En primer lugar hacerme eco de lo que escribí el 6 de julio de este año sobre el mismo tema en el artículo del Blog "Foro Esencia" en el artículo "El observador- El testigo".
Me reitero en todos sus puntos, pero añadiendo una nueva vuelta de tuerca al tema tan fundamental en la mecánica cuántica; quiero volver a hacer una nueva distinción básica entre lo que llamo "el observador instrumental (mecánico)", y el observador humano cuya característica principal es hacer entrar la "consciencia" en la medida.
Algunos creerán que este tema está ya suficientemente aclarado a raíz del propio cambio de postura del mismo Wigner. Yo no estoy de acuerdo.
Y mi objeción principal tiene que ver con el concepto que otros considerarían intrascendente para la cuestión, pero que yo pongo en un lugar principal, me refiero al "sí-mismo". Para mí el "sí-mismo" se decanta como un verdadero "observador de la interioridad" del sujeto, no precisamente como podríamos imaginar mirando su figura en un espejo. En este caso, sería más bien una "salida" de la imagen, y una "llegada" de la misma de nuevo a los ojos del sujeto en su reflejo: realmente algo "externo", algo que sale y regresa, todo ajeno -externo- al mismo. El "sí-mismo" supone una especie de "sensación" de aquella interioridad; sería algo así como una forma "distinta" de "observar" nuestra propia esencia, nuestra identidad, una especie de "consciencia" dentro de la inmediatez de la interioridad... Es esa casi inconsciencia de la propia interioridad... En esa casi inconsciencia de la propia identidad (interioridad), se produce una "decantación" de la "realidad" que somos: no existen otras posibilidades, sino la de ser lo que eres, físicamente una práctica decoherencia en un solo estado que es el que somos, nuestra interioridad, nuestra propia realidad. Esa consciencia que afirma nuestra realidad (interioridad), es la que también produce la decantación que supone el proceso de la medida. Yo llamo a este tipo de observador "el testigo", el notario que confirma la realidad, lo cual requiere, como acabo de expresar, la conciencia del experimentador.
Al contrario, cualquier otro tipo de aparato de medida mecánico al que llamo instrumental, no sería más que un eslabón en el proceso de la medida, un intermediario que requiere del observador humano (consciente) que certifique, tome nota de la medida física.
Recapitulando: El observador hace realidad (medida) una de las posibilidades (estados cuánticos), precisamente gracias al sí-mismo (conciencia) del propio observador (testigo).
La interioridad (ese sí-mismo) es una continua sensación de la realidad que subyace en nuestro ser.
Así que hago extensivo el concepto de observador no solo al que asume lo que ven sus ojos, sino al que posee esa sensación interna de su propia individualidad, en otras palabras, dotado de un principio vital reflejado en su voluntad.
Una forma de abordar el nuevo planteamiento en los diversos experimentos de la cuántica, sería sustituir la interpretación del observador como "existencia de interacciones físicas", por "el observador previsible o existente".
Así, Filosofía y Física se aúnan en el observador dotado del sí-mismo, trascendental cambio de punto de vista que amplia considerablemente la visión que el universo tenía sobre sí desde tiempos mucho más remotos.
Conclusión: "El observador físico debe ser consciente de lo que mide".

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