El origen es el fundamento de las cosas, y a partir de él se desarrolla la existencia de las mismas. Según el pensamiento órfico y pitagórico el principio que "anima" el cosmos es diferente de las causas que lo "mueven". Y entre ambos el número, como punto de encuentro entre lo infinito y lo finito.
Lo que hay o hubo antes del inicio de la creación sólo puede describirse a partir de los resultados del proceso inicial de la creación, resultados simbólicos, sólo accesibles gracias al mito.
La palabra "mito" tiene una raíz etimológica que significa "expresión". En cierto sentido las ciencias son equivalentes a los mitos y no sólo funcionalmente sino en determinadas y concretas expresiones. Por ejemplo, la ecología es el prototipo de ese concepto holístico de la ciencia, pues sabe reconocer esas metáforas inconscientes del saber, así como el carácter simbólico y simbiótico, al igual que los mitos, de nuestra morada terrenal.
La ecología es una conjugación de distintas disciplinas científicas que se basan en la idea de la naturaleza como un todo, como si la Tierra y todas sus formas vivas constituyeran un sólo organismo, un mismo cuerpo con un mismo hálito vital. Las manos, los pies, el iris reflejan o son como un mapa de todo el cuerpo humano; de igual forma, el hombre mismo es una versión microscópica del universo: pertenece al mundo, pero también el mundo parece reflejado en él. "El mundo es el Macroantropos", escribió el poeta romántico Novalis.
Existe un cierto paralelismo entre la creación del cosmos y el proceso de gestación de un individuo. Si se considera la creación como un proceso continuo y no como un hecho instantáneo y definitivo, aparecen más patentes las correspondencias entre microcosmos y macrocosmos, entre lo visible y lo invisible, pues el modelo original determina a todas las criaturas, entre ellas al hombre.
El "estar-en-el-mundo" es un proceso continuo de recreación, es una manifestación de la "imaginación primigenia" que, para Coleridge, es la fuerza viva y primer agente de toda percepción humana, en sus palabras: "repetición en la mente finita del acto creador permanentemente en el infinito YO SOY". El ser humano no recibe el mundo con pasividad sino que lo ve con nuevos ojos de forma activa. Martin Ruber relata así el nacimiento de un niño: "Ha emergido de la cálida oscuridad del caos para sumergirse en la fría luz de la creación, aunque no la posee; antes debe hacer que se manifieste, convertirla en realidad, encontrar su propio mundo tocándolo, viéndolo, oyéndolo, formándolo".
El proceso de "individualización", como desarrollo de la personalidad, es explicado por los discípulos de Jung en términos cósmicos: las separaciones entre el consciente y el inconsciente, entre el "ego" y el "no-ego", son el reflejo psíquico de otras escenas del cosmos, como la separación de la luz y las tinieblas, o del cielo y la tierra.
Jung, estrecho colaborador del padre del Psicoanálisis, Freud, es el gran desvelador de los mitos, el creador del "inconsciente colectivo". Desde este enfoque, los mitos, al igual que los sueños, son producto de las fuerzas del inconsciente, superadoras de las barreras de la conciencia individual. Los "arquetipos" de Jung son estructuras formativas universales que ofrecen al consciente imágenes que facilitan claves para interpretar los mitos. Arquetipo quiere decir modelo original. Para Jung, el arquetipo es como el precipitado de millones de experiencias inmemoriables, o el término medio de todos los comportamientos. Se trata de una forma de vida, de posibilidad de preformación, forma de representación dada a priori. Al ser vida y no instinto, su existencia no puede ser probada en tanto su manifestación no sea concreta. Pero por otra parte, Jung considera al arquetipo de "naturaleza" instintual, declarándolo psicoide; así que el arquetipo no sería sólo psicológico sino que podría revelar otras formas de existencia "espirituales", infiriendo hasta en las estructuras de la materia inorgánica.
Las imágenes arquetípicas como aparecen en sueños, visiones, alucinaciones, mitos, religiones, no son las únicas que forman este material, pues, las mismas concepciones científicas y filosóficas, los conceptos de espacio, tiempo, materia, los mismos números y axiomas matemáticos forman parte de ello. Los acontecimientos "sincronísticos", en opinión de Jung, testimonian de ello de forma a veces turbadora. Allí donde la aparición de una imagen provoca el escalofrío, el temor y el temblor se presenta un símbolo, un reflejo arquetípico.
Para Jung el inconsciente está constituido por los contenidos reprimidos del individuo, por la suma de todos los rechazamientos de la especie y, también, por la suma de sus deseos no realizados, de sus virtualidades tampoco realizadas y de sus esquemas formativos, por ello expandió la libido con su "Energética psíquica".
El símbolo es para Jung el motor psíquico de una transformación de la energía en proceso civilizador. En su opinión, toda inmersión en lo colectivo, en el inconsciente, descarga al individuo de sus conflictos, poniéndole en comunicación benéfica con los demás, por eso el hecho de pertenecer a cualquier religión es una especie de "higiene mental".
Entre los signos religiosos estudiados por Jung, al círculo le ha dado una importancia singular. En Occidente, los rosetones de las catedrales, en Oriente, las mandalas son ejemplos expresivos de ello.
Jung considera el mito de Cristo como un arquetipo que contiene una muerte y una resurrección que, por otra parte, se repite a lo largo y ancho del mundo.
Jung consagra al arquetipo pez también un valor singular, pues, al ser un animal marino, no sale nunca del mar, es decir, del inconsciente. Los que siguen a Cristo son almas de naturaleza inconsciente, según Jung, que tienen necesidad de la "cura de almas".
El cristianismo, desde esta óptica, es la expresión y fórmula de un estado psíquico que predominó al principio de nuestra era. En otras épocas existen otros estados psíquicos; precisamente en nuestro tiempo se sale de la era zodiacal de Piscis para entrar en la de Acuario.
La coincidencia entre la aparición de Cristo y el comienzo de la era de Piscis, que siguió a la de la aparición de Hammurabi como soberano de la era de Aries, sugirió a Jung estudiar el conjunto de las "coincidencias sensatas". El resultado supuso la elaboración de su teoría de la sincronicidad, elaborada con la estimable colaboración del físico Pauli.
viernes, diciembre 01, 2006
jueves, noviembre 30, 2006
EL CIERRE DEL CÍRCULO

Imagen de fondo de la portada de la obra del autor "El cierre del círculo". (http://books.lulu.com/content/546690)
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filosofía
LIBROS DEL AUTOR
He cometido la inmodestia de incluir en este Blog todos los E-booK que se han publicado de mi autoría en la editorial Lulu. Entre ellos veréis un tratado de Cosmología, "Nuestro universo", y una variedad de ensayos que van desde la auto superación,"Superego", hasta la teología, "Nada y Dios", o el ser y la vida: "El ser y la vida" y "El cierre del círculo". Espero que os gusten.
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Literatura
jueves, noviembre 23, 2006
Cap.1. COSMOGONÍA (1ª parte) -De la obra "El parto de Dios"
1. COSMOGONÍA (1ª parte)
El "algo" primigenio, el vacío, la ausencia, la nada. En palabras grabadas en la pirámide: "Cuando el Cielo no había nacido, cuando la Tierra no había nacido, cuando los hombres no habían nacido..." Cuanto mayor y más abrumadora es esa "nada", más potente y extremo es el acto de creación.
El origen de la creación aparece en un punto de contacto entre lo finito y lo infinito: el mismo caos.
En el caos todo existe pero sin diferenciar, pura energía distribuida de manera uniforme. El mundo, sin embargo, es antientrópico, una oposición continua al caos. En palabras del rabino Bunam: "El universo siempre está inconcluso, tal y como empezó... necesita que las fuerzas creativas lo renueven sin cesar: si acaso éstas dejaran de actuar un solo segundo, el mundo volvería a su caos original".
La creación equivale a la anulación de ese caos. Los gnósticos consideran la creación como la ruptura de la unidad primigenia (el pleroma), fractura consecuencia del deseo perturbador. Y es que, gracias a un acto de voluntad que demuestra autoridad, la totalidad primigenia produce el espacio, el tiempo y la materia, cualidades características de la naturaleza de los seres creados.
El todo primigenio anterior a la escisión equivale a la concepción de un "tiempo anterior al tiempo", el cosmos referido constituido por una única y estable concentración energética.
La fuerza motriz de la creación es diferenciación, es la energía que proviene de la tensión entre los contrarios.
En el Nihongi japonés se dice: "En el principio, cielo y tierra no estaban separados, y el In y el Yo (el yin y el yang) no estaban divididos. Formaban una masa caótica semejante a un huevo, de límites imprecisos, repleta de gérmenes. La parte más pura y ligera se desgajó para dar al cielo, mientras que la parte más pesada y densa se depositaba formando la tierra".
En la creación definir algo es relacionarlo con su opuesto, con su negativo; el desorden se opone al orden, la mutación a la repetición, etc. La dualidad, pues, parece ser un concepto esencial.
Sin cambios, aunque sean extremadamente pequeños, no podríamos percibir la existencia de nada: la permanencia en la existencia es debida a las diferencias que se producen constantemente. La fuerza motriz es aquella diferenciación creativa proveniente del impulso original de la oposición entre algo y la nada.
El cristianismo místico de Jacob Boehme (1575-1624), se basa en la relación recíproca entre los contrarios: en su visión de Dios, las "tinieblas" poseen tanta importancia como la "luz". En el Ungrund primordial se contienen todas las posibilidades contradictorias: del interior de esta "eterna nada" surge una voluntad de existir, Dios tiene conciencia de sí mismo; su transmisión al Ungrund es el poder de automanifestación.
En la Aurora de Boehme se dice: "El Padre es el poder... y el Hijo es la luz y el esplendor del Padre, y el Espíritu Santo es la actividad o manifestación de los poderes del Padre y del Hijo, y todo lo que existe en este mundo son formas, estructuras e imágenes".
La conciliación de los contrarios es fundamental también en la cosmogonía hermética de Robert Fludd: forma y materia son los dos principios complementarios que intervienen en el proceso de la creación.
La creación no es únicamente cosmogónica sino también ontogénica: se refiere tanto al universo como a la aparición de todos los seres. El Génesis hebreo, el Enuma Elish babilónico, el Popol Vuh maya se ocupan de los aspectos cosmogónicos, pero también se interesan por el origen del ser, o sea del "como" al "por qué".
El "algo" primigenio, el vacío, la ausencia, la nada. En palabras grabadas en la pirámide: "Cuando el Cielo no había nacido, cuando la Tierra no había nacido, cuando los hombres no habían nacido..." Cuanto mayor y más abrumadora es esa "nada", más potente y extremo es el acto de creación.
El origen de la creación aparece en un punto de contacto entre lo finito y lo infinito: el mismo caos.
En el caos todo existe pero sin diferenciar, pura energía distribuida de manera uniforme. El mundo, sin embargo, es antientrópico, una oposición continua al caos. En palabras del rabino Bunam: "El universo siempre está inconcluso, tal y como empezó... necesita que las fuerzas creativas lo renueven sin cesar: si acaso éstas dejaran de actuar un solo segundo, el mundo volvería a su caos original".
La creación equivale a la anulación de ese caos. Los gnósticos consideran la creación como la ruptura de la unidad primigenia (el pleroma), fractura consecuencia del deseo perturbador. Y es que, gracias a un acto de voluntad que demuestra autoridad, la totalidad primigenia produce el espacio, el tiempo y la materia, cualidades características de la naturaleza de los seres creados.
El todo primigenio anterior a la escisión equivale a la concepción de un "tiempo anterior al tiempo", el cosmos referido constituido por una única y estable concentración energética.
La fuerza motriz de la creación es diferenciación, es la energía que proviene de la tensión entre los contrarios.
En el Nihongi japonés se dice: "En el principio, cielo y tierra no estaban separados, y el In y el Yo (el yin y el yang) no estaban divididos. Formaban una masa caótica semejante a un huevo, de límites imprecisos, repleta de gérmenes. La parte más pura y ligera se desgajó para dar al cielo, mientras que la parte más pesada y densa se depositaba formando la tierra".
En la creación definir algo es relacionarlo con su opuesto, con su negativo; el desorden se opone al orden, la mutación a la repetición, etc. La dualidad, pues, parece ser un concepto esencial.
Sin cambios, aunque sean extremadamente pequeños, no podríamos percibir la existencia de nada: la permanencia en la existencia es debida a las diferencias que se producen constantemente. La fuerza motriz es aquella diferenciación creativa proveniente del impulso original de la oposición entre algo y la nada.
El cristianismo místico de Jacob Boehme (1575-1624), se basa en la relación recíproca entre los contrarios: en su visión de Dios, las "tinieblas" poseen tanta importancia como la "luz". En el Ungrund primordial se contienen todas las posibilidades contradictorias: del interior de esta "eterna nada" surge una voluntad de existir, Dios tiene conciencia de sí mismo; su transmisión al Ungrund es el poder de automanifestación.
En la Aurora de Boehme se dice: "El Padre es el poder... y el Hijo es la luz y el esplendor del Padre, y el Espíritu Santo es la actividad o manifestación de los poderes del Padre y del Hijo, y todo lo que existe en este mundo son formas, estructuras e imágenes".
La conciliación de los contrarios es fundamental también en la cosmogonía hermética de Robert Fludd: forma y materia son los dos principios complementarios que intervienen en el proceso de la creación.
La creación no es únicamente cosmogónica sino también ontogénica: se refiere tanto al universo como a la aparición de todos los seres. El Génesis hebreo, el Enuma Elish babilónico, el Popol Vuh maya se ocupan de los aspectos cosmogónicos, pero también se interesan por el origen del ser, o sea del "como" al "por qué".
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metafísica
Palabras de mi jardín (VII)
La semilla ("El jardinero" -Tagore-):
Ese tesoro incontable no es tuyo, madre oscura, polvo resignado. Te afanas para dar de comer a tus hijos, pero no es suficiente con tu comida. Tu regalo de alegría nunca es perfecto. Das a tus hijos el juguete de la fragilidad... No puedes llenar nuestra insaciable esperanza... Pero no puedo abandonarte por eso.
No. Tu sonrisa, que el dolor oscurece, es muy grata a mis ojos. Tu amor es querido a mi alma. Nos has dado la vida, no la inmortalidad, y siempre andas con la mirada inquieta. Desde toda la eternidad has ido poniendo en tu cielo colores y canciones, pero eso es sólo una pobre esperanza, y sobre la belleza que has creado siempre flota la niebla de los llantos...
Ten, sin embargo, mis cantos para tu alma callada, mi amor para tu amor. Te agotaré con mi labor, pues he visto tu rostro amable, y te quiero, ¡triste polvo, madre tierra!
"Elegía a la materia"
El jardín (AAS):
¡Cuál será el misterio de la materia tan denostada!...
¿No reconocéis en vuestra sangre su pálpito? ¿No sentís ese amor por la madre a la que todo debéis?
Ella os dio todo su ser y como tal os hizo perecederos, temporales, indefinidos (ser o nada)... , pero metió en vosotros lo más importantes que tenéis: ¡la vida! Y hasta la belleza os hizo sentir... Madre, compañera de viaje, ¡acompañadnos, también, en nuestro destino!
Ese tesoro incontable no es tuyo, madre oscura, polvo resignado. Te afanas para dar de comer a tus hijos, pero no es suficiente con tu comida. Tu regalo de alegría nunca es perfecto. Das a tus hijos el juguete de la fragilidad... No puedes llenar nuestra insaciable esperanza... Pero no puedo abandonarte por eso.
No. Tu sonrisa, que el dolor oscurece, es muy grata a mis ojos. Tu amor es querido a mi alma. Nos has dado la vida, no la inmortalidad, y siempre andas con la mirada inquieta. Desde toda la eternidad has ido poniendo en tu cielo colores y canciones, pero eso es sólo una pobre esperanza, y sobre la belleza que has creado siempre flota la niebla de los llantos...
Ten, sin embargo, mis cantos para tu alma callada, mi amor para tu amor. Te agotaré con mi labor, pues he visto tu rostro amable, y te quiero, ¡triste polvo, madre tierra!
"Elegía a la materia"
El jardín (AAS):
¡Cuál será el misterio de la materia tan denostada!...
¿No reconocéis en vuestra sangre su pálpito? ¿No sentís ese amor por la madre a la que todo debéis?
Ella os dio todo su ser y como tal os hizo perecederos, temporales, indefinidos (ser o nada)... , pero metió en vosotros lo más importantes que tenéis: ¡la vida! Y hasta la belleza os hizo sentir... Madre, compañera de viaje, ¡acompañadnos, también, en nuestro destino!
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Poesía
miércoles, noviembre 22, 2006
sábado, noviembre 18, 2006
NUESTRO UNIVERSO

"Nuestra teoría, así como muchas de las que se proponen hoy día, arranca de la idea de que lo macroscópico (el universo actual) y lo microscópico (el inicio del big bang, por ejemplo) se hallan íntimamente entrelazados. No hay ninguna esperanza de comprender la materia solamente a partir de sus constituyentes parciales. Únicamente el sistema en conjunto da expresión concreta de toda la realidad. Lo grande y lo pequeño coexisten. Es más, la misma "mente" ocupa una posición central en la naturaleza, todo ello consecuencia de los postulados cuánticos, puesto que cada observación conlleva una transformación de la situación anterior, es decir, la realidad de cada partícula subatómica no puede aislarse del entorno. De otro modo, el factor cuántico obliga a considerar las partículas sólo en relación con el todo, y el mundo es un entretejido de relaciones, en las cuales el observador forma parte de ellas.
El todo sostiene a las partes, que a su vez constituyen dicho todo (una visión Zen del cosmos). Se necesita al universo antes de poder dotar de realidad concreta a los átomos que constituyen el universo. ¿Son primero los átomos o el universo?... Ninguno de los dos: Lo grande y lo pequeño, lo total y lo local, lo cósmico y lo atómico, todos se apoyan mutuamente pues son aspectos inseparables de la realidad. Existe una unidad en el universo: una unidad que proclama que sin todo no puede conseguirse nada.
Ni la materia, ni el espaciotiempo son rasgos incidentales de nuestro mundo; ambos proceden de las leyes físicas quienes, en el fondo, son las verdaderas responsables de la sorprendente ordenación del mundo."
(Fin del Capítulo IX de mi obra "Nuestro Universo", publicada en Biblopía: http://www.biblopia.com -Ir al vínculo inicial-)
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física
Palabras de mi jardín (VI)
La semilla ("El jardinero" -Tagore-):
Era el mes de mayo. La luna amarillenta parecía eternizarse, y la tierra, reseca, se agrietaba de sed. Una voz me llamaba desde el río: "Ven, amor mío". Dejé mi libro y me asomé al balcón. En la orilla, un búfalo hembra, todo lleno de barro, miraba con pacíficos ojos a un chico que le llamaba desde el río con el agua a la rodilla.
Me eché a reír... Una brisa muy suave se metió por mi alma.
El jardín (AAS):
¿Quién te enseñó, pequeña criatura, el lenguaje del animal a quien quieres?...
¡Enséñame a mí a descifrarlo!
¿Quién te enseñó, pequeña criatura, el lenguaje del crío a quien quieres?...
¡Cómo podría yo descifrarlo!
¿No será, tal vez, del todo innecesario?... ¿No está escrito, de siempre, en la inescrutable profundidad de nuestros corazones?
Era el mes de mayo. La luna amarillenta parecía eternizarse, y la tierra, reseca, se agrietaba de sed. Una voz me llamaba desde el río: "Ven, amor mío". Dejé mi libro y me asomé al balcón. En la orilla, un búfalo hembra, todo lleno de barro, miraba con pacíficos ojos a un chico que le llamaba desde el río con el agua a la rodilla.
Me eché a reír... Una brisa muy suave se metió por mi alma.
El jardín (AAS):
¿Quién te enseñó, pequeña criatura, el lenguaje del animal a quien quieres?...
¡Enséñame a mí a descifrarlo!
¿Quién te enseñó, pequeña criatura, el lenguaje del crío a quien quieres?...
¡Cómo podría yo descifrarlo!
¿No será, tal vez, del todo innecesario?... ¿No está escrito, de siempre, en la inescrutable profundidad de nuestros corazones?
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Poesía
viernes, noviembre 17, 2006
Tiempo de setas
lunes, noviembre 13, 2006
domingo, noviembre 12, 2006
Introducción a la obra "El parto de Dios"
La presente obra actualiza a comienzos del siglo XXI la aventura del Espíritu, sin complejos ni tapujos.
La reciente historia del siglo XX con su continua lucha entre corrientes materialistas de diversa índole y las espiritualistas, una vez renacidas, son eso, historia. Por ello, no pretendo justificar, ni disfrazar la presencia evidente del Espíritu en toda nuestra vida, desde el nacimiento hasta la muerte. Su presencia es tan cotidiana, estamos tan inmersos en ella que muchas veces no somos capaces de reconocerla; es como si no quisiéramos encontrarnos de frente con Él, para que nuestros ojos no se crucen con los suyos. ¿Es una muestra de timidez o culpabilidad?
Nuestra propia vida no tendría el más mínimo significado, la más mínima explicación si, siendo totalmente honrados e íntegros, no reconociéramos su evidente presencia. En cualquier caso, la hipótesis de su presencia en la criatura viva es tan plausible como cualquier otra, como poco al mismo nivel que las tildadas pretenciosamente de científicas (no hace falta recordar las críticas, a veces, acérrimas, que han vertido sobre la Ciencia personalidades de su mismo ámbito).
Creo que no es momento de justificaciones, no es momento de sortear convenciones sociales inquisitorias; como acabo de decir, eso ya es historia. El nuevo siglo XXI va a ser moderno por lo menos en esto.
En la presente obra aparece el Espíritu en toda su plenitud. Las ideas de Platón, Schopenhauer, Bergson y el mismo Teilhard de Chardin son precursoras de cuanto se dice a continuación.
En mi obra anterior, "Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica", expuse las primeras versiones de la nueva teoría; su refinamiento posterior, singularmente en el plano metafísico, es el móvil de la aparición del presente ensayo.
La teoría presenta la novedad de considerar el acto de creación no limitado en el tiempo, pues es extensivo a todo el espacio temporal. Y esta creación presenta propiedades singulares, quizás difíciles de digerir en el sentido de que la necesaria libertad requiere el retorcimiento del tiempo, en el que el ciclo presente-pasado-futuro se cierra sobre sí mismo. Toda la creación, desde el origen hasta el final, es una totalidad indefectiblemente conectada o unida entre sí, en la que aún lo más insignificante, es absolutamente indispensable para su funcionamiento y su propia existencia; su falta equivaldría al desvanecimiento de todo el conjunto, la pérdida de su sustancia. Esta íntima unión explica el cierre del tiempo: la influencia no sólo de las criaturas del pasado sobre las del futuro, sino, ¡lo que es sorprendente!, la profunda influencia de las criaturas futuras sobre las del pasado. El cómo se produce ello (por supuesto, manteniendo la validez de la ley causa-efecto) tiene cabida respuesta en la teoría.
De todo ello se sigue la importancia de nuestra presencia en el universo (y de todas las demás criaturas vivientes) en orden a la aparición del Ser Supremo. ¡Somos tan importantes para Él como lo es Él para nosotros!
En esta visión el universo, campo de expresión del tiempo, representa el proceso total de creación, de todo, hasta el mismo Dios. El universo con su evolución representa el "parto de Dios".
La forma como se ha articulado el presente libro es eminentemente impulsiva, espontánea, y el mantenimiento de esta espontaneidad ha sido la guía que ha presidido su desarrolo.
En el primer capítulo se hace referencia a las cosmogonías tradicionales más reconocidas, muy resumidas en aras de la sencillez.
A continuación se entra de lleno en las tesis revolucionarias acerca del significado, origen y móvil de la vida, deteniéndonos y tomando partido en la reciente polémica del "gen egoísta".
Una vez establecidos los primeros trazos del meollo de la teoría, se vuelve a hacer un poco de historia de las ideas religiosas que han supuesto tradicionalmente el advenimiento del Espíritu.
El tema religioso nos lleva irremisiblemente al hecho de la muerte, lo que conduce a hacer, de igual modo con brevedad, un poco de historia sobre la mitología acerca de la misma. Se finaliza con un mensaje optimista en relación a su superación.
Por fin, en el último capítulo se aborda la teoría del Bien y del Mal de las religiones tradicionales, sustituyéndola por el Bien y el principio opuesto al que se llama el "dolor de parto".
El Ser Supremo, aparece con un doble aspecto: el del Absoluto, infinito de todos los infinitos, inmutable y fuera del tiempo; y el mitológico, que encierra el mito de la muerte-resurrección, el de la creación-destrucción, y que es el resultado de la transposición del Ser Supremo a las dimensiones finitas del hombre, de la materia, del mismo universo.
El resultado final supone las tres fases vivenciales del Ser: el primigenio, anterior al tiempo; el vital, dentro del tiempo; y el místico, formando parte del cuerpo místico de Dios, una vez superado el tiempo.
Por último se hace hincapié en el parelelismo que parece presentar la teoría con el pensamiento del filósofo Teilhard de Chardin. La mística que emana de la obra de este autor es aplicable a la teoría aquí expuesta.
Espero que la lectura del presente ensayo no deje indiferente los espíritus, haciendo renacer en nosotros ese gusanillo que llevamos dentro y que representa "la búsqueda" de esa "esencia" misteriosa de las cosas que no es más que el Espíritu que alienta y palpita en las mismas.
(Copyright 2002)
La reciente historia del siglo XX con su continua lucha entre corrientes materialistas de diversa índole y las espiritualistas, una vez renacidas, son eso, historia. Por ello, no pretendo justificar, ni disfrazar la presencia evidente del Espíritu en toda nuestra vida, desde el nacimiento hasta la muerte. Su presencia es tan cotidiana, estamos tan inmersos en ella que muchas veces no somos capaces de reconocerla; es como si no quisiéramos encontrarnos de frente con Él, para que nuestros ojos no se crucen con los suyos. ¿Es una muestra de timidez o culpabilidad?
Nuestra propia vida no tendría el más mínimo significado, la más mínima explicación si, siendo totalmente honrados e íntegros, no reconociéramos su evidente presencia. En cualquier caso, la hipótesis de su presencia en la criatura viva es tan plausible como cualquier otra, como poco al mismo nivel que las tildadas pretenciosamente de científicas (no hace falta recordar las críticas, a veces, acérrimas, que han vertido sobre la Ciencia personalidades de su mismo ámbito).
Creo que no es momento de justificaciones, no es momento de sortear convenciones sociales inquisitorias; como acabo de decir, eso ya es historia. El nuevo siglo XXI va a ser moderno por lo menos en esto.
En la presente obra aparece el Espíritu en toda su plenitud. Las ideas de Platón, Schopenhauer, Bergson y el mismo Teilhard de Chardin son precursoras de cuanto se dice a continuación.
En mi obra anterior, "Ciencia, Filosofía, Religión. Una visión armónica", expuse las primeras versiones de la nueva teoría; su refinamiento posterior, singularmente en el plano metafísico, es el móvil de la aparición del presente ensayo.
La teoría presenta la novedad de considerar el acto de creación no limitado en el tiempo, pues es extensivo a todo el espacio temporal. Y esta creación presenta propiedades singulares, quizás difíciles de digerir en el sentido de que la necesaria libertad requiere el retorcimiento del tiempo, en el que el ciclo presente-pasado-futuro se cierra sobre sí mismo. Toda la creación, desde el origen hasta el final, es una totalidad indefectiblemente conectada o unida entre sí, en la que aún lo más insignificante, es absolutamente indispensable para su funcionamiento y su propia existencia; su falta equivaldría al desvanecimiento de todo el conjunto, la pérdida de su sustancia. Esta íntima unión explica el cierre del tiempo: la influencia no sólo de las criaturas del pasado sobre las del futuro, sino, ¡lo que es sorprendente!, la profunda influencia de las criaturas futuras sobre las del pasado. El cómo se produce ello (por supuesto, manteniendo la validez de la ley causa-efecto) tiene cabida respuesta en la teoría.
De todo ello se sigue la importancia de nuestra presencia en el universo (y de todas las demás criaturas vivientes) en orden a la aparición del Ser Supremo. ¡Somos tan importantes para Él como lo es Él para nosotros!
En esta visión el universo, campo de expresión del tiempo, representa el proceso total de creación, de todo, hasta el mismo Dios. El universo con su evolución representa el "parto de Dios".
La forma como se ha articulado el presente libro es eminentemente impulsiva, espontánea, y el mantenimiento de esta espontaneidad ha sido la guía que ha presidido su desarrolo.
En el primer capítulo se hace referencia a las cosmogonías tradicionales más reconocidas, muy resumidas en aras de la sencillez.
A continuación se entra de lleno en las tesis revolucionarias acerca del significado, origen y móvil de la vida, deteniéndonos y tomando partido en la reciente polémica del "gen egoísta".
Una vez establecidos los primeros trazos del meollo de la teoría, se vuelve a hacer un poco de historia de las ideas religiosas que han supuesto tradicionalmente el advenimiento del Espíritu.
El tema religioso nos lleva irremisiblemente al hecho de la muerte, lo que conduce a hacer, de igual modo con brevedad, un poco de historia sobre la mitología acerca de la misma. Se finaliza con un mensaje optimista en relación a su superación.
Por fin, en el último capítulo se aborda la teoría del Bien y del Mal de las religiones tradicionales, sustituyéndola por el Bien y el principio opuesto al que se llama el "dolor de parto".
El Ser Supremo, aparece con un doble aspecto: el del Absoluto, infinito de todos los infinitos, inmutable y fuera del tiempo; y el mitológico, que encierra el mito de la muerte-resurrección, el de la creación-destrucción, y que es el resultado de la transposición del Ser Supremo a las dimensiones finitas del hombre, de la materia, del mismo universo.
El resultado final supone las tres fases vivenciales del Ser: el primigenio, anterior al tiempo; el vital, dentro del tiempo; y el místico, formando parte del cuerpo místico de Dios, una vez superado el tiempo.
Por último se hace hincapié en el parelelismo que parece presentar la teoría con el pensamiento del filósofo Teilhard de Chardin. La mística que emana de la obra de este autor es aplicable a la teoría aquí expuesta.
Espero que la lectura del presente ensayo no deje indiferente los espíritus, haciendo renacer en nosotros ese gusanillo que llevamos dentro y que representa "la búsqueda" de esa "esencia" misteriosa de las cosas que no es más que el Espíritu que alienta y palpita en las mismas.
(Copyright 2002)
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viernes, noviembre 10, 2006
El parto de Dios
Índice de la obra del autor "El parto de Dios" publicada en la publicación Foro Esencia (http://www.publimatic.com/foroesencia) desde el 20002-12-30 al 2003-03-09 (sección "Filosofía"):
INTRODUCCIÓN
1. COSMOGONÍA
2. EL FENÓMENO VITAL
I. La atención: su importancia en la ontogénesis
II. El impulsor de la vida: el "quantum" subjetivo
III.La polémica del gen egoísta
3. LA AVENTURA DEL ESPÍRITU
4. LA MUERTE Y SU SUPERACIÓN
5. METAFÍSICA DEL SER
I. Las tres fases vivenciales del ser
II. El ciclo de muerte y resurrección
III.El opuesto al Bien: el dolor de parto
IV. Los dos aspectos del Ser Supremo
V. A modo de resumen
6. TEILHARD Y LA MÍSTICA
INTRODUCCIÓN
1. COSMOGONÍA
2. EL FENÓMENO VITAL
I. La atención: su importancia en la ontogénesis
II. El impulsor de la vida: el "quantum" subjetivo
III.La polémica del gen egoísta
3. LA AVENTURA DEL ESPÍRITU
4. LA MUERTE Y SU SUPERACIÓN
5. METAFÍSICA DEL SER
I. Las tres fases vivenciales del ser
II. El ciclo de muerte y resurrección
III.El opuesto al Bien: el dolor de parto
IV. Los dos aspectos del Ser Supremo
V. A modo de resumen
6. TEILHARD Y LA MÍSTICA
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Palabras de mi jardín (V)
La semilla ("El Jardinero" -Tagore-):
Una pareja de alfareros, hombre y mujer que un buen día llegó de occidente, trabaja la arcilla. La niña lava cacharros y sartenes en el agua del río. El niño, con la cabeza pelada, lleno de barro su cuerpecito moreno, la va siguiendo un rato y la espera con paciencia junto a la lona, como ella le ha encargado. Y la niña, que ayuda muy seriecita a su madre, regresa con un cántaro rebosante de agua en la cabeza, un caldero en una mano y a su hermano cogido de la otra.
Un día andaba el niño jugando totalmente desnudo. La niña fregaba una olla con arena muy concienzudamente. Un corderito miraba manso la corriente del río. De pronto, se acercó al niño, balando fuerte, y el crío, asustado, se puso a llorar. Soltó su hermana la olla y llegó corriendo. Y con el niño en un brazo y en el otro el corderito, repartía entre los dos sus caricias, uniendo con el lazo de su amor al hijo del animal y al hijo del hombre.
"Esa clase de relación entre animales y hombres"
El Jardín (AAS):
¡Hombre, mira ahí a tu semejante!... Ese animalillo tranquilo, plácido, tumbado ante ti; esos ojos buscando tu mirada y marcando su admiración... En su sosiego, ¡cómo entiende tu ánimo!... ¡Olvida tu ascendencia, mira sólo a tu alrededor, sumérjete en el conjunto!... ¿No percibes el cántico de tu "semejante"? ¿No sientes el latido de su pequeño corazón?... ¿No te es tan familiar como tus propias entrañas?... Él te da la preferencia, pero te pide que cuentes con él... ¡Sólo quiere pertenecer a ese momento, a ese "cuadro" que formas tú y él en ese instante universal!
Una pareja de alfareros, hombre y mujer que un buen día llegó de occidente, trabaja la arcilla. La niña lava cacharros y sartenes en el agua del río. El niño, con la cabeza pelada, lleno de barro su cuerpecito moreno, la va siguiendo un rato y la espera con paciencia junto a la lona, como ella le ha encargado. Y la niña, que ayuda muy seriecita a su madre, regresa con un cántaro rebosante de agua en la cabeza, un caldero en una mano y a su hermano cogido de la otra.
Un día andaba el niño jugando totalmente desnudo. La niña fregaba una olla con arena muy concienzudamente. Un corderito miraba manso la corriente del río. De pronto, se acercó al niño, balando fuerte, y el crío, asustado, se puso a llorar. Soltó su hermana la olla y llegó corriendo. Y con el niño en un brazo y en el otro el corderito, repartía entre los dos sus caricias, uniendo con el lazo de su amor al hijo del animal y al hijo del hombre.
"Esa clase de relación entre animales y hombres"
El Jardín (AAS):
¡Hombre, mira ahí a tu semejante!... Ese animalillo tranquilo, plácido, tumbado ante ti; esos ojos buscando tu mirada y marcando su admiración... En su sosiego, ¡cómo entiende tu ánimo!... ¡Olvida tu ascendencia, mira sólo a tu alrededor, sumérjete en el conjunto!... ¿No percibes el cántico de tu "semejante"? ¿No sientes el latido de su pequeño corazón?... ¿No te es tan familiar como tus propias entrañas?... Él te da la preferencia, pero te pide que cuentes con él... ¡Sólo quiere pertenecer a ese momento, a ese "cuadro" que formas tú y él en ese instante universal!
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sábado, noviembre 04, 2006
Palabras de mi jardín (IV)
La semilla (El jardinero -Tagore-):
"Me encuentro ansioso y tengo sed de cosas remotas; el alma se me esponja con el deseo de alcanzar por fin una serie de objetos lejanos que se pierden allá entre la bruma. Tu flauta me llama metiéndose en el fondo de mi alma, oh más allá sin nombre, y no me acuerdo de que no tendo alas y de que estoy eternamente preso en este calabozo.
Me muevo inquieto e insomme; soy como un extranjero en un país muy lejos del suyo. Me llega susurrante tu voz, en un idioma que mi alma reconoce suyo como una esperanza imposible de lograr. Tu flauta me llama penetrante, oh secreto lejano, y no me acuerdo de que no conozco el camino, de que no tengo al lado un caballo con alas.
Ando sin ganas, voy dando vueltas a mi propio corazón. En medio de la niebla que el sol empieza a penetrar, en las horas cansadas, ¡qué inmenso te veo contra el azul del cielo! Tu flauta me llama penetrante, oh último día, y me olvido de que la casa que habito tiene siempre sus puertas cerradas."
"La ilusión y la guía están más allá, en lo lejano y misterioso: ¡El Espíritu!"
El jardín:
¡Cuán lejano, cuán cercano aparece ese Espíritu que buscamos!
¡Qué difícil es buscar Aquello y qué fácil encontrarlo cuando no lo buscamos!
En cuanto lejano, es obra del entendimiento; lo cercano es pura clarividencia.
¡Qué inquietud se apodera de nuestra alma ante esa infructuosa búsqueda! ¡Qué alegría, qué sobresalto produce "el encuentro", esos pequeños retazos del Espíritu que se nos hacen evidentes!
¡Y es que tu "encanto" aparece en la niebla, nos inunda el alma, y el no encontrarle entristece y aja nuestro sufrido espíritu!
¡Cuánto desearía nuestra alma abandonar su viejo ropaje, y con "nuevas alas" remontarse hacia Ti en un viaje sin límite!
"Me encuentro ansioso y tengo sed de cosas remotas; el alma se me esponja con el deseo de alcanzar por fin una serie de objetos lejanos que se pierden allá entre la bruma. Tu flauta me llama metiéndose en el fondo de mi alma, oh más allá sin nombre, y no me acuerdo de que no tendo alas y de que estoy eternamente preso en este calabozo.
Me muevo inquieto e insomme; soy como un extranjero en un país muy lejos del suyo. Me llega susurrante tu voz, en un idioma que mi alma reconoce suyo como una esperanza imposible de lograr. Tu flauta me llama penetrante, oh secreto lejano, y no me acuerdo de que no conozco el camino, de que no tengo al lado un caballo con alas.
Ando sin ganas, voy dando vueltas a mi propio corazón. En medio de la niebla que el sol empieza a penetrar, en las horas cansadas, ¡qué inmenso te veo contra el azul del cielo! Tu flauta me llama penetrante, oh último día, y me olvido de que la casa que habito tiene siempre sus puertas cerradas."
"La ilusión y la guía están más allá, en lo lejano y misterioso: ¡El Espíritu!"
El jardín:
¡Cuán lejano, cuán cercano aparece ese Espíritu que buscamos!
¡Qué difícil es buscar Aquello y qué fácil encontrarlo cuando no lo buscamos!
En cuanto lejano, es obra del entendimiento; lo cercano es pura clarividencia.
¡Qué inquietud se apodera de nuestra alma ante esa infructuosa búsqueda! ¡Qué alegría, qué sobresalto produce "el encuentro", esos pequeños retazos del Espíritu que se nos hacen evidentes!
¡Y es que tu "encanto" aparece en la niebla, nos inunda el alma, y el no encontrarle entristece y aja nuestro sufrido espíritu!
¡Cuánto desearía nuestra alma abandonar su viejo ropaje, y con "nuevas alas" remontarse hacia Ti en un viaje sin límite!
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jueves, noviembre 02, 2006
Palabras de mi jardín (III)
La semilla (El jardinero -Tagore):
"Escúchame, tú, a quien no conozco pero que lees estos versos míos con cien años ya de existencia. No puedo regalarte ni una flor de entre todas las que prodiga la primavera, ni una luz tan sólo de estas nubes doradas. Pero abre tus puertas y mira; recoge de entre las flores de tu jardín el perfumado recuerdo de las flores que se marchitaron ¡hace ya cien años!
¡Ojalá consigas sentir en el gozo de tu corazón la alegría viva que te envío esta mañana de abril, a través de cien años, perfumando estos cantos dichosos!"
"Los sentimientos, memoria de la naturaleza"
El jardín:
Huellas de todo lo que "vive, vivió y vivirá", ¡qué claras y relucientes aparecéis ante mis ojos! ¡Qué ajenas al tiempo os encontráis! ¡Tan borrosas al alma incrédula sois, tan inservibles que ni mi espíritu inflamado en evidencia logra espabilar esa indiferencia!
Y vosotras almas insensibles, ¡abrid siquiera una rendija en vuestro cerrazón, sea por curiosidad! ¡Dad una posibilidad a vuestro espíritu para que empiece a entender el lenguje profundo del entorno, los mensajes de incomprendidas almas que os buscan!
"Escúchame, tú, a quien no conozco pero que lees estos versos míos con cien años ya de existencia. No puedo regalarte ni una flor de entre todas las que prodiga la primavera, ni una luz tan sólo de estas nubes doradas. Pero abre tus puertas y mira; recoge de entre las flores de tu jardín el perfumado recuerdo de las flores que se marchitaron ¡hace ya cien años!
¡Ojalá consigas sentir en el gozo de tu corazón la alegría viva que te envío esta mañana de abril, a través de cien años, perfumando estos cantos dichosos!"
"Los sentimientos, memoria de la naturaleza"
El jardín:
Huellas de todo lo que "vive, vivió y vivirá", ¡qué claras y relucientes aparecéis ante mis ojos! ¡Qué ajenas al tiempo os encontráis! ¡Tan borrosas al alma incrédula sois, tan inservibles que ni mi espíritu inflamado en evidencia logra espabilar esa indiferencia!
Y vosotras almas insensibles, ¡abrid siquiera una rendija en vuestro cerrazón, sea por curiosidad! ¡Dad una posibilidad a vuestro espíritu para que empiece a entender el lenguje profundo del entorno, los mensajes de incomprendidas almas que os buscan!
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martes, octubre 31, 2006
Palabras de mi jardín (II)
La semilla (El jardinero -Tagore):
"Muy delgado, enmarañado y empolvado su rojizo pelo, la boca hundida, dormida el alma, y un ardor en los ojos como la luz de la luciérgana que quiere emparejarse, el loco buscaba la piedra de toque.
El mar inabarcable rugía delante de él. Las olas hablaban sin cansarse de sus tesoros sumergidos, riéndose de su ignorancia por no comprenderlas. Tal vez apenas tenía que esperar, pero no se echaba a reposar porque su vida era sólo búsqueda.
Al igual que los mares tratan de abrazar sin descanso el cielo inaccesible; al igual que los astros trazan círculos eternos en pos de una desconocida meta, el loco, sudoroso su rojizo cabello, vagaba por la desierta playa buscando la piedra de toque.
Un día un niño del pueblo le dijo: "¿Quien te ha dado esa cadena de oro que luces en el cinto?" El loco se miró sobresaltado. ¡Su cadena de hierro era de oro! No soñaba, pero no recordaba el camino. Y, disgustado, se golpeaba la frente tratando de acordarse. ¿Dónde habría encontrado la piedra, sin haberlo sabido? Tenía lacostumbre de coger piedrecitas, tocar con ellas la cadena, y volverlas a tirar, sin reparar si el hierro se convertía en oro. Así, había encontrado la piedra de toque y la había vuelto a perder. Descendía el sol dorando el cielo todo. El loco comenzó a desandar lo que había andado, en pos del tesoro perdido, cansado, mirando el suelo, con el alma en la tierra, como un árbol que hubieran arrancado de raíz."
"La vida sólo como búsqueda"
El Jardín:
Gozosa búsqueda del tesoro del Espíritu escurridizo y misterioso. Ese afán nuestro en buscar el camino, ¿no distrae, quizás, su destino?... Ese anhelo en pos de la llama, gozoso en sí, no debiera distraer la vigilia, la apertura del alma a su influjo... ¡No es la meta, ni el sino del hombre el camino que trazan sus pasos!...
El Espíritu elige el momento... ¡Él se acerca en silencio a ese encuentro!
¡Aguza el sentido, alma inquieta, estate atenta y abierta a la irrupción del Espíritu en ti!... Mansas, humildes, moradas confortables, tales son las "cuentas" de Dios nuestro Señor.
"Muy delgado, enmarañado y empolvado su rojizo pelo, la boca hundida, dormida el alma, y un ardor en los ojos como la luz de la luciérgana que quiere emparejarse, el loco buscaba la piedra de toque.
El mar inabarcable rugía delante de él. Las olas hablaban sin cansarse de sus tesoros sumergidos, riéndose de su ignorancia por no comprenderlas. Tal vez apenas tenía que esperar, pero no se echaba a reposar porque su vida era sólo búsqueda.
Al igual que los mares tratan de abrazar sin descanso el cielo inaccesible; al igual que los astros trazan círculos eternos en pos de una desconocida meta, el loco, sudoroso su rojizo cabello, vagaba por la desierta playa buscando la piedra de toque.
Un día un niño del pueblo le dijo: "¿Quien te ha dado esa cadena de oro que luces en el cinto?" El loco se miró sobresaltado. ¡Su cadena de hierro era de oro! No soñaba, pero no recordaba el camino. Y, disgustado, se golpeaba la frente tratando de acordarse. ¿Dónde habría encontrado la piedra, sin haberlo sabido? Tenía lacostumbre de coger piedrecitas, tocar con ellas la cadena, y volverlas a tirar, sin reparar si el hierro se convertía en oro. Así, había encontrado la piedra de toque y la había vuelto a perder. Descendía el sol dorando el cielo todo. El loco comenzó a desandar lo que había andado, en pos del tesoro perdido, cansado, mirando el suelo, con el alma en la tierra, como un árbol que hubieran arrancado de raíz."
"La vida sólo como búsqueda"
El Jardín:
Gozosa búsqueda del tesoro del Espíritu escurridizo y misterioso. Ese afán nuestro en buscar el camino, ¿no distrae, quizás, su destino?... Ese anhelo en pos de la llama, gozoso en sí, no debiera distraer la vigilia, la apertura del alma a su influjo... ¡No es la meta, ni el sino del hombre el camino que trazan sus pasos!...
El Espíritu elige el momento... ¡Él se acerca en silencio a ese encuentro!
¡Aguza el sentido, alma inquieta, estate atenta y abierta a la irrupción del Espíritu en ti!... Mansas, humildes, moradas confortables, tales son las "cuentas" de Dios nuestro Señor.
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domingo, octubre 29, 2006
Palabras de mi jardín (I)
La semilla (Tagore-El jardinero):
Me interrogan muy tristes tus ojos tratando de penetrar en mis sentimietos como hace la luna en los mares.
He desnudado mi vida ante ti sin ocultar cosa alguna ni quedarme con nada. Esta es la razón de que no me conozcas. Si no fuera más que una alhaja, me podrías partir en pedacitos y hacerte un collar. Si no fuera más que una bella y diminuta florecita me podrías arrancar para adornar tu cabeza. Pero, amor mío, ¿dónde se encuentran los límites de mi corazón?
Aunque seas mi emperatriz no conoces bien mi país. Si sólo se tratara de un instante de gozo, estallaría en una sorrisa espontánea y tú la verías y la entenderías al punto. Si sólo se tratase de una pena, se traduciría en un llanto amargo y verías lo más profundo de su secreto, aunque no dijese nada. Pero se trata del amor. Su pena y su gozo son ilimitados; una catarata inmensa de ansias y tesoros. Tu propia vida no está tan próxima a mí como lo está él, y, sin embargo, nunca llegarás a entenderlo plenamente.
El jardín:
Argamasa del Todo infinito, del Espíritu que anida en las entrañas, sustancia indefinible de la esencia, misterio encerrado en la dulce palabra universal del amor, ¿dónde encontrarás límites al mismo?, ¿cuándo acaba el tiempo de su influencia?, ¿qué recinto es capaz de encerrarlo?, ¿qué murallas refrenan su asalto?... ¡El Universo todo es su campo, nuestras almas sumideros insaciables!... ¡Su influjo eleva nuestros espíritus en unificada comunión!
Lumen divino, ese amor cegador; claro como el agua límpida... ¡Tan familiar, tan evidente, tan fuera de nuestro entendimiento!
Me interrogan muy tristes tus ojos tratando de penetrar en mis sentimietos como hace la luna en los mares.
He desnudado mi vida ante ti sin ocultar cosa alguna ni quedarme con nada. Esta es la razón de que no me conozcas. Si no fuera más que una alhaja, me podrías partir en pedacitos y hacerte un collar. Si no fuera más que una bella y diminuta florecita me podrías arrancar para adornar tu cabeza. Pero, amor mío, ¿dónde se encuentran los límites de mi corazón?
Aunque seas mi emperatriz no conoces bien mi país. Si sólo se tratara de un instante de gozo, estallaría en una sorrisa espontánea y tú la verías y la entenderías al punto. Si sólo se tratase de una pena, se traduciría en un llanto amargo y verías lo más profundo de su secreto, aunque no dijese nada. Pero se trata del amor. Su pena y su gozo son ilimitados; una catarata inmensa de ansias y tesoros. Tu propia vida no está tan próxima a mí como lo está él, y, sin embargo, nunca llegarás a entenderlo plenamente.
El jardín:
Argamasa del Todo infinito, del Espíritu que anida en las entrañas, sustancia indefinible de la esencia, misterio encerrado en la dulce palabra universal del amor, ¿dónde encontrarás límites al mismo?, ¿cuándo acaba el tiempo de su influencia?, ¿qué recinto es capaz de encerrarlo?, ¿qué murallas refrenan su asalto?... ¡El Universo todo es su campo, nuestras almas sumideros insaciables!... ¡Su influjo eleva nuestros espíritus en unificada comunión!
Lumen divino, ese amor cegador; claro como el agua límpida... ¡Tan familiar, tan evidente, tan fuera de nuestro entendimiento!
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viernes, octubre 27, 2006
¿Enigma prehistórico?
¿Qué podría ser esta enorme roca situada muy cerca del embalse "menor" de Peguerinos (Ávila)? Si alguno de vosotros tiene conocimientos técnicos de prehistoria y quiere estudiar la roca le enseñaría donde está situada. ¿No aparenta un elefante?
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Historia
martes, octubre 24, 2006
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