viernes, marzo 06, 2026

Religión sí, y Ciencia también

 El mayor peligro al que se enfrenta la Civilización Humana es el de su autodestrucción.

Se especula que la Paradoja de Fermi, en la que se especula que es sumamente extraño que ante la magnitud del universo, con su infinidad de galaxias, planetas y otros objetos siderales que se cuentan por billone y billones, ante la proliferación de vida en nuestro planeta Tierra, parece casi imposible que no hallamos encontrado otros seres vivos extraterrestres, y más allá, otras civilizaciones tecnológicas cuyas señales hubieramos podido percibir.

Una de las soluciones a esta paradoja, aparte de la enormidad de las distancias (medidas en años luz) que separan entre sí cada uno de los elementos del universo, sería la posibilidad de que las civilizaciones tecnológicas por regla general sucumbieran en unos pocos miles de años, tiempo insuficiente para para que se den la relaciones o conexiones necesarias  entre las mismas.

¿Este sería el destino de nuestra propia civilización?

No sería extraño, así que nuestra principal preocupación debería de ser intentar poner cuantos más medios mejor para que ello no se produzca. Algo prioritario, entonces, hacia lo que deberíamos poner todo nuestro empeño...

Desde tal punto de vista, es preciso el análisis de todas aquellas circunstancias que ponen en peligro, a nuestro entender, nuestra propia supervivencia.

El estado actual de tensiones, guerras, ideologías contrapuestas, etc. existentes en el mundo, nos hace ser muy pesimistas al respecto.



Siempre la guerra fue algo negativo para la convivencia humana, y hoy no lo es menos, agravada por el desarrollo tecnológico que ha aumentado mucho el riesgo, hasta el punto del temor a una III Guerra mundial que supondría, dada la potencia de las armas actuales, practicamente nuestra extinción, al menos de nuestra civilización y posiblemente hasta de la misma especie humana... Otras especies serían nuestro relevo, tal vez, pero estaría en peligro hasta la propia Vida que conocemos.

Desde tales perspectivas hay que analizar, entonces, aquellas ideologías susceptibles o capaces de provocar enfrentamientos fraticidas... Entre tales ideologías, el hecho religioso no es menor... Muchas religiones no propugnan el enfrentamiento, entre las que destacan muchos credos orientales, pero otras tienen en sí el germen de la aspiración a la supremacía sobre las otras, intentando borrarlas del mapa...Que cada una analice su actitud ante tales males presagios...

Si no es el caso, la Religión no solo no es peligrosa, sino por el contrario representa un acicate para el crecimiento espiritual y el asentamiento del amor mutuo.

Lo mismo decimos respecto a la Ciencia y la Tecnología. En sí no son perturbadoras, sino un adelanto, un progreso en cuanto al dominio de los elementos naturales opuestos a las posibles catástrofes ya sean naturales o del espacio que nos puedan afectar... Pero todo posee una segunda cara, que nosotros calificamos como mal, entre ellas el descontrol que supone el bagaje armamentístico aplicado sobre nosotros mismos, un cainismo presente en la Humanidad desde el principio... Así que lo dicho:¡Religión sí (con aquellos matices) y Tecnología también (bien enfocada)!

domingo, febrero 15, 2026

Fases evolutivas de la Conciencia Universal

 El fin, el advenimiento de la Conciencia Universal, precisa de una serie de pasos que la hagan posible.

Por supuesto, en primer lugar la aparición de la mente-consciencia de los seres vivos, fase del pasado y presente de nuestra evolución terrestre. 

Un segundo período sería el de conformación de la conciencia global a escala planetaria, muy lejos de nuestras pretensiones presentes que requiere el esfuerzo de todos y el horizonte de una misma mirada que nos transforme, desde "hijos" de la naturaleza, a "precursores" de la cierta evolución que nos dirija en un futuro a largo plazo hacia el summum del punto Omega.

El honor del inicio "precursor" del claro camino hacia la meta soñada será proseguido, desde la conciencia planetaria a la conciencia global de la galaxia, y después de la conciencia intergaláctica que ya sí podemos denominar la Conciencia Universal anunciada.



No deja de estar en boca de todos la llamada "paradoja de Fermi", la extrañeza de que otros seres inteligentes del universo no hubieran "contactado" ya con nosotros, dada la evidente posibilidad de ello, debido al enorme número de elementos cósmicos potencialmente capaces de albergar vida... Yo creo que ello es más bien una bendición... La lejanía entre las posibles civilizaciones inteligentes, da pie a la evolución independiente de cada una de tales civilizaciones sin interferencias que adulteraran su genuina esencia.... A nivel puramente material, estimada de acuerdo con las leyes de la Física que conocemos, la extrema dificultad de llegar a las supuestas civilizaciones inteligentes asegura que la "interrelación" entre dichas civilizaciones sea prácticamente nula... Pero con un matiz, el salto a otras posibilidades de interrelación que supere las leyes exclusivamente materiales, como pudiera ser el campo mental ampliado y desarrollado hacia lo complejo, sí lo haría posible... Mas ello significa un cambio cualitativo, que nada tiene que ver con nuestras históricas experiencias de asimilación de una civilización por otra más desarrollada, como ocurrió con el descubrimiento de América, o con la hegemónica civilización romana sobre el mundo circundante, etcétera.

El salto cualitativo, pues, se produciría desde la premisa de la consolidación de las conciencias galácticas e intergalácticas que en sí adoptarían una moralidad social muy lejos de la que vemos a nivel terrestre actual.

¿ Que no seamos capaces de abordar como especie Homo el paso a la conciencia planetaria, necesario para lograr después la conciencia galáctica, es otra cuestión?... El universo estaría lleno de civilizaciones cuya propia autodestrucción abortaría para ellas tan esperanzador destino. Amén.

martes, febrero 03, 2026

El esplendor de la naturaleza; la "realización" de Dios

 Contra todo pronóstico, y en los nuevos tiempos se abre paso una nueva moralidad, más alejada de los aspectos religiosos de lo que aparentemente podría parecer.

Vuelve a revalorizarse el estoicismo (Séneca, Marco Aurelio tienen buena parte de culpa), la potencia y la clarividencia del sempiterno Nietzsche, del sutil Schopenhauer, del vitalismo en todas sus formas; no es hora de nihilismos filosóficos, ni existencialismos angustiosos que no conducen a nada.



Reivindico la fuerza de la naturaleza, su esplendor, el renacer vital de la primavera, del nacimiento, de la explosión de vida del ave fénix: la maravilla de la vida, su camino vigoroso al andar, la creación que ello supone dirigida hacia un horizonte de luz, de maravilla: de transformación vital, del propio Acto de la Creación dirigida hacia el punto Omega en que consiste Dios, que no es ajeno a nuestra propia voluntad, que colabora con Él en su autocreación (las potencialidades se hacen reales a través de nuestras consciencias, contribuyendo así a la "realización" de Dios). Y Dios no está solo, pues es también multitud, la que conformamos todos los seres vivos conscientes que con su voluntad se autocrean, y crean el mismo Ser.

Aquí aparece la nueva moralidad, más allá del siglo XXI humano. Si pudiéramos definir el Bien, no sería más que los pasos dados en la consolidación de tal camino, nuestra inclusión en esa enorme calzada que conduce al Omega, incorporando nuestro propio ser al Ser Supremo del punto Omega.

¡Contribuyamos a la "realización" de Dios!

viernes, enero 09, 2026

Evolución, misterio y creación (y Parte 3)

El verdadero "meollo" del relato que sustenta todo el artículo: ¡La Creación!

Aquí la Creación se divide en dos partes; cada una atañe a la "manifestación de la naturaleza o del universo" correspondiente.

En la "primera manifestación", la que tiene que ver con la materia en sentido amplio, su "creación" es la que tiene que ver con la más conocida del origen o principio de los tiempos, que sin ir más lejos y sin tener en cuenta otras consideraciones de "trazo más fino", podríamos señalar globalmente como la "creación del Big Bang", por supuesto sin citar otras teorías no desechables en absoluto, y que con carácter general atañen al mundo físico o material que nos rodea, y que podríamos considerar, por encima de otras consideraciones, como una visión clásica.

Lo novedoso en el tema se refiere a la creación dentro del ámbito de la "segunda manifestación", que atañe al propio corazón de esta segunda manifestación, de ese "mundo de cualidades" tan identificable dentro de la vida. Y es que cada ser vivo, con su individualidad, es una verdadera  creación "novedosa" dentro del inerme mundo de la materia.

Una frase que acuñé hace años: "El ser es libre, solo y únicamente porque se crea a sí mismo"... Estamos ante una creación muy particular, pues no se debe a algo ajeno a sí mismo, a otro u otros, sino al propio ser, en particular a su Voluntad, a su Consciencia.

Este es otro tipo de creación, la que se produce en cada ser vivo, a lo largo de los tiempos, con base a la evolución de la vida, que "da a luz" nuevos seres únicos, con la capacidad de libertad suficiente para configurar un único "comportamiento", el suyo, que se traduce en una "ontología del ser", una naturaleza propia que como tal está dotada de cierta consciencia, cierta libertad que permite la "constitución" de su propia naturaleza (la existencia antes que la esencia, como apuntaba el filósofo Sartre); desde tal punto de vista, "la creación de sí mismo".



Pero esta creación no es indiferente del "entorno" que rodea a la criatura, y lo que es más trascendente, del "influjo", de la "iluminación" que desde el final de los tiempos, el Omega, emite el Dios Creador, el summum de la Evolución Universal.

El cuadro es impresionante, magnífico, pues llena o calma toda aspiración de los espíritus más excelsos: la evolución continua de las criaturas "in crescendo" desemboca en el Ser Supremo, de tal forma que la aparición de las consciencias de los diversos seres vivos, gracias a su voluntad y libertad de elección (aún cuando muchos de los comportamientos sean inconscientes), origina un desarrollo evolutivo exponencial que finalmente concluye en el Ser Supremo del punto Omega, y desde allí tal fantástico Ser "ilumina" y a su vez "promueve" ese desarrollo que conduce a Él... Y en ese "promueve" se sitúa el mayor misterio del que solo llegamos a comprender simples indicios (realmente estamos inmersos en una especie de "cueva de Platón"). Existe una retroacción temporal, y a su vez un avance en dirección al futuro que tan misteriosamente como puede vislumbrase parcialmente desde las extrañas propiedades cuánticas, llegan a configurar todo el entramado espaciotemporal en el que la Totalidad, como ese Dios que imaginaba Spinoza, se construye a sí mismo, con la contribución solidaria de todas las otras consciencias que somos todos nosotros y todos los seres vivos que han sido, son y serán.

El Universo, con sus variadas dimensiones, no es más que el artificio utilizado por la Totalidad Dios (Ser Supremo) para su propia creación, que a su vez es la de todos.

Espacio, tiempo, etcétera son meras dimensiones cuya importancia en sí tan solo consiste en ser el medio dentro del que se manifiesta la Creación y la presencia del Ser Supremo.

Dios sería, pues, parecido al que definió el filósofo Spinoza en su día, que en nuestra visión actual aparece aún más majestuoso y esplendoroso.

Nuestro papel: ¿Quieres contribuir y con ello transformarte en una pieza básica de la infinita expansión de lo divino?

¡El Universo desde la misteriosa Nada del Origen, hasta la gloria del Punto Omega, incluidos nosotros, somos simplemente (nada menos) la Presencia de Dios!


domingo, enero 04, 2026

Evolución, misterio y creación (Parte 2)

 El misterio es consustancial al tema que me he propuesto abordar. Y no solo estamos ante un solo tema sino ante varios, ya que toca de lleno a las incógnitas más profundas que acompañan a los humanos, en general a todos los seres vivos que han ido abriendo sus ojos paulatinamente, asombrándose del universo que les rodea y del que forman parte, actuando como instrumentos de la autoconsciencia que empieza a balbucear. 

Sí, todo aquí es misterio, aún cuando el claroscuro permite entrever retazos aquí y allá de su inconmensurabilidad... Y mira que la ciencia ha dedicado ímprobos esfuerzos al intento de desvelar al menos alguno de sus principales secretos, más la labor es inmensa, aunque no dejamos de renunciar a ello. Digo que nos encontramos ante  las mayores incógnitas de orden tanto filosófico como científico de todos los tiempos, y que siguen vigentes más allá de la más radical y puntera ciencia actual... La incógnita de nuestros orígenes, de la propia vida, del universo global, del significado si lo hay de nuestra presencia en el mismo, etcétera, etcétera... La primera incógnita a desvelar sería la procedencia del mismo universo, un apasionado debate entre los especialistas: un universo eterno con continuos nacimientos y destrucciones, o una creación desde la Nada, etcétera. Entonces, como primera o posible opción nos encontraríamos con una creación desde la Nada, e  inevitablemente ante el formidable reto de interpretar ese concepto de la Nada, que como nos muestran nuestras teorías físicas no es el llamado vacío, ese vacío cuántico del que tanto se habla, la espuma donde materia y radiación permanecen en un continuo cambio, aparición y desaparición, en un baile eterno... ¿Es la Nada la "sustancia" primordial descrita por la filosofía oriental? ¡Misterio trascendental!



Ninguna teoría física, por otra parte, tiene la capacidad de poder auparse sobre las demás... Es un tema controvertido que dejo, como no puede ser de otra forma, al campo de la ciencia, la única capaz de despejar el horizonte, o al menos intentarlo.

Y sobre la cuestión de la aparición de la vida, su evolución, y el consabido campo mental o psíquico que la acompaña en muchas de sus criaturas, lo mismo puedo decir, multitud de incógnitas, de verdaderos misterios hoy por hoy... por lo que es imposible decantarse  actualmente por una u otra hipótesis lo suficientemente solvente... Así que me considero plenamente autorizado para emitir mis propios planteamientos en igualdad de condiciones con los propuestos por otros pensadores, de forma que a mi entender tengo a mi favor que mis hipótesis forman un conjunto que logra armonizar unos con otros.

La emisión de mi hipótesis de la existencia de la "segunda manifestación de la naturaleza o el universo", aunque llamativa no sería más que ir un paso más allá de la hipótesis más popular de la "emergencia" como un desarrollo de la creciente complejidad en la estructura o cuerpo material de los seres vivos; ahora bien, su trascendencia metafísica es sustancial respecto a esta última: ¡el "mundo de cualidades" no serían "emergencias" de la propia materia (en mi visión, la "primera manifestación del universo"), sino que el "mundo de cualidades" es una propiedad que con origen en la potencia de la Criatura Suprema del punto Omega inunda las estructuras materiales-cuerpos de los seres vivos (primera manifestación)! El "mundo de cualidades" no es más que la "interfase" entre la primera y la segunda manifestación, una expresión evidente de lo que llamamos vida.

A efectos prácticos, mi hipótesis y la más reconocida de las "emergencias", parecen indiferentes una de la otra, pero metafísicamente hay un abismo.

¿Se recupera el concepto de Dios en mi hipótesis?... Seguramente sí, pues tampoco puede eliminarse de ninguna de las maneras tal posibilidad.

Como vemos misterios por doquier, y todos ellos trascendentales, que constituyen ahora y desde siempre las principales incógnitas que acompañan a nuestro devenir como seres pensantes, como testigos de la autoafirmación de la formidable Presencia que constituye el Universo y la Totalidad. 

¿Y qué sentido profundo tiene todo ello?

Ese es el contenido del siguiente desarrollo del presente artículo.

lunes, diciembre 29, 2025

Evolución, misterio y creación. (Parte 1)

 "Lo que yo creo".

A la hora de proceder al análisis de la percepción y la sensibilidad en el humano y por extensión a todos los seres vivos, una forma fácil de establecer lo que verdaderamente les diferencia al respecto de otras máquinas o robots es, precisamente, partir de las condiciones de los autómatas más o menos complementados con la llamada Inteligencia Artificial (IA), haciendo uso de lo que establecimos con los conceptos de primera y segunda manifestación del universo.

El robot, aún dotado de la mayor amplitud posible que nos permite la ciencia actual hasta ahora, objetivamente solo puede considerarse perteneciente a la primera manifestación (materia y "aledaños"); el campo mental le sería ajeno según las técnicas más avanzadas.

En un esquema teórico podríamos representarlo por una "caja" de la primera manifestación (incluido dentro de la misma).

En mi opinión, el ser vivo se caracteriza por tener elementos de la primera y segunda manifestación. Una interface entre ambas constituiría el campo mental, más o menos evolucionado.

En el caso lo más simple (campo mental casi irreconocible), la criatura viva  podría esquematizarse con una caja donde la capa externa, una insignificante cubierta apenas identificable, sería el elemento más simple de la segunda manifestación Pero esa simple capa supone un verdadero mundo, un elemento cualitativo que supone "vida" y como tal, el elemento conjunto, esa criatura "viva" más simple, poseería lo que podríamos denominar el "instinto de permanencia" (de "conservación", como se decía anteriormente), y ese "impropio instinto" supone la existencia de una cierta "consciencia mínima" y una "voluntad incipiente" de poder "ejercer" ese "instinto de permanencia", cierta libertad de acción y de voluntad de expresarlo, es decir, de "actuar" (acción). Esa mínima "consciencia" supone una cierta e incipiente representación del mundo que le rodea, "el entorno", y sobre esa "representación" establecería su acción. Entonces ya empieza a aparecer esa "intromisión" de la voluntad del ser vivo sobre la "representación" anterior, que en sí constituye un pensamiento captado por la incipiente consciencia; el resultado, como establecí en la metafísica MoM de la sensación, es la aparición de lo que podríamos llamar la primera sensación de la criatura viva, de su propia presencia, la sensación de ser... Un mundo de "potencialidades" se abre entonces, acompañando a la evolución biológica que la propia materia permite, y que inconscientemente busca el instinto de permanencia como "motor" de la misma. La "complejidad" futura de de la química (orgánica) de la vida inicia su expansión y con ella la aparición de los distintos sentidos (tacto, vista, oído, etcétera) que captan todas las posibilidades que permite la naturaleza: calor, luz, sonido y el sin fin de ondas electromagnéticas que nos rodean con sus distintas frecuencias. Un grupo o conjunto de nuevos sentidos van adornando, con el tiempo, a cada una de las especies que van apareciendo en la Evolución, y que como vemos tuvieron su origen, con carácter general, en la "inmersión" de la voluntad (Schopenhauer, Nietzsche, etcétera) en las estructuras materiales (cuerpos) de los diversos seres vivos.



Desde el mismo origen que palpitaba en la vida, empezaba a "balbucear", pues, la voluntad, la individualidad y su incipiente sí-mismo, la imagen del entorno y la aparición del pensamiento más simple, junto con su ínfima consciencia acoplada, y consecuentemente la "sensación", algo totalmente ausente en el autómata, el robot, aún adornado de la IA que sí puede permitir el aprendizaje, pero ese aprendizaje tiene que "transformarse en pensamiento", lo que sí sucede en el ser vivo más simple con su consiguiente "consciencia", algo inaccesible para el autómata o robot. (Establecí hace años que la definición más simple de vida era: "aglomerado de información (ADN) y sensación").

Advertir de algo evidente y que no estimé necesario exponer al emitir la hipótesis de la metafísica de la sensación (MoM). Para que no haya dudas, ahora sí haré un pequeño resumen complementario de lo que supone el enorme campo de la Psicofísica, con sus conocidas leyes principales: la Ley de Weber-Fecher y la de Stevens (*). Pero a grandes rasgos estas leyes hablan de estímulos (inputs) y de su "incidencia" en los cuerpos que atañen al campo psíquico o mental (subjetivismo) y a los signos materiales internos (neuronales) que les acompañan en su aspecto material (neurotransmisores, trastornos y efectos varios). Realmente lo que significan globalmente es la relación de las intensidades de los estímulos con la subjetividad percibida por el individuo (sensaciones), algo puramente explicado por la fisiología de los propios sentidos y las relaciones logarítmicas y lineales establecidas entre las mismas, aunque no exactamente del todo.

Una vez establecido el grupo de sentidos que corresponden a cada especie, estas leyes psicofísicas se presentan automáticamente sin un especial significado que atañese al puro pensamiento de la criatura viva en cuestión.

MoM como metafísica de la sensación (ver el artículo en esta misma Web) establece, por el contrario y a diferencia de lo que estiman estas leyes psicofísicas, la forma en que la Evolución ha conseguido "construir" el grupo de sentidos que adorna a cada criatura viva.

(Continuará en la Parte 2)


(*)  Ley de Weber- Fechner

Establece la relación entre la intensidad del estímulo físico y la sensación percibida (relación no lineal, sino logarítmica). Se expresa matemáticamente por la fórmula:

P=k x log (l) ; siendo l la intensidad.

También se expresa con la ecuación:  S=k lelevado a n , o también S= c Eelevado a k

n y k dependen de la modalidad sensorial (electricidad, sonoridad, etcétera).


Ley de Stevens

Estudia la relación sensación-juicio del receptor; estando el juicio determinado por el valor de la sensación y por la decisión del sujeto.

En 1972 fue criticada por Zuriff al opinar que la psicofísica se basa en la falacia de que la sensación puede ser medida, cuando lo cierto es que no puede ser observada en un experimento, a lo que Stevens respondió: "Si la sensación evocada por un estímulo es un suceso consciente, entonces el juicio del sujeto sí se puede tomar como medida de ella".

Una crítica más actual dice que la metricidad del espacio perceptivo es asumida en las leyes psicofísicas, y no está claro que este espacio siga la métrica euclediana (Cadvallader, 1978).

Hay que hacer la consideración de que estas leyes no se cumplen cuando el valor del estímulo está cerca del umbral absoluto y cuando es muy grande.

miércoles, noviembre 19, 2025

La consciencia universal y nuestro legado

 Ante tantas crisis de fe, de creencias, de empacho informático que conduce al nihilismo, en nuestra época debe de darse especial prioridad a una fe especial, un camino: "el afianzamiento de la creencia en sí mismo".

Nacimos solos y solos nos iremos. Tu trascendencia vital requiere el reforzamiento de lo que somos en lo más íntimo, nuestra naturaleza, único bagaje que poseyéndolo en el presente nos acompañará en los últimos instantes de nuestra presencia en este mundo, y no sabemos si más allá.



El incremento exponencial de noticias (fakes o no), informaciones de todo tipo que nos abruman, más allá de ser algo positivo, actúa en nuestra contra. Es más, se necesitan potentes filtros que mantengan a salvo nuestra intimidad, nuestra propia naturaleza.

Tantos hilos desde los que tirar, y que tiran, a su vez, de nosotros hacia rumbos imprevisibles, que desde luego no juegan a nuestro favor, sino que obedecen a intereses espurios, hacen que cada vez con más urgencia se deban interponer los acotamientos necesarios en pos de la claridad de ideas que hagan posible el alumbramiento del verdadero camino en el que proseguir.

Es preciso, como decía Nietzsche, un aislamiento, un rechazo a todo lo conocido, un abandono de los maestros que de siempre han llamado nuestra atención; en su propuesta, el maestro debes de ser tú, en el nivel que te corresponda, pues solo debes dar cuenta ante ti, presentando orgullosamente ante la historia, el universo todo y en especial a tu consideración el comportamiento que tu mismo has elegido, sin interferencias mezquinas de cualquier clase.

Estamos en tiempos en los que se antoja imprescindible, elegir el camino que te conduce a ti mismo, aceptándote en todos los extremos lo que tu eres según tu conciencia. El filósofo transgresor de todo lo anterior a él así nos lo recomienda, es más, nos lo exige desde la fuerza de nuestra propia voluntad.

El que escribe eligió su camino ya desde hace algún tiempo, por lo que toda filosofía, toda ciencia, aún teniéndolas en cuenta, las somete a una estricta revisión, advirtiendo que solo el ejemplo de los hechos, y no de las ideologías o palabras ajenas, en ningún modo pueden sustituir esta búsqueda propia de la verdad.

¡Apúntate a los que buscan su propio destino y que depositan mansamente a la extinción de su propio periplo vital, sus propias conquistas vitales como donación a la Consciencia del Universo, lo más sagrado y querido de su propia naturaleza!