viernes, enero 09, 2026

Evolución, misterio y creación (y Parte 3)

El verdadero "meollo" del relato que sustenta todo el artículo: ¡La Creación!

Aquí la Creación se divide en dos partes; cada una atañe a la "manifestación de la naturaleza o del universo" correspondiente.

En la "primera manifestación", la que tiene que ver con la materia en sentido amplio, su "creación" es la que tiene que ver con la más conocida del origen o principio de los tiempos, que sin ir más lejos y sin tener en cuenta otras consideraciones de "trazo más fino", podríamos señalar globalmente como la "creación del Big Bang", por supuesto sin citar otras teorías no desechables en absoluto, y que con carácter general atañen al mundo físico o material que nos rodea, y que podríamos considerar, por encima de otras consideraciones, como una visión clásica.

Lo novedoso en el tema se refiere a la creación dentro del ámbito de la "segunda manifestación", que atañe al propio corazón de esta segunda manifestación, de ese "mundo de cualidades" tan identificable dentro de la vida. Y es que cada ser vivo, con su individualidad, es una verdadera  creación "novedosa" dentro del inerme mundo de la materia.

Una frase que acuñé hace años: "El ser es libre, solo y únicamente porque se crea a sí mismo"... Estamos ante una creación muy particular, pues no se debe a algo ajeno a sí mismo, a otro u otros, sino al propio ser, en particular a su Voluntad, a su Consciencia.

Este es otro tipo de creación, la que se produce en cada ser vivo, a lo largo de los tiempos, con base a la evolución de la vida, que "da a luz" nuevos seres únicos, con la capacidad de libertad suficiente para configurar un único "comportamiento", el suyo, que se traduce en una "ontología del ser", una naturaleza propia que como tal está dotada de cierta consciencia, cierta libertad que permite la "constitución" de su propia naturaleza (la existencia antes que la esencia, como apuntaba el filósofo Sartre); desde tal punto de vista, "la creación de sí mismo".



Pero esta creación no es indiferente del "entorno" que rodea a la criatura, y lo que es más trascendente, del "influjo", de la "iluminación" que desde el final de los tiempos, el Omega, emite el Dios Creador, el summum de la Evolución Universal.

El cuadro es impresionante, magnífico, pues llena o calma toda aspiración de los espíritus más excelsos: la evolución continua de las criaturas "in crescendo" desemboca en el Ser Supremo, de tal forma que la aparición de las consciencias de los diversos seres vivos, gracias a su voluntad y libertad de elección (aún cuando muchos de los comportamientos sean inconscientes), origina un desarrollo evolutivo exponencial que finalmente concluye en el Ser Supremo del punto Omega, y desde allí tal fantástico Ser "ilumina" y a su vez "promueve" ese desarrollo que conduce a Él... Y en ese "promueve" se sitúa el mayor misterio del que solo llegamos a comprender simples indicios (realmente estamos inmersos en una especie de "cueva de Platón"). Existe una retroacción temporal, y a su vez un avance en dirección al futuro que tan misteriosamente como puede vislumbrase parcialmente desde las extrañas propiedades cuánticas, llegan a configurar todo el entramado espaciotemporal en el que la Totalidad, como ese Dios que imaginaba Spinoza, se construye a sí mismo, con la contribución solidaria de todas las otras consciencias que somos todos nosotros y todos los seres vivos que han sido, son y serán.

El Universo, con sus variadas dimensiones, no es más que el artificio utilizado por la Totalidad Dios (Ser Supremo) para su propia creación, que a su vez es la de todos.

Espacio, tiempo, etcétera son meras dimensiones cuya importancia en sí tan solo consiste en ser el medio dentro del que se manifiesta la Creación y la presencia del Ser Supremo.

Dios sería, pues, parecido al que definió el filósofo Spinoza en su día, que en nuestra visión actual aparece aún más majestuoso y esplendoroso.

Nuestro papel: ¿Quieres contribuir y con ello transformarte en una pieza básica de la infinita expansión de lo divino?

¡El Universo desde la misteriosa Nada del Origen, hasta la gloria del Punto Omega, incluidos nosotros, somos simplemente (nada menos) la Presencia de Dios!