemente a las simples moléculas y átomos cuya identidad, si cabe, es más palpable. ¿Es que la "esencia" del átomo de cualquier elemento está "expandida" de igual forma en el tiempo y el espacio? Tengamos en cuenta que el átomo desde su génesis prácticamente va a durar una eternidad, para ser exactos hasta la desintegración del cosmos en energía (salvando, claro está, los elementos radiactivos). Pues bien, la objeción es tremendamente fuerte y muy evidente. El problema no puede soslayarse por mediación de explicaciones más o menos artificiosas, pues entramos de lleno en el quid de la cuestión. A grandes problemas, grandes soluciones, mejor, una solución drástica, definitiva, nunca buscada por lo que significa... Y es que, no queda más remedio que reconocer, rotundamente, que la simple materia, aún en sus más bajos niveles de organización, "palpita", puesto que su esencia es ya el germen de la vida futura. La esencia de la misma materia contiene, al igual que el gen, una "memoria" de todos los acontecimientos en los que interviene a lo largo de todo lo ancho del espacio y el tiempo del cosmos, mejor, a lo largo de su presencia en el cosmos, estén definidas en el mismo cualquier dimensión, cuestión esta en la que no queremos entrar.
La materia rezuma vida, rezuma voluntad (la voluntd de Schopenhauer ); posee en sí misma toda la potencia necesaria para que por su intermediación las criaturas sientan todas las emociones y sensaciones presentes en la naturaleza. (Para Nietzsche la "voluntad" presenta en el hombre características distintas a las apuntadas por Schopenhauer).
La materia, el gen, posibilita en general una cierta configuración de las criaturas, de la materia viva y a cada configuración corresponde la capacidad de recepcionar las mil y una sensaciones posibles de la naturaleza. La "esencia" del átomo, por ejemplo, "para sí" quizás sólo puede sentir su existencia, su "voluntad" de conservación, pero su "actuación", al formar parte de un gen, que a su vez configura la constitución de un organismo, posibilita al final, en este último, la recepción por el mismo de unas precisas sensibilidades o emociones. La existencia de un gen no es eterna por eso su "memoria", que implementa su esencia, no puede tener constancia de acontecimientos que van más allá del tiempo. Sin embargo, el átomo que forme parte posteriormente de otro gen, en su esencia sí puede tener "reflejados" acontecimientos de un futuro más lejano, tanto como el final del mismo universo, por ello, la "influencia" de este átomo en el momento presente podría posibilitar la recepción de "algo" perteneciente al mismo final del universo todo. ¿Qué estamos diciendo?... Pues, suponiendo la evolución como una línea ascendente de complejidad de la vida, podemos intuir el final de esta cadena, es decir, el cenit, por la observación "si estamos capacitados para ello" de la misma materia. El sentimiento general en todas las civilizaciones de un ser supremo, unitario, todopoderoso ha podido ser intuido desde muy antiguo, simplemente observando las cualidades positivas que observamos en el cosmos, en la simple materia, en la simple realidad. Por cierto, en este punto es conveniente manifestar que nos adherimos a la doctrina "materialista" del filósofo españól Xavier Zubiri (verdaderamente una materia con características totalmente espirituales, a su pesar), que esencialmente niega la existencia de algo fuera de la estricta realidad, de la materia que nos rodea que guarda en sí no sólo la simple materia estudiada por la Física, sino la vida, la complejidad organizada sentiente, el "de suyo" de "Zubiri".

jueves, diciembre 13, 2007

EL GEN Y LA REALIDAD (I)

EL GEN Y LA REALIDAD (I)
Las pautas de sensaciones agradables o desagradables en los sres vivos "pivotan" alrededor de un gen o grupo de genes. Este tipo de sensaciones a las que podemos calificar genéricamente de positivas o negativas, pueden ser sumamente variables, distintas, y forman el conjunto de emociones que es capaz de sentir cada criatura. Por consiguiente, el gen produce la impronta, o la capacidad en el ser vivo de poder sentir la correspondiente emoción.
En cuanto a la influencia del gen sobre los instintos o sentimientos de las criaturas que lo portan, volvamos a acudir al texto de consulta ("Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica"). En su página 19, se dice:
"El gen como estructura posee una "esencia" (al estilo definido por el filósofo español Zubiri) inmutable a lo largo de su existencia.
En el ejemplo ilustrativo de la filogenia del ojo de un mamífero, dicho órgano es el resultado de la colaboración de un grupo de genes, no de uno sólo, por otra parte, algo bastante frecuente en la gestación de cualquier órgano. Esta colaboración produce un beneficio mutuo para todos, por lo que, en realidad se asemeja a una relación simbiótica. Un gen individual de los que pertenecen a esa "simbiosis", en tiempos anteriores a esa relación, llevará "marcado" en su "esencia" el fruto de la misma, ese "aparente" futuro simbiótico (futuro para la criatura que porta el gen, no para dicho gen). Entonces, la "impronta" de esa relación favorable al gen (repetimos, a nuestros ojos perteneciente al futuro) quedará fijada en la criatura actual. En otras palabras, la criatura se verá inclinada instintivamente a tender en sus acciones a favorecer todo aquello que, sin percatarse, le acerca a la filogénesis de ese órgano complejo moldeado por los genes simbióticos. Nuestro aparente futuro no lo es tal para el gen. Esto es así porque la duplicación del gen en la reproducción origina genes en todo idénticos, idénticos en el presente pero, también, idénticos, sucesivamente a lo largo del tiempo, hasta que cambie por alguna mutación o fenezca por la muerte de las criaturas que lo portan; ello equivale a la ampliación o expansión del gen a lo ancho del espacio (número de genes idénticos existentes en cada instante) y del tiempo (número de genes descendientes idénticos desde la aparición de gen a su desaparición). Esta ampliación del gen en el espacio y el tiempo se comporta como un solo organismo, pues posee una sola "esencia"; las múltiples interrelaciones de este "ente" con el entorno (en sentido amplio) marcaran una "cierta memoria" en su propia "esencia". La clase de "impronta" que produce el gen en cada criatura que lo porta en el "marcaje" del instinto, debe tener que ver con la "esencia" del gen, por eso la "memoria" que guarda el gen de la relación simbiótica debería traducirse en una cierta influencia, un cierto instinto o tendencia sobre la criatura portante. Para el gen es su realidad "presente", su "ahora" en su "ente" expandido a lo largo de un cierto espacio y tiempo que indica su presencia en el mundo. En nosotros, en las criaturas, presenta la apariencia de una anticipación del futuro, de una inexplicable influencia del futuro sobre el presente.
El resultado de todo esto es la aceleración de la evolución, es decir, la habilitación de cambios evolutivos que requirirían para su producción de períodos muchísimo más largos, lo que ha hecho posible la vida que conocemos."

domingo, diciembre 09, 2007

COMENTARIOS A UN ARTÍCULO DE DOUGLAS R.HOFSTADTER

COMENTARIOS A UN ARTÍCULO DE DOUGLAS R. HOFSTADTER


(Comentarios al artículo del citado autor "Temas metamágicos. Frases víricas y estructuras lingüísticas autoduplicantes en el reino de las ideas" -Revista Investigación y Ciencia. Marzo 1983-)
Del artículo entresacamos algunas partes interesantes. En el mismo se entiende por "frases víricas" aquellas que buscan la reproducción de sí mismas tomando el control de recursos pertenecientes a entidades más complejas. La producción de duplicados de sí mismas les permiten "apoderarse" de una gran proporción de un "estado de ideas" (un "nicho" dentro de ese espacio de ideas, al igual que las especies biológicas ocupan un nicho en su espacio ecológico). Esto supone una analogía de la lucha por la supervivencia, con su mismo carácter evolucionista, pero entre "ideas autorreplicantes".
Jacques Monod, autor de "El azar y la necesidad", en el último capítulo de su libro utiliza la expresión "Reino abstracto" para referirse a este "espacio de ideas", retratándolo como pariente cercano de la biosfera, por ello Hofstadter llama al mismo "ideosfera".
Dawkins, el autor de "El gen egoísta", llama "meme" a la unidad de replicación y selección en la ideosfera, equivalente al gen de la biosfera. (Una memoria sería una colección organizada de memes). El caldo de cultivo en el que los memes crecen y florecen es la cultura humana.
Si los genes se propagan pasando de un cuerpo a otro a través de espermatozoides u óvulos, los memes se propagan al saltar de un cerebro a otro a través de un proceso que puede llamarse de imitación. Nos dice Dawkins que su colega Humphrey consideró a los memes como estructuras vivientes, en un sentido técnico y no de pura metáfora.


lunes, diciembre 03, 2007

EL PAPEL DEL INCONSCIENTE EN LA FORMACIÓN DEL SER ( y III)

EL PAPEL DEL INCONSCIENTE EN LA FORMACIÓN DEL SER (y III)


La complejidad cortical del cerebro humano permite la imbricación entre la consciencia de lo externo y la de su propia interioridad. Las continuas relaciones entre lo exterior a sí y su "mismidad" crecen, hasta llegar a un momento crucial, misterioso y fantástico en que una chispa de su mente le hace comprender, de una manera consciente, su propia realidad. Entonces, en dicha criatura se produce una dualidad entre los sentimientos originales (naturaleza animal) de su principio de conservación y el sentimiento de una libertad que acaba de nacer dentro de sí, una libertad que le hace apetecer y sentir "algo" distinto al simple placer, un nuevo sentimiento que, tal vez, sea el amor en todos sus diferentes matices y formas.
En el texto de referencia (Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica), en "La armonía al descubierto", se dice: "La asunción de la propia naturaleza tiene características de verdadera "creación propia" de dicha naturaleza. Es cierto que la Evolución ha desarrollado el cuerpo que nos sustenta y que supone la potencialidad necesaria para el paso del umbral de la conciencia, pero éste no es la "naturaleza" de que hablamos. La "naturaleza" propia es un "ente inmaterial" construido a caballo del tiempo y fuera de él. Cada acción volitiva en cuanto a la parte de asunción de nosotros mismos, con su componente de dolor, placer y trabajo que conlleva puntualmente, en cada momento presente, "crea" nuestra naturaleza. Y es ella misma, con la unicidad que le proporciona su "mundo" del inconsciente, la que "actúa" en cada uno de nuestros actos".
Y más adelante, continúa: "El sentido del universo material es el de la transformación de la Nada original en los distintos seres creados a lo largo de los ciclos evolutivos (si se supone el universo como una serie de ciclos de explosiones e implosiones -Big Bang y Big Crunch-). Los diferentes "componentes" de esa Nada son "sacados" del universo a través de la asunción de su propia naturaleza "autocreada", por medio del "impulso" de Dios.
Los aspectos internos (subjetividad) y externos (objetividad) que acompañan a todo ser vivo son dos formas de definir el "fenómeno" que supone la realidad.
Ambos aspectos son reflejo de la dualidad que representa la imperecedera "unicidad" del ser y la variablidad manifiesta de su apariencia exterior, como simbiosis de una criatura definida tanto sobre el mismo tiempo como fuera de él.
La propia naturaleza del ser es una construcción hacia sí mismo, sólo alcanzable por la subjetividad. La información externa, motor de la Evolución, es la única realidad objetiva reconocida por la "Ciencia".

viernes, noviembre 30, 2007

EL PAPEL DEL INCONSCIENTE EN LA FORMACIÓN DEL SER (II)

EL PAPEL DEL INCONSCIENTE EN LA FORMACIÓN DEL SER (II)

Es fácil confundir consciencia con inteligencia, mas no olvidemos que el inconsciente puede ser muy inteligente.
Como para la comunicación "extrasensorial" debemos acudir al inconsciente, lo que equivale a salir hacia afuera de nosotros mismos, perdiendo nuestro sentido de lo real (lógica espacio-temporal conocida), en cierta forma parece un contrasentido abandonar aquello que tanto ha costado, la consciencia, para volver a la inconsciencia.
Se nos imagina que, tal vez, este tipo de inconsciencia "posterior" y siguiente a la consciencia no sea del mismo "orden" que la primitiva. Quizás, sí goce de las mismas prerrogativas que la inicial o primitiva, pero, aparte debe existir otra diferencia de matiz que represente realmente una evolución en la perfección. ¿Habría que buscar esa diferencia de matiz en una nueva facultad emergente cual el amor?
El amor, que no sea hacia sí mismo, es lo contrario que adivinamos en una criatura egoísta (encerrada en sí). Parece que una condición necesaria para ese amor es la "apertura" hacia afuera, hacia el campo ampliado del inconsciente, por eso, la inconsciencia posterior a la consciencia ¿no sería una condición necesaria para el ejercicio de ese amor?
El inconsciente primitivo tendría naturaleza, pero no verdadera libertad. La libertad verdadera se crearía al constituirse el "yo".
A partir del logro de la conciencia es posible ya el ser provisto de naturaleza y libertad (la criatura humana).
La supuesta ausencia del "yo" animal, que no la naturaleza y unicidad que alienta a todo ser vivo, nos hace preguntarnos: ¿Qué ocupa el lugar del "yo" en el animal?, o, acudiendo al símil del hipnotismo, ¿quién hace las veces del hipnotizador en este caso?... Es interesante, antes de seguir, apuntar la posibilidad de "influencia" humana sobre dichos animales, a través de algún método, para orientarles o guiarles en algún sentido determinado.
El "pseudo-yo" animal o eje de su jerarquización estructural psíquica, quizás resida en el principio de conservación; aparte de este sentimiento (instinto) básico que anida en sus entrañas, el animal no debería sentir o ser consciente de su propia naturaleza, es decir, de sí mismo (esta ensayo fue escrito por el autor en el año 2000). Los distintos sentimientos del animal le parecen ajenos a su capacidad de elección (consciencia de lo ajeno, no de sí mismo).

domingo, noviembre 25, 2007

EL PAPEL DEL INCONSCIENTE EN LA FORMACIÓN DEL SER (I)

EL PAPEL DEL INCONSCIENTE EN LA FORMACIÓN DEL SER (I)


El hecho de que las rutinas acaben siendo inconscientes, nos hace imaginar que gran parte del inconsciente en el pasado ha sido consciente. Es decir, a lo largo de un proceso temporal el inconsciente se habría incrementado a costa de antiguas rutinas inicialmente conscientes. ¿No tendrá que ver algo el hipnotismo con esto?... Y es que este último nos hace ser conscientes, o estar pendientes del "objeto" indicado por el hipnotizador, olvidando todo lo demás, a veces, al parecer, hasta el sentimiento de nosotros mismos, de nuestro "yo". ¿No sería el animal una especie de ser hipnotizado, despierto para la acción pero, sin embargo, no consciente de sí mismo, o sea, de su propia naturaleza?
La critura humana ha logrado el más fundamental hito: "Encontrarse a sí mismo". El hombre aparece instalado en su "mismidad", quizás demasiado cómodamente, pues se ha acostumbrado a olvidar muchos de los campos de su actividad consciente para trasladarlos a su inconsciente. El inconsciente se muestra, en multitud de ocasiones muy inteligente, como reflejo de aquellas antiguas actividades otrora perfectamente ensayadas y estudiadas en el pasado por la consciencia.
Pero, ¿el inconsciente engloba sólo recuerdos de un "pasado" consciente, o acumula, también, aspectos que proceden de otras esferas? ¿Quizás del futuro?
Creemos que el inconsciente es nexo de unión entre una conciencia sometida al reinado espacio-temporal físico o material y el universo sin límites fuera del espacio y el tiempo. El inconsciente abre a la consciencia la posibilidad de escudriñar en un universo que le es extraño y desconocido: el universo de lo inmaterial o espiritual.
Las criaturas inmateriales se comunican de una forma no física, en este sentido podríamos hablar de "extrasensorial", aparte, por supuesto, de la sometida a los sentidos, única que puede "comprender" nuestra consciencia espacio-temporal. Esta comunicación fuera del tiempo (del espacio-tiempo) está en el dominio del inconsciente, por ello la información obtenida por esta vía no puede ser usada o manejada conscientemente. (Un método útil para obviar este inconveniente, sería relajar dicha consciencia de forma que nos olvidáramos de nosotros mismos, por ejemplo).
La conciencia, fantástico adelanto de la naturaleza, es un inconsciente replegado sobre sí mismo, que en vez de fijarse fuera lo ha hecho "dentro" de sí.

martes, noviembre 20, 2007

SOBRE EL "YO" Y LA CONCIENCIA (y II)

SOBRE EL "YO" Y LA CONCIENCIA (y II)


Existe una ley de obtención del máximo de emociones positivas al "sentir" a los demás seres; así se explicaría la Evolución (por supuesto, aparte del azar).
Al conocerse a sí mismo (a través de "lo otro"), el ser se convierte en sumidero de sí mismo, sintiéndose, entonces, a sí mismo.
Un mismo ser (naturaleza) actúa toda la vida: ser nacido de la variabilidad de la materia. Es decir: ser único, naturaleza única, pero cuerpo múltiple (variable).
La mente sirve para discernir y analizar los problemas, pero no decide; quien decide es el "alma" (naturaleza). Ahora bien, el alma se creó al decidir.
Un consejo muy importante en cuanto a nuestra forma de actuar: "Hagamos aquello que nos conduzca a lo que queremos ser, y no hagamos, tan sólo, aquello que "sentimos". (Los sentimientos son útiles en cuanto que nos dan información de las cosas).
El "poso" del conocimiento evolutivo "obtiene instintos". El "querer" conocer conduce a Dios.
Y nuevas formas de conducirnos en nuestra vida. Debemos romper la ignorancia en lo divino, pero, ¿cómo se progresa en esa dirección? Hay libertad para "querer" más o menos buscar a Dios. Aquí reside todo el significado profundo de nuestra vida.
El ideal consiste en renunciar a cada una de las parcelas del "yo" propio (sentimientos animales), sustituyéndolas por el "instinto" de amar a Dios. Pero, es fundamental no renunciar nunca a nosotros mismos sin previamente ofrecernos a Dios (la renuncia propia es un "abrirse" al camino que brota de nuestras entrañas en la dirección del Norte divino -naturaleza "transida" del amor divino, en busca de la identificación con la Criatura Suprema-).

viernes, noviembre 16, 2007

SOBRE EL "YO" Y LA CONCIENCIA (I)

SOBRE EL "YO" Y LA CONCIENCIA (I)


El "yo" cabalga sobre el presente.
Los sentimientos actúan sobre la naturaleza del ser (presente-pasado-futuro). El "yo" debe "indagar" en el pasado y en el futuro.
La consciencia es la aplicación de la naturaleza (voluntad) sobre el presente; de ahí nace la acción.
El "yo", como expresión de la voluntad de la naturaleza, pertenece al pasado-presente-futuro, por ello si el "yo" vive exclusivamente en el presente se evade de su verdadera naturaleza. Y es que el sentimiento momentáneo, es decir, en el presente, sólo produce el efecto de disminuir el radio de acción del "yo", apareciendo angustia e incomodidad.
La voluntad humana es la acción del "yo" sabiéndose sujeto activo y pasivo de dicha acción.
Quizás, sería conveniente utilizar el vocablo "yo" para cuando existe voluntad e intencionalidad, y en los demás casos hablar de sujeto. Sujeto sería "aquello" que realiza una acción ya sea de forma consciente o inconsciente, con voluntad o sin ella.
Si existe sujeto existe una determinada libertad de acción en un cierto campo sobre el que actúa dicho sujeto.
El sujeto sólo se transforma en "yo" en el hombre, es decir, cuando puede hablarse de una voluntad verdadera (ser consciente de ese propio "yo").
Sujeto y conciencia no caminan siempre juntos, pues el sujeto puede ser consciente o inconsciente.
El ser inmaterial "conoce" a los demás seres inmateriales, puesto que es "sumidero" de los demás seres inmateriales (no de él mismo).

domingo, noviembre 11, 2007

TEILHARD Y LA MÍSTICA (y V)

TEILHARD Y LA MÍSTICA (y V)


Nuestros precursores, esos hombres santos que nos han precedido, Buda, Jesucristo, Mahoma, Zaratustra, etc. serán nuestros cicerones en ese campo celestial que nos está esperando.
El "Mundo", ese intervalo temporal en el que se desenvuelve la estirpe humana y las de las demás criaturas vivas, necesariamente no debe ser el caldo de cultivo de la "maldad"; simplemente, el primitivismo de nuestro grado evolutivo presente, reflejo claro de nuestra baja "moralidad", es el verdadero responsable de nuestro entorno. Pero, esa no es nuestra verdadera naturaleza: ¡hemos sido creados para heredar y compartir ese reino celestial con nuestro Padre, ese reino en el que toda sombra del Mal ha desaparecido!
El Amor es el alimento imprescindible de nuestra naturaleza, es el agua bendita que limpiará nuestro espíritu, que permitirá la "correflexión" autotransformadora por la que el "yo" empezará a descubrir al "tú", el uno al otro, la solidaridad que hará posible la Noosfera, "la malla que paulativamente cubrirá la Tierra", y que hará mayúscula la "h" de Humanidad, haciendo posible que toda ella, la estirpe humana, se incorpore al papel que tiene reservado en la Unidad Suprema. Es el Amor la argamasa de todo el proceso, ese Amor al prójimo que le traspasa para incrustarse en el mismo Dios.
No es malo que el hombre se ame a sí mismo; por el contrario, el mayor amor a sí mismo supone un mayor amor al "otro", pero ambos amores han de ser equivalentes, y en dirección al Padre.
La autocreación requiere un salir de sí, buscando el propio ser en el espejo de los demás. Ese encuentro con nuestra propia imagen es una labor de creación, de creación de nuestro propio ser. El Padre también se autocreó a través de sus hijos, nosotros; su propia creación requería de la existencia de lo "otro" externo a Él, de las otras criaturas, sus propios hijos. El Amor que puso en esa obra, es el Amor con que sus hijos deben correponderle, como una muestra de agradecimiento a la "donación" de su ser.
La vacilación de la criatura humana en su episodio temporal, nace de la Nada, esa Materia de la que partió pero a la que, ya , su naturaleza le es ajena. ¡Desembarazémonos de esa "muda" del pasado, recubriéndonos de la nueva piel que deja entrever nuestro cuerpo glorioso! ¡Somos partículas pertenecientes al Cuerpo Místico de Dios, del Ser Supremo, del Padre!... Ese Amor que profeses hacia Él es explosivo, se acrecienta exponencialmente, dando el ciento por Uno; ya no serás el mismo, desembocarás estrepitosamente en el nuevo Horizonte, despeñándote hacia el océano inmóvil de la dicha y la calma eterna en la que todas nuestras ansias, que parecen infinitas, serán totalmente saciadas.

lunes, noviembre 05, 2007

TEILHARD Y LA MÍSTICA (IV)

TEILHARD Y LA MÍSTICA (IV)


A la energía del cosmos, el padre Teilhard la identifica con el amor. Cuando las personas acceden a la cumbre del Ser Personal, no disminuyen su onticidad, como piensan los panteístas, diluyéndose en el ser divino, sino que acentúan su autoposesión.
Para el padre Teilhard el Espíritu es un fenómeno, y gracias al Espíritu, el Universo desde su origen hasta el presente, cobra una nueva fisonomía, la de la coherencia.
La Evolución es la energía que transforma el fenómeno a lo largo del tiempo y el espacio. Pero la concepción dinámica del ser que preconiza el padre Teilhard tiene que ser armonizada, por encima de cualquier otra cosa, con la ontología del ser creado.
El factor tiempo, para Teilhard, se ha incrustado en el esencia del ser, dotándolo de movimiento, de energía.
La energía cósmica, centralizada en el hombre, tiende hacia el Pleroma o unión ultraenérgica con lo Uno, pero sin posible confusión, puesto que el Punto Omega absorbe, sin diluirlo, lo personal, a través de un movimiento, de una energía, de las cosas, el hombre hacia el Omega; movimiento al que llama "amor". Amor que consiste en un mirar de todos, la Humanidad, en la misma dirección (Punto Omega).
Teilhard nos dice que el Autor de la creación es Dios, por lo que en este sentido, es el Alfa. Pero también Dios es la culminación de la Evolución, el Omega. Es, pues, Principio y Fin. Así que, el Mundo es lo que queda encerrado en ese "entreparéntesis" que es Dios.
El tiempo aparece, así, como el nuevo "demiurgo" de un crecimiento permanente, gracias a la integración que de él hacemos. Nosotros mismos lo incorporamos como duración, en el curso de nuestra vida.
La concepión cósmica global de Teilhard de Chardin, pues, es la de un Universo en continuo crecimiento o enriquecimiento ontológico, evolucionando apoyándose en el substrato de su estructura atómico-molecular, y centralizado y dirigido en y para el hombre respectivamente. Humanización del cosmos o cosmización del hombre, quien da al primero el sentido direccional ascendente que marca el itinerario del Alfa al Omega.
La visión de Teilhard, que parte de sólidas bases científicas, se introduce, sin solución de continuidad, en el mismo campo de la Metafísica.
La imagen sublime del universo teilhardiano entroncado en el mismo Dios posee un indudable atractivo. La Materia, la Nada (sin "espiritualización" alguna) se va empapando del Espíritu, en su lento camino hacia la Unidad Suprema. Sería indiferente para el propósito que existiese un ciclo del Universo o infinidad de ellos tras una serie de secuencias muerte-resurrección o destrucción-creación, puesto que en cada uno de ellos la materia del principio del ciclo, falta del Espíritu, se iría espiritualizando hasta el ocaso del ciclo que coincidiría con la máxima unidad-conciencia; la fenomenal fuerza de la materia espiritualizada en el cenit podría provocar la autodestrucción que hiciera posible un nuevo renacimiento, colaborando, así, en el continuo acrecentamiento de la Unidad Suprema, eterna, intemporal, infinita, sin límite, infinito de todos los infinitos. La Humanidad, transformada en ese conjunto de "tús" amalgamados por el amor, formaría parte de ese cuerpo místico de Dios, que desde el tiempo se extenderá fuera de él, junto con Dios (en íntima unión) hacia la inmortalidad.

domingo, noviembre 04, 2007

Octubre de 2007. Recolección de setas en Peguerinos


¿Quién dijo que no había setas en la Sierra?
Micky y su "cosecha" de hongos
Alex

jueves, noviembre 01, 2007

TEILHARD Y LA MÍSTICA (III)

TEILHARD Y LA MÍSTICA (III)


La conciencia ha evolucionado a partir de una fase difusa, apenas perceptible, hasta su radicaión en el ser humano. En el hombre se ha encontrado consigo misma, se ha convertido en consciente, en conciencia reflexiva, de ahí que el hombre no sólo "sabe", sino que "sabe que sabe".
El hombre, lentamente, comienza a encontrarse con los otros hombres, a correflexionar. El yo empieza a descubrir al tú, el uno al otro. Comienza una leve, pero ascendente solidaridad. Es la malla que cubrirá paulativamente la Tierra.
Para Teilhard, el contacto comunitario, la solidaridad, el sentirse parte de un todo, al que llamamos "Humanidad", permite "sentir" la cercanía del "tú". Es como si la vinculación al Ser no fuese más que una vinculación a un ser.
Teilhard define la Noosfera como "una membrana continua de lo Pensante alrededor de toda la Tierra", es la materia altamente espiritualizada.
El "yo" de cada uno de nosotros, aún, no se siente comprometido con el "otro", no es un "tú" frente al "yo", dualidad esencial para que exista el verdadero diálogo, pilar de la Humanidad.
Según el padre Teilhard, entre el "yo" y el "tú" (prójimo) debe existir una corriente de amor, gratuito, desprendido, pero, también trascendente, que no se detenga en el prójimo, sino que continúe hasta el verdadero destinatario del mismo, Dios.
Para Teilhard, entre el animal y el hombre no hay sólo una diferencia de grado, sino de naturaleza; cada especie tiene una esfera psíquica apropiada determinada por el lugar que cada especie ocupa en el árbol de la vida.
El padre Teilhard utiliza el término "previda" para referirse al epidodio "inorgánico" del cosmos, teniendo el sentido de anticipación de la llamada vital que en el futuro avasallará el interior de esas partículas. En ellas ya existe la llama de la vida, el fluido vital, ese "elán" bergsoniano que se exteriorizará en el momento preciso. Y es que la Materia guarda en sí misma todas las potencialidades de la vida.
Para Teilhard, la inteligencia humana está ya bastante prefigurada en la preinteligencia que representa el instinto. La Materia es la matriz del Espíritu, pero la Vida no forma parte de la esencia de la Materia.
Teilhard llama las "libertades" al contenido consciente que habita en el interior de la Materia. También supone que las vivencias y percepción constituyen las notas básicas de la "inteligibilidad".
La Materia crea la ilusión de la diversidad, de la multiplicidad, cuando la auténtica realidad es el Espíritu, el ser, que es la Unicidad. El camino de la consciencia, del psiquismo, es la condensación, la concentración en sucesivas síntesis.

sábado, octubre 27, 2007

TEILHARD Y LA MÍSTICA (II)

TEILHARD Y LA MÍSTICA (II)


El padre Teilhard dice que la energía físico-química, cósmica del principio, la energía biológica posterior, ha sido sustituida en el hombre por el amor, síntesis de la pasión y la emoción.
Para Teilhard, el amor es la búsqueda de lo otro, para su encaje con lo amado. El proceso de Personalización finaliza en el tú a tú con el Espíritu, con la adquisición de una nueva conciencia humana. En su opinión, personalidad e individualidad son opuestas en el hombre; en el punto Omega, la individualidad se apaga, mientras que la personalidad brilla aún más.
Espiritualidad y libertad son las cualidades que describen a la persona. El hombre evoluciona aflorando el espíritu en su esencia; gracias a la libertad, el ser personal crea, pues su vocación es la de crear.
El hombre descubre su interior por la reflexión, mediante la introspección, descubriendo que está compuesto por ser y no ser. Onticidad y nada conviven, pues, en él. El choque entre estos dos factores ocasiona dolor, sufrimiento, angustia existencial. Según Teilhard, la nada siembra la duda, la vacilación, la temporalidad en la precaria onticidad humana.
Para Teilhard el mal es la inclusión de la nada en el ser, la precariedad óntica de la realidad humana, que no tiene otra solución, otro antídoto, que la inmortalidad, permanencia garantizada en el ser, participando en la eternidad de Dios, máxima garantía de la inmortalidad. La Evolución se desenvuelve a partir de la materia, y dicha "cosmógenesis" es irreversible, dirigiéndose a una meta, al absoluto, la Divinidad, porque, como movimiento que es, ha de tener un principio y un fin.
Para Teilhard la Materia es precaria, paraíso negativo del mal y la nada, puesto que la Materia está lejos del ser. Pero la realidad surge de la Materia, como el hombre, por ello, participa de las mismas miserias que la Materia, pero también de sus grandezas, de su espiritualización, que permitirá su futura armonización con el Espíritu. Ambos extremos se fusionarán en una eterna y celestial simbiosis, el Punto Omega.
El hombre como persona trasciende los mismos límites espacio-temporales que le contiene, poniéndose en comunicación con lo supracósmico, o el Espíritu que mora en la bóveda de lo Absoluto.
La Reflexión es el tránsito entre un psiquismo inconsciente, a uno consciente, en donde las proiedades psicofísicas, psicoquímicas y neuronales, no sólo son ya fuentes, sino puentes o instrumentos, de otra actividad más elevada, la del espíritu por medio de la Reflexión.
Para Teilhard, la vida cósmica, la vida orgánica y la vida reflexiva, son tres estados que se unifican o reúnen en un cuarto y decisivo que es la vida metacósmica, donde las trascendentalidad es su nota más característica.
El padre Teilhard descubre un sentido de "convergencia" en la Evolución, y este nuevo sentido hace que el hombre no se considere "extraviado" en el concierto cósmico, sino, más bien, como "una flecha" direccional de la Evolución.
Para Teilhard, el hombre es necesario para la Evolución, y por ser necesario, la Evolución preparó el terreno para su aparición, así que, a la fuerza, la Evolución tenía que desembocar en el hombre.
La "ontogésesis de fondo" lleva a toda la Materia hacia lo más complicado y lo más consciente, en la llamada ley de la "complejidad-conciencia" formulada por el padre Teilhard y que indica que a mayor complejidad mayor conciencia.
Esta ley de "complejidad-conciencia" no sólo explica el proceso de "cefalización", sino la creciente actualización de la conciencia.

martes, octubre 23, 2007

TEILHARD Y LA MÍSTICA (I)

TEILHARD Y LA MÍSTICA (I)


A mi entender hay un profundo paralelismo entre las tesis adoptadas en mi ensayo "El parto de Dios" y la obra del eminente filósofo Teilhard de Chardin. El lenguaje y conceptos utilizados en el desarrollo de la teoría de Teilhard son distintos a los usados en mi ensayo, sin embargo, es fácil apreciar sus evidentes similitudes.
Veamos a continuación los aspectos que, prácticamente, comparto con el mismo Teilhard.
La Ciencia debe convertir a la realidad, en su dualidad espíritu-materia, en su objeto, integrando en una unidad tanto el objeto como el sujeto. La materia espiritualizada, sublimada, humanizada, es el núcleo de las cosas, conformadora de la Totalidad, es la materia integral.
Le evolución es el desdoblamiento de esta materia integrada, su paulatina y creciente espiritualización y sublimación hasta la confluencia en la punta de flecha de la Evolución: el Hombre.
La potencia reflexiva que adorna al hombre es un estado superior que la Evolución ha alcanzado. Y es que el hombre no sólo da sentido a lo demás humanizándolo, sino que puede autocontemplarse, descubriendo el mundo de la conciencia consciente.
Un principio esencial del ser es que aspira a continuar siendo, a "permanecer" en el ser. Pero, también aspira a "seguir siendo", y sobretodo, seguir siendo... más, o sea más de lo que ahora es. Solo un ser perfeccionante, evolucionante, puede satisfacer esa necesidad interna de ser continuamente más. Esa aspiración a ser cada vez más, es un ansia de querer enriquecer continuamente su ontología u onticidad.
Para Teilhard, el mundo lleva el sello del Espíritu, disimulado entre los fenómenos físicos. Por eso el ser humano siente una especie de ligazón que le ata al Universo. El hombre, pues, es una realidad vinculada al Universo.
En el ente del hombre confluyen el ser con su absolutización (el hombre no " casi es", sino que "es" ser -ser pleno) e intemporalidad, y el tiempo que es consustancial al Universo. Es decir: lo absoluto que es el ser y lo absoluto que es el tiempo. Ambos parecen unificados en él.

lunes, octubre 15, 2007

FUNDAMENTOS DEL "PARTO DE DIOS"

FUNDAMENTOS DEL "PARTO DE DIOS"


El espacio y el tiempo absolutos (infinitos, no limitados) son patrimonio de Dios.
Cualquier criatura, cualquier ser que no es Dios es limitado, es decir, entra en el reino de la cantidad y la medida.
El Universo que conocemos es parte de un ciclo. Los infinitos ciclos forman la Totalidad.
La Totalidad y Dios son del mismo orden, en el cual no está definido nada de lo que conocemos. Nuestra inteligencia es incapaz de abarcar o comprender dicho orden.
Cuanto existe y que forma parte de la Totalidad, contribuye al Ser que es Dios.
La Vida en el sentido más amplio posible es el proceso de autocreación que se desarrolla en la Totalidad (en cada una de sus criaturas) en dirección ascendente hacia Dios. La autocreación que se desarrolla en la Totalidad es la argamasa de Dios; sin ella Dios no existiría. Todos los "presentes" de las vidas de las innumerables criaturas de la Totalidad, en su largo proceso vital, con sus respectivos sentimientos (de dolor) de autoafirmación continua, a través de su interconexión, constituyen un formidable proceso de creación, de nacimiento, verdadero parto de una supercriatura: Dios.
El sentimiento es la interconexión universal, no la inteligencia, ni el pensamiento. Estos últimos son tan solo una herramienta, tan valiosos para el hombre que han sido sobrevalorados en detrimento del primero.
En los inicios o bases de cualquier construcción intelectual siempre están los "sentimientos", las esencias o los principios que no se pueden comprender, sólo sentir, y que adquieren el carácter de postulados.
Hay en la naturaleza una ley, aún no suficientemente valorada por la Ciencia, que relaciona íntimamente intelecto con sentimiento, y es la ley formulada hace años por Teilhard de Chardin de la complejidad-conciencia, o en nuestra versión, a mayor grado de complejidad-comprensión, mayor capacidad de "recepción" o sensibilidad a otros nuevos "sentimientos".
Toda criatura "viva" posee al menos un sentimiento básico, el de su propio ser (¿yo?) que supone su instinto de conservación. A partir de aquí van apareciendo nuevos sentimientos de acuerdo con su complejidad, resultado ésta de la información acaumulada en sus genes (evolución biológica). A la complejidad cerebral (conexiones neuronales) también contribuye notablemente el conocimiento de la criatura en cuestión, sobre todo en los animales superiores; por ello afirmamos que la sensibilidad a nuevos sentimientos crece con la información. La conexión entre intelecto y sentimiento, como afirmábamos anteriormente es, pues, evidente.
Toda vida, entonces, está inmersa, mejor, se define o está inscrita en el mundo de los sentimientos. La argamasa universal es la de los sentimientos, y sobre ellos se adivinan los "tentáculos" de Dios. Todas las criaturas, pues, somos en cierta forma el "cuerpo" de Dios, las partículas en las que se manifiesta, y que son verdaderamente necesarias para su existencia.
La lucha que supone el afianzamiento en el mundo de cada criatura, que es su propia autocreación, es a la vez, en su interconexión con las demás criaturas, la autocreación de Dios, el "parto" de Dios.
La Totalidad se sublima a través del proceso que llamamos vital, en el alambique del Universo, en el conjunto de criaturas plural y único que será Dios, fuera ya del tiempo y el espacio.
Del Caos original, la Totalidad, que lo representa todo, desde aquello que ante nuestro entendimiento es el Mal, hasta lo que llamamos el Bien, se llega después de superadas las magnitudes que llamamos espacio y tiempo, a otro marco definido ya sólo por las tendencias positivas (Bien), en el que toda sombra de lo negativo desaparece. Aquí solamente está presente Dios, dotado del "Cuerpo" glorioso que representan todas las criaturas que le acompañan, y que son todas y Uno la misma cosa.
Lo que nuestra inteligencia admira hoy, la Naturaleza, es la fase en la que se enmarca el "parto" de Dios, que es, también, nuestro propio parto.

lunes, octubre 08, 2007

LOS DOS ASPECTOS DEL SER SUPREMO

LOS DOS ASPECTOS DEL SER SUPREMO
Hay que distinguir dos aspectos en el Ser Supremo. El primer aspecto se refiere al Ser Supremo atemporal, de la fase de "después del tiempo". Es el Ser Supremo percibido "después de la muerte"; en Él reposarán todas las criaturas a su óbito.
Hay dos formas de entrar en el "Cuerpo" del Ser Supremo atemporal. Una es participando de su propio Ser por dilución en su misma sustancia, para ser Uno con El mismo (es el destino de los Bienaventurados, de los hombres Santos, de los que están en lo más alto del espíritu); otra, formando parte de la "comunión" o relación interna del "Cuerpo" del Ser Supremo "separado" de lo que es la "Unidad íntima" de su sustancia, o su "Esencia", puesto que la criatura sigue conservando su propia esencia, aunque interrelacionada con las esencias de las demás criaturas y la del Ser Supremo, formando parte de ese "Cuerpo" de Dios.
El cuerpo humano puede darnos una idea de lo que es este "Cuerpo" de Dios. En el cuerpo humano, cada célula posee su propia identidad (esencia), aún cuando todo su conjunto constituye (a lo largo de toda la vida del hombre) la "esencia" misma del hombre. El iluminado, el hombre santo pierde la identidad propia (su misma esencia) para ser únicamente una sola esencia que es la del Ser Supremo; pierde su propia esencia para transformarse en el mismo Ser Supremo.
El segundo aspecto del Ser Supremo es el de la "fuerza suprema" del Universo; no obstante, al ser temporal el Universo también es temporal este aspecto del Ser Supremo. Decimos mal, es temporal en cuanto a la duración de cada ciclo de muerte-resurrección del Universo, es decir, de cada ciclo de implosión-explosión del mismo. El Universo, al final de cada ciclo, llega a identificarse con el mismo Ser Supremo. El final de ese ciclo del Universo, es la "muerte" del Ser Supremo, su autoinmolación, que va seguida de una resurrección con la aparición de un nuevo ciclo del Universo. El Ser Supremo vuelve a nacer, vuelve a crearse a lo largo de la evolución, hasta llegar al cenit, la Unidad Suprema que es el propio Ser Supremo. Un nuevo ciclo empieza a continuación. Cada nuevo ciclo del Universo es la oportunidad de que nuevamente infinidad de criaturas puedan crear ( de la Nada) su propio ser, y con ello hagan posible la evolución hacia esa Unidad Suprema, que es el propio Ser. Una serie de infinitos ciclos llenan, pues, todo el tiempo; finito e infinito se dan la mano, conectándose a través de ese mecanismo.
Los dos aspectos del Ser Supremo son una misma cosa. Fuera del tiempo el Ser es inmutable (por su misma definición de atemporalidad); dentro del mismo, lo llena al completo, perdurando a través de todos los tiempos, gracias a los infinitos ciclos de muerte-resurrección.
Los mitos del eterno retorno y de la muerte-resurrección son la intuición humana de este hecho.
La muerte-resurrección de espíritu-humano es de la misma índole. Se produce (tal como describe el Libro de los Muertos tibetano) un descarnamiento del hombre, quedando sólo el esqueleto (en sentido figurado), para volver a resucitar de otra forma, ya que el espíritu es imperecedero, igual que el espíritu del Ser Supremo sometido a su ciclo de muerte-resurrección.
En el Universo cada criatura también tiene un papel en cuanto a su contribución, dentro de la Evolución, en la constitución de la Unidad Suprema futura, el Ser Supremo. Cada criatura está "conectada" a los demás seres y en particular al Ser Supremo. La "interconexión" extiende sus brazos tanto en el pasado como en el futuro, a través de los mecanismos que se han estudiado a lo largo de la presente obra ("El parto de Dios"). Desde este punto de vista, y gracias a esta interconexión, cada criatura contribuye a la creación del mismo Ser Supremo. El Universo entero, compuesto por todas sus criaturas, interconectadas y en continua evolución, son de esta forma el marco de una gestación gigantesca, de un nacimiento supremo, es el mismo "parto de Dios".

jueves, octubre 04, 2007

LAS TRES FASES VIVENCIALES DEL SER (Y VII)

LAS TRES FASES VIVENCIALES DEL SER (Y VII)


El hombre, por ejemplo, no es el individuo al que creemos solitario, definido por un "yo", sino que es un conjunto o infinidad de criaturas (células, órganos, subsistemas, etc.), íntimamente interconectadas de una forma sumamente compleja, que poseen diferentes niveles evolutivos (fijémonos en su filogénesis y la existencia de sus diversos tipos de cerebros: rectiliano, de mamífero, etc.). La "mismidad" del "yo" que lo presenta "único" es simplemente el nivel evolutivo superior del inmenso conjunto de seres que constituyen ese hombre. Así que a la circunstancia personal o propia de cada ser que constituye ese conjunto (una célula, por ejemplo), se la circunscribe un "destino" del conjunto que tiene que ver con la historia del ser "hombre" en cuestión. Este "ser" hombre no sería nada sin el concurso de cada una de esas pequeñas criaturas que lo habitan. Su sino o destino está íntimamente unido al sino o destino de cada uno de los seres que lo componen, de formas diferentes y distintas, pero no indiferentes. De algún modo, las esencias de cada uno de dichos seres están conectadas a la esencia del hombre. Esta última, pues, en todo momento, será la "tarjeta" de presentación de las anteriores.
El hombre es más que el conjunto de todas esas "criaturas" que lo componen, pero es casi lo mismo. Sin ellas no sería lo que es. Cada una de dichas criaturas necesita ese mismo hombre, es más, se alimenta de él, pues su existencia sólo tiene sentido como constituyente del mismo. Todo lo que precisan está en dicho hombre. ¡Criatura y hombre se necesitan mutuamente!... A donde vayan unos, deben ir los otros; si no ninguno iría a ningún lado. El "ser" hombre es, pues, la catapulta que necesitan los seres que lo habitan para su "elevación" al sitio donde vaya el mismo hombre. (Aquí estamos expresando una hipótesis totalmente contraria a la teoría cristiana de la separación a la muerte de cuerpo y alma, pues si la "esencia" alma aparece en otro "mundo", también las "esencias" de los demás seres que componen ese cuerpo volverán a aparecer juntas en ese otro "mundo").
Y si esto es así en cuanto al ser hombre, de igual forma acontecerá con el Ser Supremo. Por el cierre del círculo, el Cuerpo del Ser Supremo somos todas las criaturas que hemos existido y que estamos en "íntima relación" con dicho Ser Supremo. Al finalizar el tiempo (fuera del tiempo), todos los seres (las esencias) estaremos en el mismo "lugar" que dicho Ser Supremo como el Cuerpo suyo. La fase del dominio del tiempo, pues, es simplemente, la de la creación del mismo Ser Supremo (con todas sus criaturas): es la del "parto" de Dios.
El Mal no existe, es sólo la intuición humana de la expresión de todos los caminos que nos conducen al Ser Supremo. El camino correcto es obviamente el Bien.

jueves, septiembre 27, 2007

LAS TRES FASES VIVENCIALES DEL SER (VI)

LAS TRES FASES VIVENCIALES DEL SER (VI)


Hemos partido de la configuración evolutiva del órgano complejo para indagar en el concepto de "improntas instintivas". En el citado ejemplo existe una especie de "retroacción" del tiempo; es como si el futuro influyese sobre su pasado. Sin embargo, el caso más general, aún cuando ambos se dan comúnmente en la naturaleza, es el de la "impronta instintiva" proveniente del pasado y que lógicamente queda reflejada en el código genético. Esta última parece mucho más evidente, mas si nos fijamos es tan extraordinaria (admirativamente, no por su rareza, pues es totalmente cotidiana) como la anterior. Y es que hablamos de la parte "subjetiva" del instinto, es decir, de la "emoción" del ser vivo cuando siente el estímulo o la tendencia instintiva. Volvemos a repetir que del hecho de que el instinto, más o menos fuerte, sea una "tendencia" y no una orden absoluta se sigue la existencia de una cierta libertad y de la emoción o "sentimiento" subsiguiente. Pues, esta emoción aparece en el ser viviente cuano "capta" la esencia de otro "ser" (el gen, el ser viviente predecesor, etc.). Las "improntas instintivas" pueden provenir de cualquier instante en el tiempo, pues al estar relacionadas con las esencias y ser estas transcurrentes (las de los seres vivos), se elevan por encima del tiempo, por lo que siempre están presentes, tan solo se requiere cierta compatibilidad entre las "estructuras" de las esencias del "emisor" y el "receptor".
Un hecho tan cotidiano, que se presenta en cualquier lugar de la naturaleza donde exista vida, sigue apareciendo ante nuestros ojos como algo misterioso aún; nos estamos refiriendo al instinto. La connotación subjetiva anterior es evidente, lo que de inmediato conduce a admitir la existencia de un "hálito" o "ánima" en la materia viva, algo de lo que huye continuamente el hombre de ciencia, no sin bastante razón histórica; el pavor que ello causa ha conducido a la construcción de distintas teorías de lo más rebuscadas, lo que ha ido creando paulativamente, y sin ser buscada, una cierta niebla en el asunto, haciendo artificialmente misterioso aquello que se presenta con una claridad pasmosa.
El hecho evidente de la vida obliga a admitir lo que desde el mismo Aristóteles se conoce: el ser vivo es una dualidad de materia y ánima; o mejor, la materia no sólo posee las propiedades definidas por la Física, sino que posee otro estado que depende de su complejidad (desde un cierto punto de vista que incluye un ordenamiento del mundo alrededor de sí misma), y que incluye, además, otras propiedades "no materiales", que en conjunto pueden denominarse "ánima" (su esencia). Y pasemos, de una vez, la página del idealismo: ni existe el materialismo, ni el idealismo, tan solo la vida a secas. La "esencia" de cualquier ser vivo está íntimamente "conectada" a multitud de otras esencias, entre ellas las de sus predecesores, pero, también, las de sus descendientes más o menos lejanos. La "impronta instintiva" de un descendiente lejano "influye" de algún modo en todo ser viviente, así, desde este punto de vista, es como si fuese, a su vez, el descendiente predecesor de sicho ser viviente. (Es una reedición de la paradoja del huevo y la gallina). De esta forma se cierra el círculo: yo soy padre de quienes, a su vez, han construido mi ser, con lo que de alguna forma son padres míos.
Teológicamente, lo anterior es trascendente. Las "improntas" del Ser Supremo, nacido al cabo de las eras como el logro más sublime de la evolución (hijo, por tanto, de todos los seres predecesores), "influye" continuamente en las circunstancias vitales de todos los seres predecesores suyo, guiando de alguna forma su propia aparición (creación). El Ser Supremo, desde esta visión, es "padre" de todos los seres vivientes pero, a su vez, es "hijo" de todos ellos. El cierre del círculo, si lo analizamos en profundidad, equivale a la "anulación" del tiempo, que requiere de esa "conexión" entre principio y fin, realizada por intermedio de todos los "seres" que han existido desde el Ser Supremo a todos los demás. Existe, pues, esta "conexión íntima" entre todos los seres que han existido y existirán..., y es que se han creado a la vez (unificación del tiempo, bajo la apariencia de un sólo instante), juntos, y sin que uno pueda existir sin los otros, pues forman parte de una cadena en la que todas las cuentas son necesarias. Ninguno de dichos seres podría vivir por sí, pues necesita de los demás. La existencia de uno sólo de ellos equivale, de inmediato, a la existencia de los otros, pero no como seres aparte, sin relación entre ellos, sino todo lo contrario: la interrelación entre ellos es "sustancial", y muy importante, podría decirse que es casi su mismo ser.

miércoles, septiembre 19, 2007

LAS TRES FASES VIVENCIALES DEL SER (V)

LAS TRES FASES VIVENCIALES DEL SER (V)


Y es que el "mundo de cualidades" en cuanto a las "esencias" correspondientes a los seres vivos, en virtud de la evolución, del azar y la necesidad, no está preconcebido de antemano, es un mundo abierto hacia el futuro en el que tiene mucha influencia la casualidad. Como consecuencia, las "tendencias o instintos" que aparecen en todas las criaturas del Universo no están "escritos" con anterioridad en dicho Universo por una supuesta criatura superior, pues dependen muy mucho de lo que "ocurra" a lo largo de la evolución, es decir, de las criaturas que van apareciendo, y por tanto, éstas son verdaderamente las creadoras del mismo Universo, del mismo posible Dios... De alguna forma, son las "responsables" de su propio destino.
Ahora bien, recapacitando en profundidad sobre todo lo que acabamos de expresar, se cae en la cuenta que la posibilidad apuntada de los "nexos afectivos" en la constitución del órgano adolece de una serie de defectos que es necesario subsanar. El problema nace al considerar las líneas evolutivas "truncadas", pues al no aparecer conectados el efecto futuro (consecución del órgano) con el efecto precursor (al truncarse la evolución en esa línea), no hay continuidad de "nexos afectivos", aún cuando, lógicamente, los "sentimientos" o "instintos particulares" en líneas paralelas deberían ser idénticos, tanto en individuos pertenecientes a una línea truncada como en los de una línea de éxito. Evidentemente, el "sentimiento positivo" no sigue una cadena de "nexos afectivos". Hay, pues, que buscar otra posibilidad. Además, los "aciertos inmediatos" no tienen por qué ser precisos, se acercan o se alejan de un cierto modelo, pero no son únicos, existen varias posibilidades.
Lo más acertado que se nos ocurre es pensar que la consecución de un "logro" en el campo de las esencias debería conducir no sólo a la satisfacción (sentimiento positivo) en la criatura en la que se produce, sino que, también, ello debería originar una "perturbación" en el Universo. Pero, ¿en qué consistiría esta perturbación? La "perturbación" consistiría en una "impronta instintiva" creada en el "mundo de cualidades" que, como siempre, necesita del receptor adecuado para que se transforme en un estímulo o en una tendencia instintiva en dicho receptor. Esta "impronta" es captada por cada receptor de forma diferente, según su "complejidad organizativa sustancial". Algunas estructuras "reaccionarán" (sentirán) ante esta "impronta", otras no. Es necesaria una cierta "afinidad" entre las estructuras" o las "esencias" del receptor y la que ha producido dicha "impronta".
Estas "improntas instintivas" existen en el Universo siempre, si alguna vez a lo largo del tiempo fueron creadas.
En este momento, convendría aclarar, que lo que anteriormente expresamos acerca de los "nexos instintivos" sigue teniendo validez, excepto su contribución a la creación de los órganos futuros.
Resumiendo, existen dos clases de relaciones entre las diferentes "esencias" existentes en el Universo. Una, la que acabamos de citar de las "improntas instintivas" por la que cada "esencia" perturba todo el Universo al ser creada, de forma necesaria e imperativa para todas las demás, con las características anteriormente apuntadas. Y otra, la de los "nexos afectivos, que require de una atención por parte de receptor y emisor, y que es voluntaria (aparición de la libertad) para ambos. La primera tiene más que ver con los estímulos, con los instintos. La segunda va más unida al afecto y hasta al amor. La primera arrastra o rechaza, la segunda identifica, une.

viernes, septiembre 14, 2007

LAS TRES FASES VIVENCIALES DEL SER (IV)

LAS TRES FASES VIVENCIALES DEL SER (IV)


Y volvamos a cambiar nuevamente de dirección.
La constitución de un órgano complejo, cual un ojo, o el mismo oído, conlleva una serie de problemáticas, como ya apuntábamos en el segundo capítulo de este mismo texto, el sentido del gen como responsable directo, unido al azar y la necesidad, da la resolución del tema. Ahora queremos ahondar más en la cuestión. Se expuso que el gen poseía una naturaleza que, como "clónico", podía extender su "influencia" en el tiempo y en el espacio, más ésto necesita de una aclaración. El gen puede "coadyuvar" a la "información intrínseca" que se transmite, cual de si una información del futuro se tratara, materializando, así, las vías de progreso convenientes y rechazando indirectamente las no convenientes. Pero, hay que decir que esta "influencia" se transmite sólo a través de la línea de evolución de adelante hacia atrás, pero nunca por vías transversales; y ello es así por la necesidad de la "continuidad" material. El proceso sería el siguiente. El sentimiento positivo (placentero) de la constitución del órgano (o cualquier otro logro), del cual son copartícipes los genes afectados de su código genético (inserto en el cuerpo de la criatura), deja su reflejo en la "esencia" del ente que representa la "via del órgano" montada a caballo de las vidas individuales de las diferentes criaturas que han ido "portando" las diferentes características del pre-órgano correspondiente. Este "poso" en dicha esencia, es el responsable de la "tendencia" instintiva que aparece en estas criaturas antecesoras y que conduce indirectamente a la consecución del órgano. La continuidad material de los genes representa el necesario "hilo material" entre el individuo del futuro portador real del órgano y el del pasado precursor del mismo.
Cabría la posibilidad de que el proceso descrito en líneas generales, fuese realmente el resultado de una cadena de "nexos afectivos" entre las esencias por un lado de la criatura portadora del órgano con las esencias propias corresponientes a cada gen interviniente (y existente en ese momento) en la consecución de dicho órgano, y estas últimas esencias con la esencia de la criatura inmediatamente anterior dotada del pre-órgano en la línea evolutiva, por otro; y continuando con estos "nexos afectivos", así concebidos, hasta la misma criatura anteriormente considerada.
Los "nexos afectivos" no se miden en tiempo (tampoco en espacio), así que su efecto, reflejado en las esencias, es transmisible a lo largo de tiempo y espacio. Consecuencia de ello es que la cadena de "nexos afectivos" hace posible que se produzca una "influencia" inmedita. Quiero decir, que la consecución de cualquier resultado en el "campo esencial" se transmite de inmediato a todo el espacio-tiempo. Así, en el caso de la génesis del órgano citada antes, el sentimiento positivo de su consecución es transformado inmediatamente en una tendencia o instinto transmitido a todas las criaturas anteriores en su línea evolutiva. Significa, asombrosamente, que la aparición de dicho órgano ha sido en gran parte (también, gracias al azar y la necesidad) consecuencia de un "instinto especial" (que aclararemos con posterioridad) que ha impregnado (en el pasado) a todas estas criaturas precursoras anteriores. Es como si el futuro hubiera influenciado en el pasado, haciendo posible ese futuro.
Metafísicamente, si la evolución en el futuro logra crear al Superhombre o al Ser Supremo, éste habrá estado influyendo en el pasado, desde los mismos orígenes del Universo, para que este último, en su evolución y bajo el "impulso" de dicho Ser, pueda hacerle real; es lo que he llamado el "parto" de Dios.