viernes, enero 09, 2026

Evolución, misterio y creación (y Parte 3)

El verdadero "meollo" del relato que sustenta todo el artículo: ¡La Creación!

Aquí la Creación se divide en dos partes; cada una atañe a la "manifestación de la naturaleza o del universo" correspondiente.

En la "primera manifestación", la que tiene que ver con la materia en sentido amplio, su "creación" es la que tiene que ver con la más conocida del origen o principio de los tiempos, que sin ir más lejos y sin tener en cuenta otras consideraciones de "trazo más fino", podríamos señalar globalmente como la "creación del Big Bang", por supuesto sin citar otras teorías no desechables en absoluto, y que con carácter general atañen al mundo físico o material que nos rodea, y que podríamos considerar, por encima de otras consideraciones, como una visión clásica.

Lo novedoso en el tema se refiere a la creación dentro del ámbito de la "segunda manifestación", que atañe al propio corazón de esta segunda manifestación, de ese "mundo de cualidades" tan identificable dentro de la vida. Y es que cada ser vivo, con su individualidad, es una verdadera  creación "novedosa" dentro del inerme mundo de la materia.

Una frase que acuñé hace años: "El ser es libre, solo y únicamente porque se crea a sí mismo"... Estamos ante una creación muy particular, pues no se debe a algo ajeno a sí mismo, a otro u otros, sino al propio ser, en particular a su Voluntad, a su Consciencia.

Este es otro tipo de creación, la que se produce en cada ser vivo, a lo largo de los tiempos, con base a la evolución de la vida, que "da a luz" nuevos seres únicos, con la capacidad de libertad suficiente para configurar un único "comportamiento", el suyo, que se traduce en una "ontología del ser", una naturaleza propia que como tal está dotada de cierta consciencia, cierta libertad que permite la "constitución" de su propia naturaleza (la existencia antes que la esencia, como apuntaba el filósofo Sartre); desde tal punto de vista, "la creación de sí mismo".



Pero esta creación no es indiferente del "entorno" que rodea a la criatura, y lo que es más trascendente, del "influjo", de la "iluminación" que desde el final de los tiempos, el Omega, emite el Dios Creador, el summum de la Evolución Universal.

El cuadro es impresionante, magnífico, pues llena o calma toda aspiración de los espíritus más excelsos: la evolución continua de las criaturas "in crescendo" desemboca en el Ser Supremo, de tal forma que la aparición de las consciencias de los diversos seres vivos, gracias a su voluntad y libertad de elección (aún cuando muchos de los comportamientos sean inconscientes), origina un desarrollo evolutivo exponencial que finalmente concluye en el Ser Supremo del punto Omega, y desde allí tal fantástico Ser "ilumina" y a su vez "promueve" ese desarrollo que conduce a Él... Y en ese "promueve" se sitúa el mayor misterio del que solo llegamos a comprender simples indicios (realmente estamos inmersos en una especie de "cueva de Platón"). Existe una retroacción temporal, y a su vez un avance en dirección al futuro que tan misteriosamente como puede vislumbrase parcialmente desde las extrañas propiedades cuánticas, llegan a configurar todo el entramado espaciotemporal en el que la Totalidad, como ese Dios que imaginaba Spinoza, se construye a sí mismo, con la contribución solidaria de todas las otras consciencias que somos todos nosotros y todos los seres vivos que han sido, son y serán.

El Universo, con sus variadas dimensiones, no es más que el artificio utilizado por la Totalidad Dios (Ser Supremo) para su propia creación, que a su vez es la de todos.

Espacio, tiempo, etcétera son meras dimensiones cuya importancia en sí tan solo consiste en ser el medio dentro del que se manifiesta la Creación y la presencia del Ser Supremo.

Dios sería, pues, parecido al que definió el filósofo Spinoza en su día, que en nuestra visión actual aparece aún más majestuoso y esplendoroso.

Nuestro papel: ¿Quieres contribuir y con ello transformarte en una pieza básica de la infinita expansión de lo divino?

¡El Universo desde la misteriosa Nada del Origen, hasta la gloria del Punto Omega, incluidos nosotros, somos simplemente (nada menos) la Presencia de Dios!


domingo, enero 04, 2026

Evolución, misterio y creación (Parte 2)

 El misterio es consustancial al tema que me he propuesto abordar. Y no solo estamos ante un solo tema sino ante varios, ya que toca de lleno a las incógnitas más profundas que acompañan a los humanos, en general a todos los seres vivos que han ido abriendo sus ojos paulatinamente, asombrándose del universo que les rodea y del que forman parte, actuando como instrumentos de la autoconsciencia que empieza a balbucear. 

Sí, todo aquí es misterio, aún cuando el claroscuro permite entrever retazos aquí y allá de su inconmensurabilidad... Y mira que la ciencia ha dedicado ímprobos esfuerzos al intento de desvelar al menos alguno de sus principales secretos, más la labor es inmensa, aunque no dejamos de renunciar a ello. Digo que nos encontramos ante  las mayores incógnitas de orden tanto filosófico como científico de todos los tiempos, y que siguen vigentes más allá de la más radical y puntera ciencia actual... La incógnita de nuestros orígenes, de la propia vida, del universo global, del significado si lo hay de nuestra presencia en el mismo, etcétera, etcétera... La primera incógnita a desvelar sería la procedencia del mismo universo, un apasionado debate entre los especialistas: un universo eterno con continuos nacimientos y destrucciones, o una creación desde la Nada, etcétera. Entonces, como primera o posible opción nos encontraríamos con una creación desde la Nada, e  inevitablemente ante el formidable reto de interpretar ese concepto de la Nada, que como nos muestran nuestras teorías físicas no es el llamado vacío, ese vacío cuántico del que tanto se habla, la espuma donde materia y radiación permanecen en un continuo cambio, aparición y desaparición, en un baile eterno... ¿Es la Nada la "sustancia" primordial descrita por la filosofía oriental? ¡Misterio trascendental!



Ninguna teoría física, por otra parte, tiene la capacidad de poder auparse sobre las demás... Es un tema controvertido que dejo, como no puede ser de otra forma, al campo de la ciencia, la única capaz de despejar el horizonte, o al menos intentarlo.

Y sobre la cuestión de la aparición de la vida, su evolución, y el consabido campo mental o psíquico que la acompaña en muchas de sus criaturas, lo mismo puedo decir, multitud de incógnitas, de verdaderos misterios hoy por hoy... por lo que es imposible decantarse  actualmente por una u otra hipótesis lo suficientemente solvente... Así que me considero plenamente autorizado para emitir mis propios planteamientos en igualdad de condiciones con los propuestos por otros pensadores, de forma que a mi entender tengo a mi favor que mis hipótesis forman un conjunto que logra armonizar unos con otros.

La emisión de mi hipótesis de la existencia de la "segunda manifestación de la naturaleza o el universo", aunque llamativa no sería más que ir un paso más allá de la hipótesis más popular de la "emergencia" como un desarrollo de la creciente complejidad en la estructura o cuerpo material de los seres vivos; ahora bien, su trascendencia metafísica es sustancial respecto a esta última: ¡el "mundo de cualidades" no serían "emergencias" de la propia materia (en mi visión, la "primera manifestación del universo"), sino que el "mundo de cualidades" es una propiedad que con origen en la potencia de la Criatura Suprema del punto Omega inunda las estructuras materiales-cuerpos de los seres vivos (primera manifestación)! El "mundo de cualidades" no es más que la "interfase" entre la primera y la segunda manifestación, una expresión evidente de lo que llamamos vida.

A efectos prácticos, mi hipótesis y la más reconocida de las "emergencias", parecen indiferentes una de la otra, pero metafísicamente hay un abismo.

¿Se recupera el concepto de Dios en mi hipótesis?... Seguramente sí, pues tampoco puede eliminarse de ninguna de las maneras tal posibilidad.

Como vemos misterios por doquier, y todos ellos trascendentales, que constituyen ahora y desde siempre las principales incógnitas que acompañan a nuestro devenir como seres pensantes, como testigos de la autoafirmación de la formidable Presencia que constituye el Universo y la Totalidad. 

¿Y qué sentido profundo tiene todo ello?

Ese es el contenido del siguiente desarrollo del presente artículo.

lunes, diciembre 29, 2025

Evolución, misterio y creación. (Parte 1)

 "Lo que yo creo".

A la hora de proceder al análisis de la percepción y la sensibilidad en el humano y por extensión a todos los seres vivos, una forma fácil de establecer lo que verdaderamente les diferencia al respecto de otras máquinas o robots es, precisamente, partir de las condiciones de los autómatas más o menos complementados con la llamada Inteligencia Artificial (IA), haciendo uso de lo que establecimos con los conceptos de primera y segunda manifestación del universo.

El robot, aún dotado de la mayor amplitud posible que nos permite la ciencia actual hasta ahora, objetivamente solo puede considerarse perteneciente a la primera manifestación (materia y "aledaños"); el campo mental le sería ajeno según las técnicas más avanzadas.

En un esquema teórico podríamos representarlo por una "caja" de la primera manifestación (incluido dentro de la misma).

En mi opinión, el ser vivo se caracteriza por tener elementos de la primera y segunda manifestación. Una interface entre ambas constituiría el campo mental, más o menos evolucionado.

En el caso lo más simple (campo mental casi irreconocible), la criatura viva  podría esquematizarse con una caja donde la capa externa, una insignificante cubierta apenas identificable, sería el elemento más simple de la segunda manifestación Pero esa simple capa supone un verdadero mundo, un elemento cualitativo que supone "vida" y como tal, el elemento conjunto, esa criatura "viva" más simple, poseería lo que podríamos denominar el "instinto de permanencia" (de "conservación", como se decía anteriormente), y ese "impropio instinto" supone la existencia de una cierta "consciencia mínima" y una "voluntad incipiente" de poder "ejercer" ese "instinto de permanencia", cierta libertad de acción y de voluntad de expresarlo, es decir, de "actuar" (acción). Esa mínima "consciencia" supone una cierta e incipiente representación del mundo que le rodea, "el entorno", y sobre esa "representación" establecería su acción. Entonces ya empieza a aparecer esa "intromisión" de la voluntad del ser vivo sobre la "representación" anterior, que en sí constituye un pensamiento captado por la incipiente consciencia; el resultado, como establecí en la metafísica MoM de la sensación, es la aparición de lo que podríamos llamar la primera sensación de la criatura viva, de su propia presencia, la sensación de ser... Un mundo de "potencialidades" se abre entonces, acompañando a la evolución biológica que la propia materia permite, y que inconscientemente busca el instinto de permanencia como "motor" de la misma. La "complejidad" futura de de la química (orgánica) de la vida inicia su expansión y con ella la aparición de los distintos sentidos (tacto, vista, oído, etcétera) que captan todas las posibilidades que permite la naturaleza: calor, luz, sonido y el sin fin de ondas electromagnéticas que nos rodean con sus distintas frecuencias. Un grupo o conjunto de nuevos sentidos van adornando, con el tiempo, a cada una de las especies que van apareciendo en la Evolución, y que como vemos tuvieron su origen, con carácter general, en la "inmersión" de la voluntad (Schopenhauer, Nietzsche, etcétera) en las estructuras materiales (cuerpos) de los diversos seres vivos.



Desde el mismo origen que palpitaba en la vida, empezaba a "balbucear", pues, la voluntad, la individualidad y su incipiente sí-mismo, la imagen del entorno y la aparición del pensamiento más simple, junto con su ínfima consciencia acoplada, y consecuentemente la "sensación", algo totalmente ausente en el autómata, el robot, aún adornado de la IA que sí puede permitir el aprendizaje, pero ese aprendizaje tiene que "transformarse en pensamiento", lo que sí sucede en el ser vivo más simple con su consiguiente "consciencia", algo inaccesible para el autómata o robot. (Establecí hace años que la definición más simple de vida era: "aglomerado de información (ADN) y sensación").

Advertir de algo evidente y que no estimé necesario exponer al emitir la hipótesis de la metafísica de la sensación (MoM). Para que no haya dudas, ahora sí haré un pequeño resumen complementario de lo que supone el enorme campo de la Psicofísica, con sus conocidas leyes principales: la Ley de Weber-Fecher y la de Stevens (*). Pero a grandes rasgos estas leyes hablan de estímulos (inputs) y de su "incidencia" en los cuerpos que atañen al campo psíquico o mental (subjetivismo) y a los signos materiales internos (neuronales) que les acompañan en su aspecto material (neurotransmisores, trastornos y efectos varios). Realmente lo que significan globalmente es la relación de las intensidades de los estímulos con la subjetividad percibida por el individuo (sensaciones), algo puramente explicado por la fisiología de los propios sentidos y las relaciones logarítmicas y lineales establecidas entre las mismas, aunque no exactamente del todo.

Una vez establecido el grupo de sentidos que corresponden a cada especie, estas leyes psicofísicas se presentan automáticamente sin un especial significado que atañese al puro pensamiento de la criatura viva en cuestión.

MoM como metafísica de la sensación (ver el artículo en esta misma Web) establece, por el contrario y a diferencia de lo que estiman estas leyes psicofísicas, la forma en que la Evolución ha conseguido "construir" el grupo de sentidos que adorna a cada criatura viva.

(Continuará en la Parte 2)


(*)  Ley de Weber- Fechner

Establece la relación entre la intensidad del estímulo físico y la sensación percibida (relación no lineal, sino logarítmica). Se expresa matemáticamente por la fórmula:

P=k x log (l) ; siendo l la intensidad.

También se expresa con la ecuación:  S=k lelevado a n , o también S= c Eelevado a k

n y k dependen de la modalidad sensorial (electricidad, sonoridad, etcétera).


Ley de Stevens

Estudia la relación sensación-juicio del receptor; estando el juicio determinado por el valor de la sensación y por la decisión del sujeto.

En 1972 fue criticada por Zuriff al opinar que la psicofísica se basa en la falacia de que la sensación puede ser medida, cuando lo cierto es que no puede ser observada en un experimento, a lo que Stevens respondió: "Si la sensación evocada por un estímulo es un suceso consciente, entonces el juicio del sujeto sí se puede tomar como medida de ella".

Una crítica más actual dice que la metricidad del espacio perceptivo es asumida en las leyes psicofísicas, y no está claro que este espacio siga la métrica euclediana (Cadvallader, 1978).

Hay que hacer la consideración de que estas leyes no se cumplen cuando el valor del estímulo está cerca del umbral absoluto y cuando es muy grande.

miércoles, noviembre 19, 2025

La consciencia universal y nuestro legado

 Ante tantas crisis de fe, de creencias, de empacho informático que conduce al nihilismo, en nuestra época debe de darse especial prioridad a una fe especial, un camino: "el afianzamiento de la creencia en sí mismo".

Nacimos solos y solos nos iremos. Tu trascendencia vital requiere el reforzamiento de lo que somos en lo más íntimo, nuestra naturaleza, único bagaje que poseyéndolo en el presente nos acompañará en los últimos instantes de nuestra presencia en este mundo, y no sabemos si más allá.



El incremento exponencial de noticias (fakes o no), informaciones de todo tipo que nos abruman, más allá de ser algo positivo, actúa en nuestra contra. Es más, se necesitan potentes filtros que mantengan a salvo nuestra intimidad, nuestra propia naturaleza.

Tantos hilos desde los que tirar, y que tiran, a su vez, de nosotros hacia rumbos imprevisibles, que desde luego no juegan a nuestro favor, sino que obedecen a intereses espurios, hacen que cada vez con más urgencia se deban interponer los acotamientos necesarios en pos de la claridad de ideas que hagan posible el alumbramiento del verdadero camino en el que proseguir.

Es preciso, como decía Nietzsche, un aislamiento, un rechazo a todo lo conocido, un abandono de los maestros que de siempre han llamado nuestra atención; en su propuesta, el maestro debes de ser tú, en el nivel que te corresponda, pues solo debes dar cuenta ante ti, presentando orgullosamente ante la historia, el universo todo y en especial a tu consideración el comportamiento que tu mismo has elegido, sin interferencias mezquinas de cualquier clase.

Estamos en tiempos en los que se antoja imprescindible, elegir el camino que te conduce a ti mismo, aceptándote en todos los extremos lo que tu eres según tu conciencia. El filósofo transgresor de todo lo anterior a él así nos lo recomienda, es más, nos lo exige desde la fuerza de nuestra propia voluntad.

El que escribe eligió su camino ya desde hace algún tiempo, por lo que toda filosofía, toda ciencia, aún teniéndolas en cuenta, las somete a una estricta revisión, advirtiendo que solo el ejemplo de los hechos, y no de las ideologías o palabras ajenas, en ningún modo pueden sustituir esta búsqueda propia de la verdad.

¡Apúntate a los que buscan su propio destino y que depositan mansamente a la extinción de su propio periplo vital, sus propias conquistas vitales como donación a la Consciencia del Universo, lo más sagrado y querido de su propia naturaleza!

domingo, octubre 26, 2025

Más allá de la muerte: ¿Es posible la eternidad?

 Escribo en el artículo del Blog Foro Esencia del 9 de Septiembre de 2025, titulado "La Presencia y la durée de Bergson", lo siguiente:

"Los pasados subjetivos del instante presente de cada criatura, que son los presentes teóricos de cada momento anterior, en verdad son construidos por el propio yo. Me explicaré. Precisamente el presente actual, para que no haya posible equivocación, voy a denominarle Presencia. Pues bien, la Presencia se considera a sí misma el Presente, y todos los instantes anteriores percibidos son su pasado, sus distintos momentos pasados, que teóricamente coincidirían con cada presente anterior.

Pero, bien sabemos, que esos presentes pasados no se corresponden milimétricamente con los pasados correspondientes u objetivos advertidos por observadores externos. Todo es debido a los fallos, mejor, cambios que sufre nuestra memoria a lo largo del tiempo. Sabemos, por ejemplo, de la extrañeza que se presenta ante nuestros ojos al volver a ver un escenario del pasado que guardamos en nuestra memoria: resulta que, a veces, casi ni se parecen."

Y continúa:

"Aparte de la Ley de semejanza propuesta en varios de mis escritos, es la sensación interna de nuestra propia realidad, la que pone en común estos pasados de la Presencia, además de todas las condiciones del entorno precisas, en el que aquel presente (pasado) se produjo, junto con las acciones, sensaciones, sentimientos, etc. correspondientes. Creo firmemente que es la sensación, globalmente y pormenorizadamente, la que vuelve a rememorarse al recordar, y los pasados son almacenados memorísticamente de esta forma. Un signo, un sentimiento, etc. pueden rememorar esos pasados que son para la Presencia los que almacenó en su memoria."

Y también:

"Así que desde tal punto de vista, son las sensaciones-emociones, con sus diversos matices, quienes gobiernan el enlace entre los pasados, la Presencia y el posible futuro, algo no objetivo", es decir, algo fuera del estricto espacio-tiempo de la Física, fuera ya, por consiguiente, del puro dominio científico actual. (Teóricamente, emociones y sentimientos raramente podrían provenir del futuro, pero sí de un futuro construido de parecida forma a la de los pasados de la durée bergsoniana.)



Con estas premisas, voy a atreverme a sugerir una nueva teoría que en verdad he alumbrado hoy mismo. Consiste en aplicar ahora cuanto expuse acerca de la segunda manifestación del universo, y en particular la aparición de nuevos elementos que acompañan a las estructuras materiales (Kuerpos) de las criaturas vivas. Elementos que van apareciendo en paralelo con los nuevos seres vivos, y que proceden del Omega que va inundando o impregnando a toda la Creación.

Quiero decir que cada presente (pasado) se ve inundado de la emanación sensación-sentimiento que proveniente del Omega corresponde a su estructura material (Kuerpo -un concepto definido en obras anteriores), y  las circunstancias de ese presente. Todo ello se almacena en la memoria accesible por la Presencia. Entonces, la durée se corresponde con el símil de un rosario en el que cada una de sus cuentas son las sensaciones-sentimientos de cada uno de aquellos presentes que, ahora, son el completo pasado de la Presencia, lo que también alcanzaría, a través de cierta neblina, al futuro que se inscribirá en la durée.

Este complejo elemento de la segunda manifestación del universo sería la durée de la criatura viva, que como tal elemento de la segunda manifestación es indestructible, eterno, es decir, existe más allá de las coordenadas espacio-temporales.

Así que, resumiendo, el universo comprendería, además de la materialidad físico-química conocida (primera manifestación del universo), como expresé en otros artículos, los elementos de la segunda manifestación, entre ellos la durée de cada criatura viva. Los elementos de la primera manifestación están sometidos al cambio (mundo material); los de la segunda manifestación (durée, mundo de cualidades, etc.) son imperecederos: ¿Serían, en cierta forma, la eternidad defendida por las confesiones religiosas?

¡Una incógnita persiste en el ambiente y que guarda en sí la esperanza de una forma de perdurar más allá de la muerte física!

domingo, octubre 19, 2025

Los "ojos" del universo

La conciencia universal, propuesta que constituye la base de este grupo ("Conciencia Universal Majadahonda"), necesita para su posibilidad de varias condiciones necesarias.

Desde nuestra posición dentro del inmenso universo, cada vez más conocido gracias a los avances en astronomía, en la actualidad se nos presenta en su inconmensurable dimensión que causa admiración, ante el relativismo de nuestra pequeñez que supone nuestro entorno, un pequeño planeta rocoso, y la inmensidad inabarcable de soles, galaxias y otros objetos cósmicos.

¿Qué significa, entonces, la conciencia universal aludida? Con ella quiero significar la apreciación de que el nivel de nuestra inteligencia es ya capaz de entender el universo como un todo, que gracias a nuestra presencia puede llegar a "conocerse" a sí mismo: un hito en la evolución cósmica al haber sido capaz de construir en su seno actores (en verdad, hijos suyo) capaces de percibir su inmensidad en esta etapa de la Creación.

Todo ello significa que un "nuevo ser", el propio universo en su totalidad, ha emergido gracias a las individualidades que somos nosotros (y otros seres de inteligencia igual o superior) cual ocurre, salvando las distancias, con otras comunidades biológicas tales como las hormigas, las abejas o las mismas termitas. La comunidad (el termitero, la colmena, etcétera) es como un "organismo" colectivo, gracias a la "colaboración" de sus elementos individuales (hormiga, termita, etcétera).


Este "nuevo ser" sería la totalidad del universo, espoleado por las criaturas inteligentes, observadores privilegiados (nosotros) que son las individualidades que construyan (quizás, inconscientemente) el ser universo que en su evolución se dirige hacia su cénit, el punto Omega, con cierta semejanza al vislumbrado por el filósofo Teilhard de Chardin.

Ahora bien, para la consecución de tal objetivo, habría que limar asperezas. Una y muy básica sería la que debe exigirse al robot construido por el hombre y la propia IA, que se traduce en el imperativo de que "un robot no puede atacar a un humano". Y si tal exigimos a una máquina, a un avanzado hardware, mucho más lo debemos exigir a nosotros mismos, a nuestros semejantes: "el hombre no puede atacar a otros hombres"; la violencia debe de ser erradicada en el comportamiento humano (fuera guerras, agresiones, actitudes violentas, etcétera). Y esto comprende no solo la violencia física, sino las imposiciones de todo orden provocadas por individuos o colectivos humanos sobre otros hombres.

Parece algo fuera de nuestras posibilidades, pero ello no será cierto si imponemos un relativismo que pasa por un cambio fundamental de perspectiva.

Gaia, una particularidad ya expresada para el universo, pero circunscrita simplemente a nuestro pequeño planeta Tierra, se nos queda muy corta al aplicar la perspectiva no solo al sistema solar, las galaxias o el universo conocido actualmente.

Si ampliamos los seres inteligentes a los que presumiblemente existirán en numerosos otros planetas, dada la inmensidad del universo, con sus diferentes estados de evolución, más allá o equivalentes a nuestro nivel de evolución global terrestre, la perspectiva se amplia tan enormemente que la exigencia descrita con anterioridad se antoja ineludible y muy natural.

La eliminación de esa negatividad en el comportamiento de los individuos componentes de las diversas sociedades o comunidades, supone de inmediato, la sucesiva desaparición de aquellas circunstancias que consideramos cánceres de la sociedad humana global... Sin ir más lejos, se potencia la sana espiritualidad que potencia lo "bueno" y "común" que identificamos en las distintas comunidades o colectivos sociales, como razas, naciones, culturas y religiones.

Empecemos por desechar todo aquello que infrinja un "mal" a lo ajeno, aún cuando en nuestra opinión sea un bien propio... Esa limpieza, alambicada en los cimientos de nuestras propias raíces, nuestros terruños propios, supondrá un cambio cualitativo fundamental para el advenimiento de la "Conciencia Universal".

martes, septiembre 09, 2025

La "Presencia" y la "durée" de Bergson

Siempre me sedujo el concepto de "durée" de Henry Bergson, por diversos motivos, aún contra la opinión de no pocos críticos que advirtieron en él ciertos matices casi metafísicos que no eran del agrado del puro científico amante y defensor a ultranza de consabido paradigma de la "prueba y error". Suscribo nuevamente, uno por uno, todos los puntos que aparecen en mi articulo de este Blog titulado "El problema de la unidad, de la individualidad biológica" , así que no voy a repetirme. Tampoco está de más releer, también, el artículo: "Mecanismo o metafísica (MoM) de la sensación".

El concepto de historicidad de Heidegger se acercaría más a la idea de la "durée" de Bergson, pues para ella todos los instantes son necesarios e imprescindibles, sin dar una importancia crucial al instante del presente actual. Lo que cuenta es la vida completa del individuo, su impronta vital en el universo, la vivencia completa de una vida, la "trascendencia que cabalga sobre el presente". Ver al respecto el artículo del Blog "elimperiodelaverdad" titulado: "¡Trascender el presente!".

Pero, ¿Cómo comulgar el sí-mismo, el sentimiento esencial de la propia naturaleza (unicidad, individualidad), es decir, esa sensación de continuidad íntima, con la continua renovación de todas nuestras células componentes a lo largo del tiempo, o sea, cuando externamente -signos- , su variabilidad, parece apuntar en sentido contrario?

Se me ocurre que la única forma de que lo variable (presentes de cada momento) pueda "compaginarse" en una "especie de continuidad" (historicidad de Heidegger, el sí-mismo de la durée, la unicidad o individualidad), es que aquellos pasados (presentes de cada momento) no sean los mismos pasados percibidos por el "yo", o el sí-mismo; los primeros serían los objetivos, externos o percibidos por los observadores externos al propio individuo; los segundos podríamos denominarlos subjetivos, pues corresponden a lo percibido desde el interior del individuo, de la criatura.

Los observadores externos pueden percibir los matices de cada cual (en cada uno de los presentes), pero son susceptibles de un estudio puramente científico o experimental, y es el verdadero dominio de la ciencia.

Los pasados subjetivos del instante presente de cada criatura, que son los presentes teóricos de cada momento anterior, en verdad son "construidos" por el propio yo. Me explicaré. Precisamente el presente actual, para que no haya posible equivocación, voy a denominarle "Presencia". Pues bien, la Presencia se considera a sí misma el Presente, y todos los instantes anteriores percibidos son "su" pasado, sus distintos "momentos" pasados, que teóricamente coincidirían con cada "presente" anterior. Pero, bien, sabemos que esos "presentes" pasados no se corresponden milimétricamente con los pasados correspondientes u "objetivos" advertidos por observadores externos. Todo es debido a los "fallos", mejor, "cambios" que sufre nuestra memoria a lo largo del tiempo. Sabemos, por ejemplo, de la extrañeza que se nos presenta ante nuestros ojos al volver a ver un escenario del pasado que guardamos en nuestra memoria: resulta que, a veces, casi ni se parecen.

Pues bien, creo que todos los razonamientos de Bergson al establecer la "durée", tienen que ver con estos "pasados" subjetivos del propio yo. Si tomamos como "presentes constituyentes", o elementos de la durée tales pasados, la durée tiene tantos componentes de la realidad como cualquier "fenómeno" estudiado por la pura ciencia más aséptica. Sus elementos metafísicos desaparecen. El pasado, el presente (Presencia) y veremos que el futuro, forman la durée, tan firmemente defendida por Bergson.

Con estas consideraciones, la durée construida así, tiene evidentemente las siguientes propiedades:

- Es cualitativa.

-No hay dos momentos de duración idéntica.

- Es el tiempo auténtico para nosotros.

- Está estrechamente unida al tiempo de la conciencia, percibido como fluencia.

- La dimensión psíquica está unida a esta durée, con su espontaneidad y creatividad (intuición de la duración).

Aparte de la "Ley de semejanza" propuesta en varios de mis escritos, es la "sensación interna" de nuestra propia realidad, la que pone en común todos estos "pasados" de la Presencia, además de todas las condiciones del "entorno" preciso en el que aquel presente (pasado) se produjo, junto con las acciones, sensaciones, sentimientos, etc. correspondientes.

Creo firmemente que es la sensación, globalmente y pormenorizadamente, la que vuelve a rememorarse al recordar, y los pasados son almacenados memorísticamente de esta forma. Un signo, un sentimiento, etc. pueden rememorar esos pasados que son para la "Presencia" lo que almacenó en su memoria (nada que ver con el pasado-presente que sucedió en la realidad percibida por el observador externo, y quizás la misma criatura en el tiempo físico en que se realizaron las acciones que desfiguradas permanecen en la memoria, en el recuerdo).

Así que, desde tal punto de vista, son las sensaciones-emociones, con sus diversos matices, quienes gobiernan el enlace entre pasados, la Presencia y el posible futuro, algo no objetivo, es decir, fuera del puro dominio científico actual, es decir, no sometido al espaciotiempo de la física, y desde este punto de vista, también dentro de la durée, las emociones y sentimientos pueden provenir del futuro (de su futuro subjetivo construido de igual forma que hemos hecho para el pasado). 

Con este planteamiento, sigue siendo el presente (la Presencia) el ejecutor de la acción, el sujeto; lo anterior (externo) no existe ya para la Presencia, y el futuro (exterior) no existe aún. La coincidencia entre teoría física y campo psíquico no impide que queden perfectamente diferenciadas. La ciencia recupera la realidad defendida por Einstein, y la durée mantiene el papel tan claramente defendido por Bergson.

P.D. Nuestros seres queridos del pasado siguen viviendo en nosotros, a través del pasado de nuestra memoria. En la mente de aquellos seres también se grabó el sentimiento mutuo que existía entre ambos. ¡Sí, queridas mascotas, os sigo recordando y vivís en mí. Me alegro que en vuestro interior, también persistió esta añoranza!