Lo que yo creo:
Lo primero: describir someramente el título.
¿Qué es la "auto creación" de Dios? ¿Por qué lo uno indistintamente a "El universo"?
La verdad es que el título ya resume absolutamente todo el contenido del texto que va a continuación.
Bueno, decir que su inspiración va a caballo de toda la doctrina de los filósofos Spinoza, Schopenhauer, Nietzsche y pinceladas de otros pensadores ciertamente importantes.
No quiero inmiscuirme en los intríngulis de confesiones religiosas, pensamientos establecidos con anterioridad de la filosofía oriental, incluso las del mundo que más cercanamente nos rodea, pues los conceptos que se verterán los considero genuinos, extraídos de mi propia cosecha a lo largo de no pocos años.
El concepto de "auto creación de Dios" lo considero un salto respecto a la propia esencia de Dios establecida en diferentes confesiones metafísicas y religiosas.
Sin darle más vueltas al asunto, todo se resume de una forma muy escueta en que el universo, de forma "paralela" a las ideas de Spinoza, está transido de la huella de Dios, pero voy aún más lejos: no solo el universo es el propio Dios, sino que es en sí la totalidad de la "película", la magnificencia de la propia creación de Dios mismo, el proceso por el cual Dios es lo que es. Al no existir suficiente fuerza, o entidad tan poderosa que pudiera "crearlo", es "Él mismo quien se crea", se "auto crea", y ese fabuloso "proceso" es el "universo mismo" en toda su completitud, ¿infinito temporal y espacial?
Pero lo más importante es, si lo anterior no lo es suficientemente, que en dicho "proceso" nosotros, mejor, la "conciencia" tiene un protagonismo trascendental.
Muchos conceptos se entrelazan para llegar a tales conclusiones: la primera y segunda manifestación del universo (*), la evolución, las fantásticas propiedades del mundo cuántico (retroacción temporal, entrelazamiento...) y ¿otros?
Lógicamente, he de ir por partes: la enjundia es considerable, y así lo requiere.
De un plumazo, quiero decir de forma sencilla y rotunda: muchos de nuestros anhelos como estirpe y misterios profundos que nos atañen pudieran barnizarse con una pátina de cierta luz clarificadora que adornase nuestra inteligencia.
Advertir de muchos supuestos que ante tamaño planteamiento debemos considerar. El referirse a cuestiones tan impresionantes que se refieren a Dios mismo, cuya inteligencia y potencia se manifiestan tan claramente muchísimamente superior a nuestra limitada inteligencia, la aparición de lagunas en el entendimiento se antoja inevitable. Nuestra modestia en tal reconocimiento, en mi opinión, no debería limitar nuestra insaciable ansia de conocimiento, ni limitar por consiguiente nuestra imaginación... Y es que el tema del infinito, que se supone ligado indisolublemente al concepto de Dios, no debe ser una barrera, sino un acicate que nos lleve a un cierto acercamiento asintótico a conceptos tan sublimes.
Quiero empezar el principio de este artículo que se prolongará en varias entregas, suscitando el interés que creo se aprecia en las palabras precedentes.
Hasta la próxima.
(*) Tales conceptos de primera y segunda manifestación del universo serán explicitados a lo largo del artículo.






