domingo, febrero 15, 2026

Fases evolutivas de la Conciencia Universal

 El fin, el advenimiento de la Conciencia Universal, precisa de una serie de pasos que la hagan posible.

Por supuesto, en primer lugar la aparición de la mente-consciencia de los seres vivos, fase del pasado y presente de nuestra evolución terrestre. 

Un segundo período sería el de conformación de la conciencia global a escala planetaria, muy lejos de nuestras pretensiones presentes que requiere el esfuerzo de todos y el horizonte de una misma mirada que nos transforme, desde "hijos" de la naturaleza, a "precursores" de la cierta evolución que nos dirija en un futuro a largo plazo hacia el summum del punto Omega.

El honor del inicio "precursor" del claro camino hacia la meta soñada será proseguido, desde la conciencia planetaria a la conciencia global de la galaxia, y después de la conciencia intergaláctica que ya sí podemos denominar la Conciencia Universal anunciada.



No deja de estar en boca de todos la llamada "paradoja de Fermi", la extrañeza de que otros seres inteligentes del universo no hubieran "contactado" ya con nosotros, dada la evidente posibilidad de ello, debido al enorme número de elementos cósmicos potencialmente capaces de albergar vida... Yo creo que ello es más bien una bendición... La lejanía entre las posibles civilizaciones inteligentes, da pie a la evolución independiente de cada una de tales civilizaciones sin interferencias que adulteraran su genuina esencia.... A nivel puramente material, estimada de acuerdo con las leyes de la Física que conocemos, la extrema dificultad de llegar a las supuestas civilizaciones inteligentes asegura que la "interrelación" entre dichas civilizaciones sea prácticamente nula... Pero con un matiz, el salto a otras posibilidades de interrelación que supere las leyes exclusivamente materiales, como pudiera ser el campo mental ampliado y desarrollado hacia lo complejo, sí lo haría posible... Mas ello significa un cambio cualitativo, que nada tiene que ver con nuestras históricas experiencias de asimilación de una civilización por otra más desarrollada, como ocurrió con el descubrimiento de América, o con la hegemónica civilización romana sobre el mundo circundante, etcétera.

El salto cualitativo, pues, se produciría desde la premisa de la consolidación de las conciencias galácticas e intergalácticas que en sí adoptarían una moralidad social muy lejos de la que vemos a nivel terrestre actual.

¿ Que no seamos capaces de abordar como especie Homo el paso a la conciencia planetaria, necesario para lograr después la conciencia galáctica, es otra cuestión?... El universo estaría lleno de civilizaciones cuya propia autodestrucción abortaría para ellas tan esperanzador destino. Amén.

martes, febrero 03, 2026

El esplendor de la naturaleza; la "realización" de Dios

 Contra todo pronóstico, y en los nuevos tiempos se abre paso una nueva moralidad, más alejada de los aspectos religiosos de lo que aparentemente podría parecer.

Vuelve a revalorizarse el estoicismo (Séneca, Marco Aurelio tienen buena parte de culpa), la potencia y la clarividencia del sempiterno Nietzsche, del sutil Schopenhauer, del vitalismo en todas sus formas; no es hora de nihilismos filosóficos, ni existencialismos angustiosos que no conducen a nada.



Reivindico la fuerza de la naturaleza, su esplendor, el renacer vital de la primavera, del nacimiento, de la explosión de vida del ave fénix: la maravilla de la vida, su camino vigoroso al andar, la creación que ello supone dirigida hacia un horizonte de luz, de maravilla: de transformación vital, del propio Acto de la Creación dirigida hacia el punto Omega en que consiste Dios, que no es ajeno a nuestra propia voluntad, que colabora con Él en su autocreación (las potencialidades se hacen reales a través de nuestras consciencias, contribuyendo así a la "realización" de Dios). Y Dios no está solo, pues es también multitud, la que conformamos todos los seres vivos conscientes que con su voluntad se autocrean, y crean el mismo Ser.

Aquí aparece la nueva moralidad, más allá del siglo XXI humano. Si pudiéramos definir el Bien, no sería más que los pasos dados en la consolidación de tal camino, nuestra inclusión en esa enorme calzada que conduce al Omega, incorporando nuestro propio ser al Ser Supremo del punto Omega.

¡Contribuyamos a la "realización" de Dios!

viernes, enero 09, 2026

Evolución, misterio y creación (y Parte 3)

El verdadero "meollo" del relato que sustenta todo el artículo: ¡La Creación!

Aquí la Creación se divide en dos partes; cada una atañe a la "manifestación de la naturaleza o del universo" correspondiente.

En la "primera manifestación", la que tiene que ver con la materia en sentido amplio, su "creación" es la que tiene que ver con la más conocida del origen o principio de los tiempos, que sin ir más lejos y sin tener en cuenta otras consideraciones de "trazo más fino", podríamos señalar globalmente como la "creación del Big Bang", por supuesto sin citar otras teorías no desechables en absoluto, y que con carácter general atañen al mundo físico o material que nos rodea, y que podríamos considerar, por encima de otras consideraciones, como una visión clásica.

Lo novedoso en el tema se refiere a la creación dentro del ámbito de la "segunda manifestación", que atañe al propio corazón de esta segunda manifestación, de ese "mundo de cualidades" tan identificable dentro de la vida. Y es que cada ser vivo, con su individualidad, es una verdadera  creación "novedosa" dentro del inerme mundo de la materia.

Una frase que acuñé hace años: "El ser es libre, solo y únicamente porque se crea a sí mismo"... Estamos ante una creación muy particular, pues no se debe a algo ajeno a sí mismo, a otro u otros, sino al propio ser, en particular a su Voluntad, a su Consciencia.

Este es otro tipo de creación, la que se produce en cada ser vivo, a lo largo de los tiempos, con base a la evolución de la vida, que "da a luz" nuevos seres únicos, con la capacidad de libertad suficiente para configurar un único "comportamiento", el suyo, que se traduce en una "ontología del ser", una naturaleza propia que como tal está dotada de cierta consciencia, cierta libertad que permite la "constitución" de su propia naturaleza (la existencia antes que la esencia, como apuntaba el filósofo Sartre); desde tal punto de vista, "la creación de sí mismo".



Pero esta creación no es indiferente del "entorno" que rodea a la criatura, y lo que es más trascendente, del "influjo", de la "iluminación" que desde el final de los tiempos, el Omega, emite el Dios Creador, el summum de la Evolución Universal.

El cuadro es impresionante, magnífico, pues llena o calma toda aspiración de los espíritus más excelsos: la evolución continua de las criaturas "in crescendo" desemboca en el Ser Supremo, de tal forma que la aparición de las consciencias de los diversos seres vivos, gracias a su voluntad y libertad de elección (aún cuando muchos de los comportamientos sean inconscientes), origina un desarrollo evolutivo exponencial que finalmente concluye en el Ser Supremo del punto Omega, y desde allí tal fantástico Ser "ilumina" y a su vez "promueve" ese desarrollo que conduce a Él... Y en ese "promueve" se sitúa el mayor misterio del que solo llegamos a comprender simples indicios (realmente estamos inmersos en una especie de "cueva de Platón"). Existe una retroacción temporal, y a su vez un avance en dirección al futuro que tan misteriosamente como puede vislumbrase parcialmente desde las extrañas propiedades cuánticas, llegan a configurar todo el entramado espaciotemporal en el que la Totalidad, como ese Dios que imaginaba Spinoza, se construye a sí mismo, con la contribución solidaria de todas las otras consciencias que somos todos nosotros y todos los seres vivos que han sido, son y serán.

El Universo, con sus variadas dimensiones, no es más que el artificio utilizado por la Totalidad Dios (Ser Supremo) para su propia creación, que a su vez es la de todos.

Espacio, tiempo, etcétera son meras dimensiones cuya importancia en sí tan solo consiste en ser el medio dentro del que se manifiesta la Creación y la presencia del Ser Supremo.

Dios sería, pues, parecido al que definió el filósofo Spinoza en su día, que en nuestra visión actual aparece aún más majestuoso y esplendoroso.

Nuestro papel: ¿Quieres contribuir y con ello transformarte en una pieza básica de la infinita expansión de lo divino?

¡El Universo desde la misteriosa Nada del Origen, hasta la gloria del Punto Omega, incluidos nosotros, somos simplemente (nada menos) la Presencia de Dios!


domingo, enero 04, 2026

Evolución, misterio y creación (Parte 2)

 El misterio es consustancial al tema que me he propuesto abordar. Y no solo estamos ante un solo tema sino ante varios, ya que toca de lleno a las incógnitas más profundas que acompañan a los humanos, en general a todos los seres vivos que han ido abriendo sus ojos paulatinamente, asombrándose del universo que les rodea y del que forman parte, actuando como instrumentos de la autoconsciencia que empieza a balbucear. 

Sí, todo aquí es misterio, aún cuando el claroscuro permite entrever retazos aquí y allá de su inconmensurabilidad... Y mira que la ciencia ha dedicado ímprobos esfuerzos al intento de desvelar al menos alguno de sus principales secretos, más la labor es inmensa, aunque no dejamos de renunciar a ello. Digo que nos encontramos ante  las mayores incógnitas de orden tanto filosófico como científico de todos los tiempos, y que siguen vigentes más allá de la más radical y puntera ciencia actual... La incógnita de nuestros orígenes, de la propia vida, del universo global, del significado si lo hay de nuestra presencia en el mismo, etcétera, etcétera... La primera incógnita a desvelar sería la procedencia del mismo universo, un apasionado debate entre los especialistas: un universo eterno con continuos nacimientos y destrucciones, o una creación desde la Nada, etcétera. Entonces, como primera o posible opción nos encontraríamos con una creación desde la Nada, e  inevitablemente ante el formidable reto de interpretar ese concepto de la Nada, que como nos muestran nuestras teorías físicas no es el llamado vacío, ese vacío cuántico del que tanto se habla, la espuma donde materia y radiación permanecen en un continuo cambio, aparición y desaparición, en un baile eterno... ¿Es la Nada la "sustancia" primordial descrita por la filosofía oriental? ¡Misterio trascendental!



Ninguna teoría física, por otra parte, tiene la capacidad de poder auparse sobre las demás... Es un tema controvertido que dejo, como no puede ser de otra forma, al campo de la ciencia, la única capaz de despejar el horizonte, o al menos intentarlo.

Y sobre la cuestión de la aparición de la vida, su evolución, y el consabido campo mental o psíquico que la acompaña en muchas de sus criaturas, lo mismo puedo decir, multitud de incógnitas, de verdaderos misterios hoy por hoy... por lo que es imposible decantarse  actualmente por una u otra hipótesis lo suficientemente solvente... Así que me considero plenamente autorizado para emitir mis propios planteamientos en igualdad de condiciones con los propuestos por otros pensadores, de forma que a mi entender tengo a mi favor que mis hipótesis forman un conjunto que logra armonizar unos con otros.

La emisión de mi hipótesis de la existencia de la "segunda manifestación de la naturaleza o el universo", aunque llamativa no sería más que ir un paso más allá de la hipótesis más popular de la "emergencia" como un desarrollo de la creciente complejidad en la estructura o cuerpo material de los seres vivos; ahora bien, su trascendencia metafísica es sustancial respecto a esta última: ¡el "mundo de cualidades" no serían "emergencias" de la propia materia (en mi visión, la "primera manifestación del universo"), sino que el "mundo de cualidades" es una propiedad que con origen en la potencia de la Criatura Suprema del punto Omega inunda las estructuras materiales-cuerpos de los seres vivos (primera manifestación)! El "mundo de cualidades" no es más que la "interfase" entre la primera y la segunda manifestación, una expresión evidente de lo que llamamos vida.

A efectos prácticos, mi hipótesis y la más reconocida de las "emergencias", parecen indiferentes una de la otra, pero metafísicamente hay un abismo.

¿Se recupera el concepto de Dios en mi hipótesis?... Seguramente sí, pues tampoco puede eliminarse de ninguna de las maneras tal posibilidad.

Como vemos misterios por doquier, y todos ellos trascendentales, que constituyen ahora y desde siempre las principales incógnitas que acompañan a nuestro devenir como seres pensantes, como testigos de la autoafirmación de la formidable Presencia que constituye el Universo y la Totalidad. 

¿Y qué sentido profundo tiene todo ello?

Ese es el contenido del siguiente desarrollo del presente artículo.