Mostrando entradas con la etiqueta filosofía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta filosofía. Mostrar todas las entradas

viernes, julio 17, 2026

CONSCIENCIA UNIVERSAL

 "Es la base de la Segunda Manifestación del universo."

"No tiene entidad individual; son las consciencias quienes la modulan para crear las consciencias individuales que desembocarán en la Consciencia Infinita de la Criatura Divina."

"Las consciencias no son emergencias de las estructuras (cuerpos) compuestas por elementos de la Primera Manifestación del universo, sino que las mismas (consciencias) se adhieren a esas distintas estructuras (cuerpos). Desde la base de la Consciencia Universal como componentes de la Segunda Manifestación, se adhieren a los cuepos materiales correspondientes de la Primera Manifestación. De esta forma las consciencias construyen su unidad, su individualidad, haciendo así posible, tras la aplicación cuántica (niveles o cuantos de consciencia) de la llamada Ley de Semejanza, la consciencia individual de cada criatura, una evolución cuyo Faro final es el Punto Omega, la Criatura Suprema, lo que llamamos Divinidad".

"No hay emergencia, puesto que la Primera Manifestación del universo (materia) no tiene tal capacidad; sí hay adherencia de elementos de la Segunda Manifestación, cuya base es la Consciencia Universal definida anteriormente, sobre las estructuras (cuerpos) compuestas por elementos de la Primera Manifestación. Estamos, entonces, ante una fehaciente definición de vida, compuesta, por consiguiente, por un cuerpo (material) y una Consciencia individual, un elemento de la Segunda Manifestación. Estos últimos elementos son indestructibles, pero su adherencia o interrelación con los elementos (estructuras) de la Primera Manifestación son variables: solo hay una constante visible, a través de la Ley de Semejanza en lo que llamamos la qualia del sí-mismo (el reconocimiento propio de nuestra individualidad)".



El cambio de paradigma, entonces, es total, no como dirán algunos, una vuelta de nuevo al dualisno de Descartes. En verdad es un más allá que desde esa dualidad cartesiana, pasando por la unicidad científica, vuelve a desembocar en la intuición básica de generaciones anteriores que se encontraba más cerca de la realidad.

domingo, febrero 15, 2026

Fases evolutivas de la Conciencia Universal

 El fin, el advenimiento de la Conciencia Universal, precisa de una serie de pasos que la hagan posible.

Por supuesto, en primer lugar la aparición de la mente-consciencia de los seres vivos, fase del pasado y presente de nuestra evolución terrestre. 

Un segundo período sería el de conformación de la conciencia global a escala planetaria, muy lejos de nuestras pretensiones presentes que requiere el esfuerzo de todos y el horizonte de una misma mirada que nos transforme, desde "hijos" de la naturaleza, a "precursores" de la cierta evolución que nos dirija en un futuro a largo plazo hacia el summum del punto Omega.

El honor del inicio "precursor" del claro camino hacia la meta soñada será proseguido, desde la conciencia planetaria a la conciencia global de la galaxia, y después de la conciencia intergaláctica que ya sí podemos denominar la Conciencia Universal anunciada.



No deja de estar en boca de todos la llamada "paradoja de Fermi", la extrañeza de que otros seres inteligentes del universo no hubieran "contactado" ya con nosotros, dada la evidente posibilidad de ello, debido al enorme número de elementos cósmicos potencialmente capaces de albergar vida... Yo creo que ello es más bien una bendición... La lejanía entre las posibles civilizaciones inteligentes, da pie a la evolución independiente de cada una de tales civilizaciones sin interferencias que adulteraran su genuina esencia.... A nivel puramente material, estimada de acuerdo con las leyes de la Física que conocemos, la extrema dificultad de llegar a las supuestas civilizaciones inteligentes asegura que la "interrelación" entre dichas civilizaciones sea prácticamente nula... Pero con un matiz, el salto a otras posibilidades de interrelación que supere las leyes exclusivamente materiales, como pudiera ser el campo mental ampliado y desarrollado hacia lo complejo, sí lo haría posible... Mas ello significa un cambio cualitativo, que nada tiene que ver con nuestras históricas experiencias de asimilación de una civilización por otra más desarrollada, como ocurrió con el descubrimiento de América, o con la hegemónica civilización romana sobre el mundo circundante, etcétera.

El salto cualitativo, pues, se produciría desde la premisa de la consolidación de las conciencias galácticas e intergalácticas que en sí adoptarían una moralidad social muy lejos de la que vemos a nivel terrestre actual.

¿ Que no seamos capaces de abordar como especie Homo el paso a la conciencia planetaria, necesario para lograr después la conciencia galáctica, es otra cuestión?... El universo estaría lleno de civilizaciones cuya propia autodestrucción abortaría para ellas tan esperanzador destino. Amén.

martes, febrero 03, 2026

El esplendor de la naturaleza; la "realización" de Dios

 Contra todo pronóstico, y en los nuevos tiempos se abre paso una nueva moralidad, más alejada de los aspectos religiosos de lo que aparentemente podría parecer.

Vuelve a revalorizarse el estoicismo (Séneca, Marco Aurelio tienen buena parte de culpa), la potencia y la clarividencia del sempiterno Nietzsche, del sutil Schopenhauer, del vitalismo en todas sus formas; no es hora de nihilismos filosóficos, ni existencialismos angustiosos que no conducen a nada.



Reivindico la fuerza de la naturaleza, su esplendor, el renacer vital de la primavera, del nacimiento, de la explosión de vida del ave fénix: la maravilla de la vida, su camino vigoroso al andar, la creación que ello supone dirigida hacia un horizonte de luz, de maravilla: de transformación vital, del propio Acto de la Creación dirigida hacia el punto Omega en que consiste Dios, que no es ajeno a nuestra propia voluntad, que colabora con Él en su autocreación (las potencialidades se hacen reales a través de nuestras consciencias, contribuyendo así a la "realización" de Dios). Y Dios no está solo, pues es también multitud, la que conformamos todos los seres vivos conscientes que con su voluntad se autocrean, y crean el mismo Ser.

Aquí aparece la nueva moralidad, más allá del siglo XXI humano. Si pudiéramos definir el Bien, no sería más que los pasos dados en la consolidación de tal camino, nuestra inclusión en esa enorme calzada que conduce al Omega, incorporando nuestro propio ser al Ser Supremo del punto Omega.

¡Contribuyamos a la "realización" de Dios!

viernes, enero 09, 2026

Evolución, misterio y creación (y Parte 3)

El verdadero "meollo" del relato que sustenta todo el artículo: ¡La Creación!

Aquí la Creación se divide en dos partes; cada una atañe a la "manifestación de la naturaleza o del universo" correspondiente.

En la "primera manifestación", la que tiene que ver con la materia en sentido amplio, su "creación" es la que tiene que ver con la más conocida del origen o principio de los tiempos, que sin ir más lejos y sin tener en cuenta otras consideraciones de "trazo más fino", podríamos señalar globalmente como la "creación del Big Bang", por supuesto sin citar otras teorías no desechables en absoluto, y que con carácter general atañen al mundo físico o material que nos rodea, y que podríamos considerar, por encima de otras consideraciones, como una visión clásica.

Lo novedoso en el tema se refiere a la creación dentro del ámbito de la "segunda manifestación", que atañe al propio corazón de esta segunda manifestación, de ese "mundo de cualidades" tan identificable dentro de la vida. Y es que cada ser vivo, con su individualidad, es una verdadera  creación "novedosa" dentro del inerme mundo de la materia.

Una frase que acuñé hace años: "El ser es libre, solo y únicamente porque se crea a sí mismo"... Estamos ante una creación muy particular, pues no se debe a algo ajeno a sí mismo, a otro u otros, sino al propio ser, en particular a su Voluntad, a su Consciencia.

Este es otro tipo de creación, la que se produce en cada ser vivo, a lo largo de los tiempos, con base a la evolución de la vida, que "da a luz" nuevos seres únicos, con la capacidad de libertad suficiente para configurar un único "comportamiento", el suyo, que se traduce en una "ontología del ser", una naturaleza propia que como tal está dotada de cierta consciencia, cierta libertad que permite la "constitución" de su propia naturaleza (la existencia antes que la esencia, como apuntaba el filósofo Sartre); desde tal punto de vista, "la creación de sí mismo".



Pero esta creación no es indiferente del "entorno" que rodea a la criatura, y lo que es más trascendente, del "influjo", de la "iluminación" que desde el final de los tiempos, el Omega, emite el Dios Creador, el summum de la Evolución Universal.

El cuadro es impresionante, magnífico, pues llena o calma toda aspiración de los espíritus más excelsos: la evolución continua de las criaturas "in crescendo" desemboca en el Ser Supremo, de tal forma que la aparición de las consciencias de los diversos seres vivos, gracias a su voluntad y libertad de elección (aún cuando muchos de los comportamientos sean inconscientes), origina un desarrollo evolutivo exponencial que finalmente concluye en el Ser Supremo del punto Omega, y desde allí tal fantástico Ser "ilumina" y a su vez "promueve" ese desarrollo que conduce a Él... Y en ese "promueve" se sitúa el mayor misterio del que solo llegamos a comprender simples indicios (realmente estamos inmersos en una especie de "cueva de Platón"). Existe una retroacción temporal, y a su vez un avance en dirección al futuro que tan misteriosamente como puede vislumbrase parcialmente desde las extrañas propiedades cuánticas, llegan a configurar todo el entramado espaciotemporal en el que la Totalidad, como ese Dios que imaginaba Spinoza, se construye a sí mismo, con la contribución solidaria de todas las otras consciencias que somos todos nosotros y todos los seres vivos que han sido, son y serán.

El Universo, con sus variadas dimensiones, no es más que el artificio utilizado por la Totalidad Dios (Ser Supremo) para su propia creación, que a su vez es la de todos.

Espacio, tiempo, etcétera son meras dimensiones cuya importancia en sí tan solo consiste en ser el medio dentro del que se manifiesta la Creación y la presencia del Ser Supremo.

Dios sería, pues, parecido al que definió el filósofo Spinoza en su día, que en nuestra visión actual aparece aún más majestuoso y esplendoroso.

Nuestro papel: ¿Quieres contribuir y con ello transformarte en una pieza básica de la infinita expansión de lo divino?

¡El Universo desde la misteriosa Nada del Origen, hasta la gloria del Punto Omega, incluidos nosotros, somos simplemente (nada menos) la Presencia de Dios!


domingo, enero 04, 2026

Evolución, misterio y creación (Parte 2)

 El misterio es consustancial al tema que me he propuesto abordar. Y no solo estamos ante un solo tema sino ante varios, ya que toca de lleno a las incógnitas más profundas que acompañan a los humanos, en general a todos los seres vivos que han ido abriendo sus ojos paulatinamente, asombrándose del universo que les rodea y del que forman parte, actuando como instrumentos de la autoconsciencia que empieza a balbucear. 

Sí, todo aquí es misterio, aún cuando el claroscuro permite entrever retazos aquí y allá de su inconmensurabilidad... Y mira que la ciencia ha dedicado ímprobos esfuerzos al intento de desvelar al menos alguno de sus principales secretos, más la labor es inmensa, aunque no dejamos de renunciar a ello. Digo que nos encontramos ante  las mayores incógnitas de orden tanto filosófico como científico de todos los tiempos, y que siguen vigentes más allá de la más radical y puntera ciencia actual... La incógnita de nuestros orígenes, de la propia vida, del universo global, del significado si lo hay de nuestra presencia en el mismo, etcétera, etcétera... La primera incógnita a desvelar sería la procedencia del mismo universo, un apasionado debate entre los especialistas: un universo eterno con continuos nacimientos y destrucciones, o una creación desde la Nada, etcétera. Entonces, como primera o posible opción nos encontraríamos con una creación desde la Nada, e  inevitablemente ante el formidable reto de interpretar ese concepto de la Nada, que como nos muestran nuestras teorías físicas no es el llamado vacío, ese vacío cuántico del que tanto se habla, la espuma donde materia y radiación permanecen en un continuo cambio, aparición y desaparición, en un baile eterno... ¿Es la Nada la "sustancia" primordial descrita por la filosofía oriental? ¡Misterio trascendental!



Ninguna teoría física, por otra parte, tiene la capacidad de poder auparse sobre las demás... Es un tema controvertido que dejo, como no puede ser de otra forma, al campo de la ciencia, la única capaz de despejar el horizonte, o al menos intentarlo.

Y sobre la cuestión de la aparición de la vida, su evolución, y el consabido campo mental o psíquico que la acompaña en muchas de sus criaturas, lo mismo puedo decir, multitud de incógnitas, de verdaderos misterios hoy por hoy... por lo que es imposible decantarse  actualmente por una u otra hipótesis lo suficientemente solvente... Así que me considero plenamente autorizado para emitir mis propios planteamientos en igualdad de condiciones con los propuestos por otros pensadores, de forma que a mi entender tengo a mi favor que mis hipótesis forman un conjunto que logra armonizar unos con otros.

La emisión de mi hipótesis de la existencia de la "segunda manifestación de la naturaleza o el universo", aunque llamativa no sería más que ir un paso más allá de la hipótesis más popular de la "emergencia" como un desarrollo de la creciente complejidad en la estructura o cuerpo material de los seres vivos; ahora bien, su trascendencia metafísica es sustancial respecto a esta última: ¡el "mundo de cualidades" no serían "emergencias" de la propia materia (en mi visión, la "primera manifestación del universo"), sino que el "mundo de cualidades" es una propiedad que con origen en la potencia de la Criatura Suprema del punto Omega inunda las estructuras materiales-cuerpos de los seres vivos (primera manifestación)! El "mundo de cualidades" no es más que la "interfase" entre la primera y la segunda manifestación, una expresión evidente de lo que llamamos vida.

A efectos prácticos, mi hipótesis y la más reconocida de las "emergencias", parecen indiferentes una de la otra, pero metafísicamente hay un abismo.

¿Se recupera el concepto de Dios en mi hipótesis?... Seguramente sí, pues tampoco puede eliminarse de ninguna de las maneras tal posibilidad.

Como vemos misterios por doquier, y todos ellos trascendentales, que constituyen ahora y desde siempre las principales incógnitas que acompañan a nuestro devenir como seres pensantes, como testigos de la autoafirmación de la formidable Presencia que constituye el Universo y la Totalidad. 

¿Y qué sentido profundo tiene todo ello?

Ese es el contenido del siguiente desarrollo del presente artículo.

lunes, diciembre 29, 2025

Evolución, misterio y creación. (Parte 1)

 "Lo que yo creo".

A la hora de proceder al análisis de la percepción y la sensibilidad en el humano y por extensión a todos los seres vivos, una forma fácil de establecer lo que verdaderamente les diferencia al respecto de otras máquinas o robots es, precisamente, partir de las condiciones de los autómatas más o menos complementados con la llamada Inteligencia Artificial (IA), haciendo uso de lo que establecimos con los conceptos de primera y segunda manifestación del universo.

El robot, aún dotado de la mayor amplitud posible que nos permite la ciencia actual hasta ahora, objetivamente solo puede considerarse perteneciente a la primera manifestación (materia y "aledaños"); el campo mental le sería ajeno según las técnicas más avanzadas.

En un esquema teórico podríamos representarlo por una "caja" de la primera manifestación (incluido dentro de la misma).

En mi opinión, el ser vivo se caracteriza por tener elementos de la primera y segunda manifestación. Una interface entre ambas constituiría el campo mental, más o menos evolucionado.

En el caso lo más simple (campo mental casi irreconocible), la criatura viva  podría esquematizarse con una caja donde la capa externa, una insignificante cubierta apenas identificable, sería el elemento más simple de la segunda manifestación Pero esa simple capa supone un verdadero mundo, un elemento cualitativo que supone "vida" y como tal, el elemento conjunto, esa criatura "viva" más simple, poseería lo que podríamos denominar el "instinto de permanencia" (de "conservación", como se decía anteriormente), y ese "impropio instinto" supone la existencia de una cierta "consciencia mínima" y una "voluntad incipiente" de poder "ejercer" ese "instinto de permanencia", cierta libertad de acción y de voluntad de expresarlo, es decir, de "actuar" (acción). Esa mínima "consciencia" supone una cierta e incipiente representación del mundo que le rodea, "el entorno", y sobre esa "representación" establecería su acción. Entonces ya empieza a aparecer esa "intromisión" de la voluntad del ser vivo sobre la "representación" anterior, que en sí constituye un pensamiento captado por la incipiente consciencia; el resultado, como establecí en la metafísica MoM de la sensación, es la aparición de lo que podríamos llamar la primera sensación de la criatura viva, de su propia presencia, la sensación de ser... Un mundo de "potencialidades" se abre entonces, acompañando a la evolución biológica que la propia materia permite, y que inconscientemente busca el instinto de permanencia como "motor" de la misma. La "complejidad" futura de de la química (orgánica) de la vida inicia su expansión y con ella la aparición de los distintos sentidos (tacto, vista, oído, etcétera) que captan todas las posibilidades que permite la naturaleza: calor, luz, sonido y el sin fin de ondas electromagnéticas que nos rodean con sus distintas frecuencias. Un grupo o conjunto de nuevos sentidos van adornando, con el tiempo, a cada una de las especies que van apareciendo en la Evolución, y que como vemos tuvieron su origen, con carácter general, en la "inmersión" de la voluntad (Schopenhauer, Nietzsche, etcétera) en las estructuras materiales (cuerpos) de los diversos seres vivos.



Desde el mismo origen que palpitaba en la vida, empezaba a "balbucear", pues, la voluntad, la individualidad y su incipiente sí-mismo, la imagen del entorno y la aparición del pensamiento más simple, junto con su ínfima consciencia acoplada, y consecuentemente la "sensación", algo totalmente ausente en el autómata, el robot, aún adornado de la IA que sí puede permitir el aprendizaje, pero ese aprendizaje tiene que "transformarse en pensamiento", lo que sí sucede en el ser vivo más simple con su consiguiente "consciencia", algo inaccesible para el autómata o robot. (Establecí hace años que la definición más simple de vida era: "aglomerado de información (ADN) y sensación").

Advertir de algo evidente y que no estimé necesario exponer al emitir la hipótesis de la metafísica de la sensación (MoM). Para que no haya dudas, ahora sí haré un pequeño resumen complementario de lo que supone el enorme campo de la Psicofísica, con sus conocidas leyes principales: la Ley de Weber-Fecher y la de Stevens (*). Pero a grandes rasgos estas leyes hablan de estímulos (inputs) y de su "incidencia" en los cuerpos que atañen al campo psíquico o mental (subjetivismo) y a los signos materiales internos (neuronales) que les acompañan en su aspecto material (neurotransmisores, trastornos y efectos varios). Realmente lo que significan globalmente es la relación de las intensidades de los estímulos con la subjetividad percibida por el individuo (sensaciones), algo puramente explicado por la fisiología de los propios sentidos y las relaciones logarítmicas y lineales establecidas entre las mismas, aunque no exactamente del todo.

Una vez establecido el grupo de sentidos que corresponden a cada especie, estas leyes psicofísicas se presentan automáticamente sin un especial significado que atañese al puro pensamiento de la criatura viva en cuestión.

MoM como metafísica de la sensación (ver el artículo en esta misma Web) establece, por el contrario y a diferencia de lo que estiman estas leyes psicofísicas, la forma en que la Evolución ha conseguido "construir" el grupo de sentidos que adorna a cada criatura viva.

(Continuará en la Parte 2)


(*)  Ley de Weber- Fechner

Establece la relación entre la intensidad del estímulo físico y la sensación percibida (relación no lineal, sino logarítmica). Se expresa matemáticamente por la fórmula:

P=k x log (l) ; siendo l la intensidad.

También se expresa con la ecuación:  S=k lelevado a n , o también S= c Eelevado a k

n y k dependen de la modalidad sensorial (electricidad, sonoridad, etcétera).


Ley de Stevens

Estudia la relación sensación-juicio del receptor; estando el juicio determinado por el valor de la sensación y por la decisión del sujeto.

En 1972 fue criticada por Zuriff al opinar que la psicofísica se basa en la falacia de que la sensación puede ser medida, cuando lo cierto es que no puede ser observada en un experimento, a lo que Stevens respondió: "Si la sensación evocada por un estímulo es un suceso consciente, entonces el juicio del sujeto sí se puede tomar como medida de ella".

Una crítica más actual dice que la metricidad del espacio perceptivo es asumida en las leyes psicofísicas, y no está claro que este espacio siga la métrica euclediana (Cadvallader, 1978).

Hay que hacer la consideración de que estas leyes no se cumplen cuando el valor del estímulo está cerca del umbral absoluto y cuando es muy grande.

domingo, octubre 26, 2025

Más allá de la muerte: ¿Es posible la eternidad?

 Escribo en el artículo del Blog Foro Esencia del 9 de Septiembre de 2025, titulado "La Presencia y la durée de Bergson", lo siguiente:

"Los pasados subjetivos del instante presente de cada criatura, que son los presentes teóricos de cada momento anterior, en verdad son construidos por el propio yo. Me explicaré. Precisamente el presente actual, para que no haya posible equivocación, voy a denominarle Presencia. Pues bien, la Presencia se considera a sí misma el Presente, y todos los instantes anteriores percibidos son su pasado, sus distintos momentos pasados, que teóricamente coincidirían con cada presente anterior.

Pero, bien sabemos, que esos presentes pasados no se corresponden milimétricamente con los pasados correspondientes u objetivos advertidos por observadores externos. Todo es debido a los fallos, mejor, cambios que sufre nuestra memoria a lo largo del tiempo. Sabemos, por ejemplo, de la extrañeza que se presenta ante nuestros ojos al volver a ver un escenario del pasado que guardamos en nuestra memoria: resulta que, a veces, casi ni se parecen."

Y continúa:

"Aparte de la Ley de semejanza propuesta en varios de mis escritos, es la sensación interna de nuestra propia realidad, la que pone en común estos pasados de la Presencia, además de todas las condiciones del entorno precisas, en el que aquel presente (pasado) se produjo, junto con las acciones, sensaciones, sentimientos, etc. correspondientes. Creo firmemente que es la sensación, globalmente y pormenorizadamente, la que vuelve a rememorarse al recordar, y los pasados son almacenados memorísticamente de esta forma. Un signo, un sentimiento, etc. pueden rememorar esos pasados que son para la Presencia los que almacenó en su memoria."

Y también:

"Así que desde tal punto de vista, son las sensaciones-emociones, con sus diversos matices, quienes gobiernan el enlace entre los pasados, la Presencia y el posible futuro, algo no objetivo", es decir, algo fuera del estricto espacio-tiempo de la Física, fuera ya, por consiguiente, del puro dominio científico actual. (Teóricamente, emociones y sentimientos raramente podrían provenir del futuro, pero sí de un futuro construido de parecida forma a la de los pasados de la durée bergsoniana.)



Con estas premisas, voy a atreverme a sugerir una nueva teoría que en verdad he alumbrado hoy mismo. Consiste en aplicar ahora cuanto expuse acerca de la segunda manifestación del universo, y en particular la aparición de nuevos elementos que acompañan a las estructuras materiales (Kuerpos) de las criaturas vivas. Elementos que van apareciendo en paralelo con los nuevos seres vivos, y que proceden del Omega que va inundando o impregnando a toda la Creación.

Quiero decir que cada presente (pasado) se ve inundado de la emanación sensación-sentimiento que proveniente del Omega corresponde a su estructura material (Kuerpo -un concepto definido en obras anteriores), y  las circunstancias de ese presente. Todo ello se almacena en la memoria accesible por la Presencia. Entonces, la durée se corresponde con el símil de un rosario en el que cada una de sus cuentas son las sensaciones-sentimientos de cada uno de aquellos presentes que, ahora, son el completo pasado de la Presencia, lo que también alcanzaría, a través de cierta neblina, al futuro que se inscribirá en la durée.

Este complejo elemento de la segunda manifestación del universo sería la durée de la criatura viva, que como tal elemento de la segunda manifestación es indestructible, eterno, es decir, existe más allá de las coordenadas espacio-temporales.

Así que, resumiendo, el universo comprendería, además de la materialidad físico-química conocida (primera manifestación del universo), como expresé en otros artículos, los elementos de la segunda manifestación, entre ellos la durée de cada criatura viva. Los elementos de la primera manifestación están sometidos al cambio (mundo material); los de la segunda manifestación (durée, mundo de cualidades, etc.) son imperecederos: ¿Serían, en cierta forma, la eternidad defendida por las confesiones religiosas?

¡Una incógnita persiste en el ambiente y que guarda en sí la esperanza de una forma de perdurar más allá de la muerte física!

miércoles, junio 11, 2025

Unicidad/individualidad/identificación. Psicología de las profundidades.

 Como continuación del  artículo "Criatura humana", publicado en el Blog del autor "Elimperiodelaverdad", amplío la visión de lo establecido en relación a la "durée" de Bergson.

En este artículo hago hincapié en dos visones/sensaciones distintas, una desde fuera de la criatura en sí, y la otra desde dentro.

Resumiendo y atañéndonos al propio fenómeno vital de la psiquis, la mente de la propia criatura humana, es curiosa la diferencia entre las dos sensaciones: totalmente distintas, según el observador externo al fenómeno, y la sensación interna, mental, psíquica del sujeto en cuestión.

Todo tiene que ver con lo que llamo la "responsabilidad" inherente al sujeto. ¿Quién en su sano juicio "no se hace responsable", es decir, no se considera, en el recuerdo, el artífice de su pasado?

En el pasado somos nosotros claramente quienes "balbuceamos" en nuestras acciones, siendo protagonistas de lo que consideramos nuestras acciones, es decir, la expresión de nuestro libre albedrío en aquellos momentos... Y es indiferente que tal "libre albedrío" sea real o fruto de una ilusión... Para nosotros la sensación es la misma. Ello significa que aún cuando los recuerdos no son exactamente un reflejo del verdadero pasado que ocurrió en su momento (numerosas causas tienen que ver con tal circunstancia), en el recuerdo se vive como si existió realmente como ahora lo imaginamos. Y es que claramente, el cuerpo, sus células componentes no son las mismas ahora que en esos momentos del pasado... es más, se produjo una renovación completa de ellas, lo que sucede cada cierto tiempo, lo que incluye a las neuronas, causantes y protagonistas de tales recuerdos. Y, como dije, es sumamente curioso que aunque aquel verdadero agente de la acción en el pasado, es materialmente distinto al de ahora, nosotros en el presente, no obstante, nos consideramos el mismo sujeto, es decir, en cierta forma y muy vivamente, nos identificamos con el mismo. Y todo este proceso es el que asegura la unicidad, la individualidad de cada criatura viva a lo largo del tiempo: el sustento de la "durée" de Bergson.

Y ahora, mirando, observando todos estos sucesos o comportamientos desde fuera, la extrañeza es mucho mayor, pues los cambios físicos de la criatura son más evidentes: a veces no parece la misma persona al cabo de los suficientes años.

Y para más inri, si queremos expresar más nítidamente el proceso, imaginemos que en cada una de las etapas vitales, la indumentaria exterior del sujeto la cambiamos radicalmente... El resultado es que el individuo en apariencia tan distinto, en el fondo es el mismo individuo, tiene su propia individualidad, es único.

Volviendo al sentimiento interno de permanencia, está claro que la criatura se considera la misma a lo largo del tiempo, tiene su propio yo: existe una identificación de su yo a lo largo de todos sus pasados... Y aunque, como he dicho, materialmente su composición material es distinta (células diferentes), su cuerpo es distinto, hay un hilo conductor básico que hace que se produzca tal identificación.



Todo esto forma parte de lo que se llamaba antes "Psicología de las profundidades", los tres conceptos básicos freudianos: yo (ego), ello y superego... Y las consecuencias ya establecidas por los psicólogos clásicos sobre las neurosis, etcétera, etcétera. Este tipo de enfermedades mentales corroboran esa identificación del sujeto consigo mismo en las diferentes etapas temporales.

El añadido que propongo en todo este estado de la cuestión es que ese "hilo conductor" que acompaña a la unicidad, la individualidad, y que produce una  cierta identificación entre todos los teóricos sujetos va a caballo de la propiedad cuántica del entrelazamiento. Esta sería la base material (física) que haría posible el proceso al que llamamos mente (psiquis).

La "durée" de Bergson tendría una base muy sólida, y el individuo establecería así su prominencia sobre el tiempo físico, transformado ya en tiempo vital.

miércoles, marzo 26, 2025

Mecanismo o Metafísica (MoM) de la sensación

 La "aparición" de la sensación.

Colateralmente, el concepto de sensación puede ser abordado desde infinitud de puntos de vista, mas no es esta variedad el propósito del que escribe, es decir, no ir analizando uno a uno los incontables campos donde puede circunscribirse la sensación; por ejemplo, la sensibilidad en general y su relación con los distintos sentidos humanos: vista, oído, gusto, olfato y tacto. 

Lo dicho, se busca únicamente lo esencial: explicar la aparición de las sensaciones en la criatura, en especial lo que perciben los seres vivos en su interior, y que en nuestro caso nos hace verdaderamente humanos.

Sabemos, sin temor a equivocarnos que el cerebro es el órgano básico capaz de "soportar" tal privilegio, por su capacidad neuronal muy por encima de los demás órganos del cuerpo; y en él se circunscribe el "campo mental". Podríamos considerar, a grosso modo, el cerebro, el campo mental, como la compleja máquina capaz de elaborar "pensamientos" continuamente, tanto en el estado de vigilia como en el sueño.

Pues bien, quiero emitir la hipótesis, por evidente que parezca y hasta en apariencia intrascendente, de que nuestro yo, si queremos nuestra voluntad, es capaz de inmiscuirse con asiduidad, "meterse literalmente" en los pensamientos, hasta llegar a una "identificación" plena con los mismos, y esa identificación supone la aparición de las propias sensaciones, acompañadas de los distintos signos identificativos externos. Y precisamente dichos signos son lo único que la ciencia estudia en neurociencia (neurotransmisores, potenciales eléctricos, etcétera).

Mi hipótesis es que la identificación entre los pensamientos y nuestro yo (voluntad, individualidad, etcétera) se refleja o se traduce en dos elementos: lo que llamamos sensaciones, algo interno (el sí mismo), y los signos externos, campo de la neurología.

Lo que reflejo en el siguiente diagrama: 



Algo en apariencia intrascendente por lo evidente que es para nosotros, y a lo que no habíamos dado la menor importancia por natural, representa curiosamente el meollo de la cuestión para poder abordar la metafísica de la sensación, del mecanismo que la hace posible, que explica la aparición de "la qualia", la mente humana con sus facultades "inmateriales" de voluntad, libre albedrío, individualidad, etcétera. 

Además, este proceso nos indica que tales propiedades o facultades "inmateriales", no poseen la misma "jerarquía", o el mismo nivel, puesto que, por ejemplo, la voluntad de la criatura propicia las distintas sensaciones según su implicación o grado de identificación de los distintos pensamientos.

Para hacer más claro el paisaje, imaginemos a un matemático escribiendo en una pizarra los distintos teoremas que va exponiendo en ella en la elaboración de un resultado buscado. Su cerebro trabaja elaborando las fórmulas, y su implicación es, como la de las personas o alumnos que le rodean, es decir, como observador, sin más sensación interna que quizás la "admiración" hacia el profesor. Pero qué diferentes son las sensaciones de alguien con un terror nocturno, cuando su imaginación, creando imágenes, pensamientos, le hace vivir (sentir) dentro de ese entorno terrorífico.

Los grados de implicación, por consiguiente, son muy variados, y así las sensaciones correspondientes.

Esta dinámica capacidad de pensamientos e ideas solo atañe a las "vivificadas" con el proceso de identificación.

Tal esquema tan sencillo, expuesto en el gráfico anterior implica, no obstante, poder explicar otros hechos singulares que atañen a los recuerdos.

Por la conexión entre signos y sensaciones (debido a la identificación), la aparición de ciertos signos evocan antiguas sensaciones que se presentaron en un entorno pasado determinado, lo que en el gráfico he denominado evocación. Nos hace recordar el pasado, primero la sensación en esos momentos, y después el episodio vivido en ese pasado (camino inferior de la flecha retrógrada).

También, directamente nuestra voluntad puede volver a reconstruir (recordar), signos y sensaciones de hechos pasados (línea de la flecha de en medio), sin seguir la pauta marcada en la primera línea.

El motivo del artículo, vuelvo a recordar, es la emisión de la hipótesis propuesta, nada más, acerca, como hemos visto, de la "aparición" de la sensación en la criatura viva, lo que en su ampliación en escritos anteriores definí como la segunda manifestación de la naturaleza (a parte de la manifestación de lo material con sus propiedades físicas).

* Ver la obra del autor "Superego" en la librería digital LULU.

viernes, octubre 11, 2024

La "Transición" humana

 Continuando con la nueva orientación que quiero transmitir en mis escritos, una moralidad global que hunde sus raíces en la protección de los logros habidos en la Evolución, quiero expresar mi convencimiento de que el humano no es, ni debe ser la "cumbre" de dicha Evolución, su abanderado. El motivo es su falta de ejemplaridad y su nula eficacia hasta el presente en el arduo desempeño de la defensa de la vida, de toda la vida que requiere una escrupulosa defensa de todas las especies, del orden imprescindible necesario para salvaguardar todo lo más que se pueda a las mismas. Claro, desde el punto de vista estricto de la lucha de las especies por sobrevivir, necesaria históricamente para el progreso de la evolución biológica, sometida en gran manera al puro azar, y que ha sido imprescindible para llegar hasta aquí, el hombre no debería intervenir, mas los cambios tan lentos e imprevisibles, faltos de inteligencia, que ahora sí poseemos, aconsejan acometer un cambio en el ritmo de la Evolución; ¿Evolución "truncada", pues? Tal vez... pero la Evolución necesita ahora "incorporar" la "inteligencia" en "sus" decisiones. ¿Estaríamos, entonces, jugando a ser dioses?... No diría lo contrario, puesto que ahora nuestra responsabilidad al respecto es bien visible.



Mas hay un "pero", por cierto con notable identidad. Un "pero" respecto a nuestra capacidad para cumplir tal misión. Y el "pero" es: ¿Si no somos capaces de asegurar como humanidad nuestra propia supervivencia, cómo podemos salvaguardar la de todas las demás especies?... ¡El hombre está "rebasado", incapaz de semejante obra!... El hombre precisa, como estirpe, de una "Transición" hacia una humanidad pacífica, conservacionista, ausente de odio, que mire más allá del estricto planeta que nos dio origen, en resumen: ¡Arreglar las cosas en nuestro íntimo hábitat para trasladarse más allá de sus fronteras, transformándose, ahora sí, también, en una criatura "extraterrestre" que abandere la evolución de la vida, expansionando su campo mental! ¿"Transición"?, sí... Y como Transición, y necesariamente, deben de fenecer las antiguas (y actuales) costumbres del odio, la lucha fratricida, el egoísmo, la soberbia, el ansia de Poder, y las tendencias negativas hacia la autodestrucción... Dejar, pues, esta civilización que camina irremisiblemente hacia la hecatombe, la desaparición de la propia humanidad, un retroceso evolutivo que necesitaría nuevamente de una eternidad de azarosos hitos para volver a llegar hasta aquí, el grado de evolución en el que nos encontramos.

La civilización humana presente está demostrando su ineptitud frente al desafío tan extraordinario que tenemos por delante: ¡Esta civilización, pues, debe de ser sustituida por otra tras la imprescindible Transición hacia el nuevo orden! (La "Transición" española, salvando las distancias, representa un hito en la política: ¡El "harakiri" de los representantes del Poder de aquel momento, hizo posible el advenimiento de un sistema democrático!)

Las élites mundiales deberían abrazarse en un proceso de tal tipo, iniciando la Transición que nos llevaría al "transhumanismo de una nueva civilización".

¡La suerte está echada, destrucción o Transición!

viernes, septiembre 06, 2024

Vírgenes católicas

 La riqueza de la imaginería española es proverbial. Los pasos de la Semana Santa de España son suficientemente conocidos en todo el mundo. Hay maestros indiscutibles que crearon esas imágenes para la posterioridad (Francisco Salzillo, Gregorio Fernández, Alonso Cano, etcétera).

Cierto que el turismo hizo el resto en ese conocimiento, pero sus raíces son muy profundas y se retrotraen a cientos de años atrás, siendo consustanciales a la idiosincrasia de cada uno de los pueblos que conviven en la Península.



Dentro de la inconmensurable variedad de figuras del elenco español, y dejando a un lado la singularidad de la espectacularidad de la citada Semana Santa española, voy a referirme sólo a la imaginería que atañe a la Virgen María. Es tal la abundancia de imágenes distintas de vírgenes de los pueblos de España que casi se identifica una en cada pueblo... Mas, sin exagerar, sí son las comarcas, como ampliación del estricto municipio, quienes poseen en su seno la imagen de una de esas vírgenes, que en sí no son más que una condensación de la propia idiosincrasia de cada sociedad, en base a una "devoción popular" fielmente expresada.

Claro, por eso la inocencia del niño (y no sólo de ellos) se asombra en primer lugar de cómo un mismo personaje puede adoptar tan variadas fisonomías, y en segundo, cómo tales pueden identificarse tan fielmente con el ideal de muchacha que las gentes del pueblo imaginan en cada uno de esos lugares, por supuesto, bellas, puras, jóvenes, etcétera... Así que, ¿no parece "superfluo" la creación de tantas figuras distintas de la imaginería?

Pecado..., ¡nada más blasfemo para el devoto religioso que semejante tropelía!... ¡La Virgen, su Virgen, está tan identificada con la devoción popular que ya forma parte intrínseca de sus más acendradas creencias!

Y es tal la fortaleza de ese sentimiento que raya a veces en el sectarismo, religioso en este caso, pero casi similar al deportivo, y hasta el ideológico o político.

Desde tal punto de vista, la supuesta calificación de "superfluo" es de lo más erróneo... Todo lo contrario, esta imagen sobre la Virgen denota una clara superposición sobre la "devoción popular": ayuda a comprenderla, va unida al sentimiento más profundo de cada componente social de la gente, y ayuda a la agrupación social de los individuos de una comunidad.

Todo esto entronca bastante, aunque con menor significado, con lo escrito en su día por Jung sobre los símbolos y los arquetipos.

Esta verdadera "materialización" del personaje expresada en la imagen, claramente va en contra de la indecidibilidad de Alá, de ahí su prohibición en el islam.

Y en tal orden de cosas, por el contrario, en la tradición oriental, el mandala es el símbolo que representa una idea abstracta basada en unas creencias profundas.

Resumiendo: Estimo que la imagen (imaginería), en este caso de la Virgen, es la "materialización concreta" de cada devoción popular.

miércoles, septiembre 04, 2024

EVOLUCIÓN

 En primer lugar hacer referencia a dos verdaderos monstruos del episodio evolutivo: Charles Darwin y Alfred Russell Wallace.

Este último tuvo un amplio campo de trabajo, tanto en el río Amazonas como en el archipiélago malayo. Su nombre ha quedado grabado en nuestros días por su identificación de la llamada línea de Wallace que señala una línea geográfica que divide a Indonesia en dos zonas, una relacionada con los animales comunes en Australia, y otra en la que las especies son en gran parte de origen asiático.

Wallace y Darwin son abanderados de la evolución, aunque según los historiadores de la ciencia existen claras diferencias entre ellos: "Darwin enfatizó la competición entre individuos de la misma especie para sobrevivir y reproducirse, mientras que Wallace dio una mayor importancia a la influencia del medio para forzar a las especies a adaptarse al entorno local". (Wikipedia)

Como sabemos, tanto Darwin como Wallace propusieron que la selección natural era el mecanismo básico responsable del origen de nuevas variantes genotípicas y en última instancia, de nuevas especies. Al mecanismo de cambio Darwin lo conceptuó como evolución biológica. Su combinación con las leyes de Mendel se denomina síntesis moderna o "teoría sintética". Según la misma, la evolución se define como un cambio en la frecuencia de los alelos de una población a lo largo de las generaciones. Y tal cambio puede ser causado por diferentes mecanismos, tales como la selección natural, la deriva genética, la mutación y la migración o flujo genético.

Actualmente la evolución como propiedad inherente a los seres vivos no es materia de debate en la comunidad científica, sin embargo, los mecanismos que explican la transformación y diversificación de las especies se hallan bajo intensa y continua investigación científica.



Dentro de los diferentes tipos de evolución que se han considerado (divergente, paralela, reticular, convergente, etc.), y sus implicaciones tanto filosóficas, como sociales y religiosas, me gustaría poder añadir ciertos matices que acompañarían a las ideas ampliamente expuestas en artículos míos anteriores, como suponen la existencia de las dos principales manifestaciones del universo (primera y segunda manifestación).

A grandes rasgos, mi tesis sobre la evolución se resume en el hecho de que "dicha evolución es hija tanto del azar, como de la libertad del ser vivo, y del devenir del mismo universo (los distintos niveles creados dentro de la segunda manifestación)". Ello supone el no dar prioridad, como muchos alegan, a una u otra de tales causas. No simplemente "azar y necesidad" como se afirmó con asiduidad, sino, sobre todo, debido al impulso interno de cada ser (quizás la voluntad de Schopenhauer, la voluntad de dominio de Nietzsche, las pulsiones de Freud, etc.), dentro de las vías o canales señalados por la segunda manifestación con origen en la propia naturaleza o raíz de la potencia suprema (el propio Dios o Criatura Suprema) que son los polos que conducen toda la evolución universal. Evidentemente, todo ello constituye en el fondo una clara cosmovisión, en la que no se da prioridad a una evolución dirigida, ni a una causalidad azarosa sin sentido o errática, sino a un compendio de todo ello, en el que cada uno de los factores poseen su parte de realidad. Y dentro de los conceptos a desechar se incluyen algunos de los más santificados por la neurociencia, tales como la negación del libre albedrío, la causación puramente material de la mente (neurotransmisores en exclusividad), etc.

En tal cosmovisión, como matriz marco de la evolución, caben tanto el libre albedrío, como las circunstancias del medio, la expresión clara de las leyes físico-químicas, y los designios del devenir temporal del universo.

¡La evolución está abierta a todo, y no da prioridad absoluta a ninguno de los agentes aludidos!

martes, abril 16, 2024

domingo, abril 07, 2024

Hecho consumado e idealismo analítico (Final)

 III. Materia y consciencia: las dos manifestaciones del universo

Las críticas al materialismo en la obra de Kastrup ("Pensando la ciencia"), aunque duras y agrias en ocasiones, tienen bastante parte de verdad teniendo en cuenta el movimiento claramente pendular de la cultura occidental que ha existido a través de los siglos, precisamente en estos temas que atañen a la dicotomía cuerpo-mente, desde los tiempos del medioevo con los escritos de San Agustín, de Tomás de Aquino, la revolución de Descartes y los siguientes embates del marxismo más atroz, y el más reciente asentamiento de un marxismo práctico que situó al materialismo en los mismos frontispicios de la ciencia, a lo largo de los siglos XX y XXI. Es por eso, plausible en cierto modo que los amigos del idealismo, en este último movimiento pendular, exageren ahora en algunos casos la preponderancia del idealismo de la consciencia sobre la materia.

Yo me sitúo casi en el centro de tales especulaciones, pues sin volver a la filosofía "descartiana", sí introduzco en mis planteamientos, no faltaba más, los conceptos cuánticos más recientes, intentando resolver así, una vez más, el "problema difícil de la consciencia".

De esta forma, adopto algunos de los planteamientos del idealismo analítico de Bernardo Kastrup, aunque rebajando un tanto sus pretensiones globalistas; aún así, considero que la mente seguramente configura en gran medida la realidad, pero no del todo. Creo que no se identifica exactamente la materia con las cualidades  de la experiencia, es decir, el mundo material no es en su totalidad el contenido de la percepción, porque lo material es necesario e imprescindible para evocar lo que siente el cerebro, o sea, para que se manifiesten las cualidades en el cerebro. Y es que la evolución en lo material, hace manifestarse al mundo cualitativo en el cerebro.

El idealismo, no obstante, considera que hay "algo ahí fuera", a lo que llama la naturaleza experiencial, una actitud mental transpersonal que sería el universo inanimado, que no posee un estado definitivo antes de ser observado. Por la disociación la consciencia global formaría múltiples alters (como tú y como yo).

No estoy de acuerdo en la afirmación absoluta de que las propiedades físicas resultarían de una interacción entre nuestros propios procesos mentales y los procesos transpersonales dentro de los cuales vivimos, al menos no completamente. Sí considero que tales interacciones constituyen el proceso de observación o medición, que en mi opinión decanta una de las posibilidades superpuestas "de ahí fuera", lo que constituye un "hecho consumado" (para mí, una creación de realidad, llamada suceso o acontecimiento). Traigo a colación aquí la importancia de este "hecho consumado" que avalaría mi propia teoría del tiempo creativo -leer al respecto lo apuntado a lo largo de Simbiotica´s Blog).

Esta última modulación o punto de vista se aparta de la teoría del idealismo analítico, y su consecuencia es que de la forma descrita se va construyendo el mundo físico de realidades que observamos a nuestro alrededor, partiendo de una base inicial, sí física, que habría que estudiar a fondo y que representa el meollo de la creación inicial del universo que desconocemos hoy por hoy, por más esfuerzos que la ciencia actual aplica a su discernimiento.

Quiero creer también, al igual que el idealismo analítico, que cada ser vivo, junto con el universo inanimado como un todo, es una entidad consciente. Adopto, como ya he expresado, la idea de la existencia de los procesos mentales transpersonales que fundamentan en parte al universo inanimado y que no implican necesariamente metacognición (la capacidad "humana" para evaluar explícitamente nuestra actividad mental). El sujeto o criatura que la tiene, además de tener la experiencia, sabe que la tiene, lo que permite, como en el caso humano, la deliberación, el pensamiento y la planificación. Por ejemplo, los procesos mentales puramente instintivos, pese a ser conscientes, carecen de metacognición. Por eso considero, también que, dado que las leyes de la naturaleza se antojan estables y predecibles, la actividad mental transpersonal que subyace en el universo inanimado (materia) es instintiva, no metacognitiva. En mi opinión, aquí intervendría el azar, pues parece que la consciencia universal no tendría necesariamente un plan, sino que puede estar haciendo lo que está haciendo sólo porque tiene la disposición innata a ello.

Estoy de acuerdo con el aserto, también de la MCR (Mecánica Cuántica Relacional), de que las cantidades son útiles para describir diferencias relativas entre cualidades ya conocidas de manera experiencial, pero que fallan rotundamente si se ocupan de las cualidades mismas.

La materia, según el idealismo analítico son los estados experienciales transpersonales (la apariencia extrínseca -imagen- de la experiencia interna en el caso de los seres vivos).

En cierto modo sí me acerco a la idea (salvando las apreciaciones anteriormente expuestas) de que el universo es una construcción mental desplegada en la pantalla de la percepción.

Una vez reflejadas todas mis objeciones respecto al idealismo analítico de Kastrup, y subsiguientemente, a partes de la interpretación cuántica de la MCR, las  que, por otra parte, me han sido útiles para la construcción de mi propia teoría, es hora de exponer esta última, al menos de forma concisa, aquello que constituye, a mi modo de ver, una visión global del universo en su totalidad, una verdadera cosmovisión.

No es corta mi pequeña historia en busca de la aclaración de temas tan peliagudos, como la resolución de las paradojas cuánticas o la incógnita del significado y naturaleza de la consciencia (conciencia), por eso escribí, precisamente, una pequeña obra, "Consciencia y sensación", que curiosamente, aunque los "efectos" serían los mismos, el planteamiento parece opuesto al que asumo ahora; en ella me decantaba por el poder de la materia, todo poderosa, en la que además de las propiedades físicas conocidas de la misma, poseía otras propiedades tildadas de cualitativas, como el sabor, las sensaciones, la psiquis, etcétera. Pues bien, fruto de todo el replanteamiento expuesto en este artículo, y en otros que aparecen en Blogs de mi autoría, como "Simbiotica" o "El Imperio de la verdad", vuelvo a dar un paso más allá en mis especulaciones y, subsiguientemente, vuelvo a construir una teoría que, como movimiento pendular, se decanta por la prevalencia del idealismo de la mente sobre el mundo de la materia, pero en realidad no es tan así, simplemente he trasladado  el mundo de cualidades (mente, sensación) fuera de la frontera material, constituyendo un mundo aparte, que no chocaría con el problema filosófico de envergadura que representa la transmutación de las propiedades físicas en las cualidades que son en sí, mente, sensación, etcétera. (Algo que sí barruntaba en la teoría defendida en la obra "Consciencia y sensación".)



De este modo y con carácter definitivo (irónicamente, por ahora) esta nueva teoría establece que el universo global posee dos tipos de manifestaciones: la primera, o material (mundo físico); y la segunda o mundo de cualidades (mente, sensación, etcétera).

Las características de los dos tipos de manifestaciones aludidas constituyen el meollo de la serie de artículos que publiqué recientemente en este mismo Blog y en los citados anteriormente, que llevan por títulos, por ejemplo: "Las dos claves del universo", "Psiquis, mente y consciencia", y un largo etcétera. Realmente se engloban en mi obra: "Confesiones", aparecida en Simbiotica´s Blog.

Sin más pormenores y como resumen, diría que la cosmovisión que propongo, basada en la existencia de la primera y segunda manifestación del universo, afirma que el Cosmos, provendría de un estado inescrutable, anterior al universo que conocemos y que algunos filósofos orientales asignaban a una Nada metafísica a la que llamaban Tao, mas este no es el objeto de este artículo, sino el intento de explicación del universo en el que nos encontramos y en el que cotidianamente vivimos. Para no extenderme más, recomiendo al respecto el artículo: "Cosmovisión, el sentido del universo", que aparece en mi obra "El Desprendimiento".

Pues bien, partiendo del inicio del universo (Big Bang), la subsiguiente formación de estrellas y galaxias, la aparición de la vida y la psiquis de las criaturas vivas, la evolución consiguió crear en su seno criaturas conscientes como el ser humano que, claramente, son observadores privilegiados del "cuadro general de la Creación" (y no entro en la cuestión de la naturaleza de la criatura creadora, o del agente creador del universo, llamemos como lo llamemos -vuelvo a recomendar el artículo citado antes-, o si el universo tiene la potencia suficiente para existir eternamente).

Opino que la mente de esos observadores han sido y son capaces de "crear realidad" a través de la decantación de las "posibilidades superpuestas del ahí fuera", o  el sustrato de los "procesos mentales transpersonales que patrocina el idealismo analítico, y que no posee un estado definitivo antes de ser observado.

De esta forma, la evolución en lo material en la que participan parcialmente (a partir del azar y la necesidad) las consciencias de los observadores (seres vivos), va configurando estructuras materiales, entre ellas los cuerpos de los seres vivos conscientes (primera manifestación), "necesarios e imprescindibles" para que en ellos (en sus cerebros) pueda manifestarse el mundo de cualidades de la segunda manifestación. En otras palabras, la evolución en lo material hace manifestarse el mundo cualitativo en el cerebro. Esto último produce paralelamente la aparición de nuevos elementos de la segunda manifestación, que al igual que en el idealismo analítico constituyen esos "alters" que propone.

Así que, en cierto modo la evolución darwiniana (biológica), ha sido y es "necesaria e imprescindible" para el nacimiento de nuevos elementos de la segunda manifestación, aunque conviene aclarar rotundamente que de estos razonamientos no se deduce, en ningún modo, que las cantidades reflejadas en el materialismo, producen o sean capaces de dar a luz cualidades, un problema filosófico irresoluble: al contrario, la potencia de la actividad mental transpersonal, en su disociación como producto de la interacción entre nuestros propios procesos mentales y los procesos mentales transpersonales, el agente de tales, si queremos llamarlo así, emergencias, claramente está dentro del mundo de cualidades (segunda manifestación). Existe, pues, una "continuidad" dentro de este mundo, tan natural como pensamientos o sensaciones, ambas cualitativas, que no es la infranqueable brecha entre mente y no mente.

Así, la aparición de estos nuevos elementos de la segunda manifestación (cualidades) equivale a una verdadera creación. Existirían, por consiguiente, globalmente, dos tipos de creaciones: la de la materia-energía del inicio del Big Bang, y las de cada ser vivo como elemento de la segunda generación ("alters"). Lo que no impide que tales "alters" puedan, dentro de su "unicidad" como individuos, estar compuestos del conjunto de cualidades que lo constituyen, y que son a su vez elementos de la segunda manifestación.

Hay implicaciones metafísicas al respecto, por ejemplo en cuanto al devenir de esos elementos de la segunda manifestación, como las criaturas o seres vivos, que se "apoyan" en el elemento material que constituye su cuerpo (primera manifestación); al óbito, fuera ya del andamiaje espaciotemporal que promovió la evolución material darwiniana, ¿su pertenencia a la segunda manifestación le asegura una existencia "ad eterno" (fuera del tiempo?); seguramente sí, pero elucubrar sobre ello nos haría adentrarnos en los terrenos un tanto movedizos de la religión.

Hasta aquí la teoría; las consecuencias habría que analizarlas, un vez asentada la misma, en un próximo futuro.

¡Si lo escrito amplía el horizonte de nuestros pensamientos, mi principal deseo, que sea para el lector lo más provechoso posible!

jueves, abril 04, 2024

Hecho consumado e Idealismo Analítico (Continuación)

 II. El Idealismo Analítico de Bernardo Kastrup

Un resumen de los planteamientos de Bernardo Kastrup expuestos en su obra "Pensando la ciencia".

El idealismo analítico postula un campo transpersonal de la actividad mental más allá de nuestras psiques personales.

Hay un mundo mental ahí fuera, igual que nosotros somos intrínsecamente mentales. Ver las cosas de esta manera sortea por completo el problema difícil de la consciencia, puesto que ya no necesitas salvar la infranqueable brecha entre la mente y la no mente, entre la cualidad y la cantidad, ahora todo es mental, cualitativo, y la percepción no consiste más que en modular un conjunto (personal) de cualidades para ajustarlo a otro (transpersonal).

Al no ser capaces de reconocer la naturaleza (los materialistas) de su propia consciencia a través de la introspección autorreflexiva, mezclan la materia con las cualidades de la experiencia. Piensan que el mundo material es el contenido de la percepción. (No es así, pero lo material es necesario, imprescindible para evocar lo que siente el cerebro).

* Notas propias al respecto: Esta es la conexión que elimina el problema difícil de la consciencia. La materia es necesaria e imprescindible para que se manifiesten las cualidades en el cerebro. La evolución en lo material, pues, "atrae" o hace manifestarse al mundo cualitativo - en el cerebro, por supuesto. El mundo cualitativo puede llegar al Omega -Dios-, gracias a la evolución en lo material -la evolución de la vida.

 Continúan las afirmaciones de Kastrup:

Para un idealista, sólo hay mente, siendo la materia nada más que el aspecto de ciertos procesos mentales desde un punto de vista determinado.

El fundamento de la existencia es la consciencia fenoménica.

En mi opinión, ese "algo ahí fuera" es la naturaleza experencial, esto es, consiste en actividad mental transpersonal. Dicha actividad mental sólo se nos presenta como el universo inanimado.

Lo que hay ahí fuera, sea lo que sea, no tiene, más allá de la actividad mental individual un estado definitivo antes de ser observado.

El entorno en sí mismo no comprende objetos con posición, forma, etc. precisos, sino que consiste en posibilidades o tendencias superpuestas.

Por disociación, la consciencia animal formaría múltiples alters desunidos como tú y como yo; esto es, la vida es la apariencia de un proceso disociativo a un nivel universal cuando se observa desde el otro lado de su límite disociativo.

Las propiedades físicas resultan de una interacción entre nuestros propios procesos mentales y los procesos mentales transpersonales dentro de los cuales vivimos. Esta interacción es lo que los físicos llaman observación o medición, lo que amplifica cognitivamente una de las posibilidades superpuestas de ahí afuera y conduce a la impresión de que habitamos un mundo físico determinado. Así pues, el mundo físico no es más que una imagen en la mente individual del observador, cada uno de nosotros percibe su propio mundo físico, definido por el contexto de sus propias observaciones.

Mantengo que sólo hay una consciencia animal.

Desde el interior (1ª persona) cada ser vivo, junto con el universo inanimado como un todo, es una entidad consciente.

Desde el exterior (2ª o 3ª persona) nuestras respectivas vidas interiores se presentan con la forma de aquello a lo que llamamos "materia" o "cualidad física".

La "materia" -toda materia- es simplemente el nombre que atribuimos a la apariencia de la vida interior consciente desde el otro lado de su límite disociativo. Éste es el motivo que hya correlaciones tan estrechas entre la experiencia interior y las pautas mensurables de la actividad cerebral.

Los procesos mentales transpersonales, que sustentan y sirven de fundamento al universo inanimado, no implican necesariamente metacognición. La metacognición es nuestra capacidad humana para evaluar explícitamente nuestra propia actividad mental, lo cual requiere algo más que la pura consciencia fenoménica. Una experiencia es metacognitiva si, además de tener la experiencia, el sujeto sabe que la tiene. La metacognición permite la deliberación, el razonamiento y la planificación. Los procesos mentales puramente instintivos, por otra parte, son aquellos que, pese a ser conscientes, carecen de metacognición. Dado que las leyes de la naturaleza se antojan estables y predecibles, la actividad mental transpersonal que subyace en el universo inanimado es instintiva, no metacognitiva.

En opinión del autor, la consciencia universal no tiene necesariamente un plan; puede estar haciendo lo que está haciendo sólo porque tiene la disposición inmanente a ello.

La "materia" es la etiqueta útil que ponemos a los contenidos de una modalidad particular de la experiencia: la percepción.

Pienso que los contenidos de la percepción -me refiero a las disposiciones particulares de las cualidades perceptibles, como el color, el sabor, el olor, etcétera- no son más que representaciones o fenómenos del mundo tal cual es en sí mismo. Lo que he estado llamando "apariencias extrínsecas" son equivalentes, al menos en gran parte, a las "representaciones" de Schopenhauer y de los "fenómenos" de Kant.

De acuerdo con el idealismo analítico, el andamiaje del espacio-tiempo y las percepciones básicas que lo pueblan son mecanismos cognitivos que hemos desarrollado como especie, no existencias independientes, por eso están integrados en el organismo.

A diferencia de las percepciones básicas (píxeles), esta narrativa interior se transmite por la cultura y la educación. Es precisamente una de esas historias vinculadas a la cultura la que conduce hoy a la mayoría de las personas a mirar al mundo exterior y ver objetos discretos hechos de materia fuera de la mente.

Las cantidades son útiles para describir diferencias relativas entre cualidades ya conocidas de manera experencial, pero falla por completo al ocuparse de las cualidades mismas.

Sostengo que el mundo exterior está construido por estados experienciales transpersonales que se presentan a nosotros en forma de lo que llamamos "materia". La materia, por tanto, no es sino la apariencia extrínseca -la imagen- de la experiencia interna. En los seres vivos, la "materia" que constituye su cuerpo es la apariencia extrínseca de sus estados experienciales individuales (siendo esta la razón por lo que las partes mensurables de la actividad cerebral se correlacionan con la experiencia interna). En el caso del universo inanimado, la "materia" es la apariencia extrínseca de los estados experienciales transpersonales.



Para Zeilinger "no tiene sentido suponer que lo que medimos [esto es, observamos] en un sistema posee realidad [independiente].

A continuación Kastrup expone diferentes opiniones al respecto.

"La física cuántica se despide de la realidad" (Cartwrigt, 2007).

"Algunas predicciones de la MC son incompatibles con la no contextualidad (independencia respecto a la observación), incluso para una amplia e importante clase de teorías no locales" (Leggett, 2003).

Resultados experimentales de los que se informó en el 2007 (Gröblacher) y el 2010 (Romero) han confirmado estas predicciones. Reconciliar estos resultados con el actual paradigma requeriría una redefinición profundamente contraintuitiva de lo que llamamos objetividad (¿realidad?). (¿Hay que ignorar estas anomalías?).

Tomados en conjunto estos experimentos, indican que el mundo cotidiano que percibimos no existe hasta que es observado, lo que a su vez sugiere que la mente desempeña un papel fundamental en la naturaleza.

Y recientes experimentos parecen haber demostrado el aspecto central y definitorio de la MCR (Mecánica Cuántica Relacional) de Carlo Rovelli (1996), que el mundo físico, en efecto, depende del observador de manera análoga al movimiento (Proietti et al, 2019; Emerging Technology from de arXiv, 2019).

El mundo consiste en una superposición unitaria de potencialidades (en la medida en que las personas pueden saber, antes de ser representado a través de la percepción consciente). Esta superposición -indivisible, puesto que el entrelazamiento cuántico impide que los elementos de la superposición sean describibles separadamente unos de otros- es incompatible con la existencia de objetos individuales separados y de eventos con propiedades determinadas.

* (Nota propia: ¿Explicaría esto la unicidad del ser vivo, de la segunda manifestación del universo? - Ver la parte III de este artículo).

La decoherencia no obvia ni excluye la posibilidad de que la consciencia sea la agencia que hay detrás del colapso de la función de onda.

Aunque no hay duda de que cada organismo -de acuerdo con la MCR- pueda habitar su propio mundo de percepciones, "los organismos están rodeados por un entorno común de pensamientos, lo que evita el solipsismo, al menos en esencia". (Afirmación de Richard Corn Henry de que "el universo es por entero mental". Revista Nature 2005).

El problema es que la teoría cuántica contradice nuestra comprensión intuitiva de lo que significa real. De acuerdo con la teoría, si dos partículas reales A y B son preparadas de una manera especial (se supone entrelazadas, en mi opinión), lo que Alicia ve cuando observa la partícula A depende de cómo Bob observa al mismo tiempo la partícula B, aunque ambas partículas -así como Alicia y Bob- están separadas por una distancia arbitraria (para mí, esto es normal, considerando que A y B  tienen una realidad compartida debido a su entrelazamiento). Según el razonamiento expuesto por Kastrup, esta "acción fantasmal a distancia" (Einstein) contradice o bien la causación local, o bien la misma noción de que las partículas A y B son "reales", en el sentido de existir con independencia de la observación.

Pero resulta que ciertas propiedades estadísticas de las observaciones (Leggett, 2003) -confirmadas experimentalmente (Cartwrigt, 2007)- indican lo último: que las partículas no existen con independencia de la observación. Y puesto que la observación consiste en última instancia en lo que se aprehende en la pantalla mental de la percepción, la consecuencia puede ser que "el universo es por entero mental".

La raíz de todas estas incertidumbres filosóficas es la suposición no examinada de que sólo existen las cantidades físicas.

Según Andrei Linde "nuestro conocimiento del mundo no comienza con la materia, sino con las percepciones".

En ausencia de un absoluto, de un sustrato independiente del observador, el mundo físico de la MCR sólo puede ser los contenidos de la percepción. Pero para Bernardo Kastrup, junto con los contenidos de la percepción también hay, desde luego, categorías mentales no perceptivas, como los pensamientos.

La mecánica cuántica no predice pensamientos, sino sólo el despliegue de la percepción. En opinión de Kastrup, todas las cantidades físicas que se despliegan en la pantalla de la percepción pueden surgir como relaciones entre pensamientos. Esta línea apunta a la mente como el sustrato primario de la naturaleza, cuyos estados discernibles constituyen la información.

Entonces, el pensamiento -cuyas características ambigüedades tal vez sean lo que los estados de superposición cuántica representan en última instancia- subyace en toda la naturaleza, no sólo en los organismos vivos.

El mundo físico de un organismo observador puede surgir de una interacción -una pauta de interferencia- entre los pensamientos de este organismo y los pensamientos transpersonales que subyacen en el universo inanimado que lo rodea.

Una de las implicaciones teóricas más extrañas de la mecánica cuántica es que observadores diferentes pueden dar cuenta de manera diferente -aunque con idéntica validez- de la misma secuencia de eventos.

Para Kastrup las cantidades físicas se limitan a describir nuestras percepciones y, por tanto, depende de cada uno de nosotros como observadores.

En los últimos años, el grupo de Donald Hoffman en la Universidad de California, en Irvine, ha mostrado que nuestro aparato perceptor no ha evolucionado para representar al mundo verídico, como es en sí. (Pero sí para la supervivencia). Si viviéramos el mundo tal y como realmente es, estaríamos abocados a una rápida extinción (Hoffman, 2009; Hoffman y Singh, 2012).

El universo es una construcción mental desplegada en la pantalla de la percepción. Es a este universo mental al que nos está conduciendo la Física, no a los aspavientos ni a los juegos de palabra del realismo de la información.

Solo hay una salida razonable: considerar nuestras percepciones como un panel de indicadores que proporcionan la información más importante, aunque sea de manera indirecta, sobre el universo mental de ahí fuera.

El futuro de la física -y de toda la Ciencia- es la mente; no solo la individual, la del lector o la mía, sino la mente como la esencia transpersonal que confiere a la materia su realidad interna. Ahí radican las soluciones a los enigmas de la mecánica cuántica, al problema mente-cuerpo y a las, por lo demás, extrañas conexiones entre las matemáticas y la física. ("Universo matemático" de Max Tegmark).


lunes, abril 01, 2024

Hecho consumado e Idealismo Analítico

 Una nueva teoría que afecta a la Cuántica y la globalidad del hecho científico es el objeto de este artículo que se desarrollará en tres partes, siguiendo el siguiente esquema:

I.   El observador HC

II.  El Idealismo Analítico de Bernardo Kastrup

III. Materia y consciencia: las dos manifestaciones del universo


I. El observador HC

Parece mentira que con tanta alusión en la Física al observador, no se haya producido el estudio en profundidad de este agente principal de la Cuántica... Se afirma y se niega continuamente el papel de la consciencia en relación a la realidad (es un problema, ni mucho menos resuelto de la MC). Un tema peliagudo que se une a la irresoluble cuestión de la propia esencia de la consciencia... Un quebradero de cabeza para los científicos ("el problema difícil de la consciencia").

Si tanta importancia tiene la cuestión, a favor o en contra, ¿no es hora de abordar seriamente el significado y el papel de este observador, al que aludimos siempre en los experimentos de la MC?

Pero, en primer lugar, ¿a qué tipo de observador nos estamos refiriendo? ¿Quién es realmente el protagonista o el agente de la observación, la medida?

¿Es lo mismo un observador humano que un instrumento mecánico o físico al que se le atribuyen las mismas aptitudes prácticas?

Pues bien, en mi opinión, hay un enorme error en el que inciden continuamente los investigadores que proyectan experimentos cuánticos, y es que confunden e igualan los anteriores... Rotundamente niego la mayor: el experimentador humano y su medidor instrumental no son lo mismo... Al final de la cadena, un humano levanta el "acta notarial" que ¡certifica la medida!

Desde tal punto de vista, pues, el problema del observador (de la medida) se reduce al de la consciencia, su significado, su esencial naturaleza.

Y tan así lo veo, que afirmo que el observador consciente posee un estado único que es su "interioridad", que no está sometida al vaivén de estados que supone la llamada "superposición de estados", tal como presupone en general el propio mundo cuántico en todo "objeto" material , de acuerdo con la función de onda cuántica de Schrödinger. Esta "interioridad" es un estado único que no mide el propio sujeto o individuo: ¡no hay medición, porque es un estado único basado en la "intuición" y la "sensación" interna! Precisamente, esta anulación de la supuesta "superposición de estados", sería el elemento claramente definitorio de la consciencia.

Yo llamo a este observador humano (extensible a otros seres vivos, quizás no a todos) "el sometido a la propiedad del Hecho Consumado", resumiendo HC, es decir: Observador HC.

Nuevamente y como gran simplificación, el observador HC es el dotado de consciencia, y de igual forma, la consciencia, al menos en lo que se refiere a la medida, solo "habita" en el observador HC.

¡Aquí tiene el científico la posibilidad de avanzar en el esclarecimiento y explicación de lo que es y supone ese fenómeno tan extraordinario de la consciencia!

Asignar a cualquier instrumento de medida construido por el hombre la propiedad esencial de la observación es un absurdo... El instrumento, como tal materia inanimada, sí está sometido a la "superposición de estados" (los suyos), y es necesaria la participación de una consciencia para la "decantación" de un estado (o un colapso de la función de onda como predice la clásica interpretación de Copenhague de la Cuántica).

De un plumazo, la paradoja del gato de Schrödinger, y su derivada "el amigo de Wigner", dejan de serlo: "Una consciencia (el observador humano) decanta un estado que se hace realidad por su intercesión, cosa que un observador teórico instrumental (aparato) será incapaz de realizar, ¡si una mente humana no da constancia de tal medida!"... Un observador humano exterior a tal hecho, no puede incluir en el sistema conjunto, objeto de medición e instrumento, al observador humano interior (el sistema inicial).



Con referencia al problema del observador y lo observado conviene traer ahora a colación, lo que nos dice la propia Wikipedia dentro de la conocida interpretación de la Mecánica Cuántica Relacional (MCR).

Consideremos el observador O, midiendo el estado del sistema cuántico S. Se asume que O tiene información completa sobre el sistema, y que O puede anotar la función de onda,          l ψ>, describiéndolo. Al mismo tiempo, hay otro observador O´ que está interesado en el estado de todo el sistema O-S, y O´ tendría también información completa.

Para analizar este sistema formalmente, consideremos un sistema S que puede tomar uno de los estados designados por I ↑> y l ↓>, ketvectores en el espacio de Hilbert Hs. El observador O desea realizar una medición en el sistema. En el momento t1, este observador puede caracterizar el sistema de la siguiente manera:

|Ψ>= ∝|↑>+β|↓>,

donde |∝> al cuadrado y | β > al cuadrado son probilidades de encontrar el sistema en los estados respectivos, que obviamente suman 1. Para nuestros propósitos, podemos suponer que en un solo experimento, el resultado es el estado propio | ↑ >. Entonces, podemos representar la secuencia de eventos en este experimento, con el observador O haciendo la observación de la siguiente manera:

t1               →          t2

∝ | ↑ > + β | ↓ > → |↑ >

Este sería el caso A. Y sería la descripción del observador O del evento de la medición. Ahora bien, cualquier medición es también una interacción física entre dos o más sistemas. En consecuencia, podemos considerar el producto tensorial del espacio de Hilbert Hs⛒Ho, donde Ho es el espacio de Hilbert habitado por vectores de estado que describen O. Si el estado inicial de O es |init>, algunos grados de libertad en O se correlacionan con el estado de S después de la medición, y esta correlación puede tener dos valores: | O↑> o | O↓>, donde la dirección de las flechas en los subíndices corresponde al resultado de la medición que O ha hecho en S. Si ahora consideramos la descripción del evento de medición por el otro observador, O´, quien describe el sistema combinado S+O, pero que no interactúa con él, a continuación se da la descripción del evento de medición de acuerdo con O, de la linealidad inherente al formalismo cuántico:

t1                                        ⟶                                        t2

(∝ | ↑ > + β | ↓ >) ⛒ | init>   →  ∝ | ↑ > ⛒ | O↑> + β | ↓ > Ⓧ | O↓ >

Este sería el caso B.

Así que si no hay variables ocultas u otros factores, los dos observadores O y O´ darían relatos diferentes de los eventos t1 y t2.

Una opción para solucionar esto sería otorgar un estatus preferido a un observador o tipo de observador en particular, lo que intentaremos a continuación al introducir los observadores citados anteriormente, HC.

Hay una clara diferencia entre la medición (interacción física) que realizan directamente sobre S los observadores HC, y la pseudomedición (sin interacción) que realiza O´ sobre la medición verdadera de O.

No puede haber una medición simultánea verdadera de O y O´. Si HC está en O, su medición es verdadera. Si HC está en O´ sería una pseudomedición (por no haber interacción según lo observado en la medición de O, por la propia definición de MCR). Pero si hay interacción de HC en O´, no puede aplicarse el caso B.

En el caso de la existencia simultánea de HC en O y O´, solo vale la medida de O, caso A.  O´ realizará una medida verdadera de del sistema O-S, sin que perciba ninguna correlación entre O y S, es decir no aparecerán | O↑> y | O↓>.

De ahí los resultados tan paradójicos de muchos experimentos cuánticos, al tomar como válidos observadores puramente materiales como electrones y sobre todo cuantos de luz, fotones, que no son en absoluto HC.

En conclusión, la MCR sería válida si introducimos el concepto de observador HC, lo que permitiría o se asemejaría a la interpretación cuántica clásica de Copenhague.

En consecuencia, consciencia y HC (observador) son indisolubles, mejor, son lo mismo: ¡Este salto conceptual, en mi opinión, es trascendente! Viene a cuento, siguiendo con mis apreciaciones, la valentía intelectual de Albert Einstein, salvando por supuesto las distancias, de erigir y aceptar de forma rotunda las nociones de espacio y tiempo relativos que aparecían en sus fórmulas de la relatividad especial... Se requiere mucha valentía intelectual para asumir ese trascendental cambio en el mundo newtoniano, ese salto abismal en las concepciones más básicas, obra de un genio adornado de las convicciones más profundas en sus propias capacidades intelectuales... De igual forma, esas convicciones tan fuertes le apartaron del posterior desarrollo de la Mecánica Cuántica, en su suposición de la existencia de variables ocultas y la "acción fantasmal".